Probablemente los focos se quedaron con su determinante pase a la esquina para el triple de Luca Vildoza que ajustició a Valencia Basket en el estreno del campeón en la Liga Endesa. Pero antes de esa -algo suicida inicialmente- penetración de Pierriá Henry hacia el aro taronja, y de su posterior asistencia decisiva, hubo mucho más.

Parece evidente que el de West Virginia es un tipo peculiar. Solo hay que ver su foto oficial de esta temporada, en la que deja caer las rastas por delante del rostro. Como si quisiera ocultar algo tras sus complejos cabellos. Algo hay intrigante en él. Hasta en su nombre, o en la tilde que lo adorna. El suyo no ha sido un camino de rosas.

Destacó pronto en baloncesto y fútbol americano en su Charleston natal, pero no consiguió ser becado por una gran universidad. Se hizo leyenda en la Universidad de North Carolina-Charlotte, una de tantas en uno de los estados académicos por excelencia en el país de las barras y estrellas, pero no alcanzó el draft. Tampoco a través de las ligas de verano consiguió abrir la puerta de la NBA. De hecho, tan lejos estaba esa ranura que su primera experiencia como profesional fue en Georgia. Estará de acuerdo el lector en que estrenarse en Europa en el B.C. Vita Tbilisi no parece la mejor carta de presentación en el Viejo Continente. En apenas unos meses, y tras palpar las penurias económicas que a veces acarrea el baloncesto, acabó la temporada en el Ulm alemán. Luego llegaron Israel –Hapoel Eliat-, Turquía –Tofas Bursa- y Rusia – Unics Kazán- como si de una quema de etapas perfectas fuera en el camino a hacerse un nombre. Dejando dudas atrás, en Kazán se proclamó MVP de la temporada regular de la Eurocup. Palabras que comenzaban a ser mayores. Pero, de nuevo, algo había de misterioso en la nominación. Sus números no eran descollantes: 10’4 puntos, 5’3 asistencias y 4 rebotes. Pero el tipo era capaz de dominar partidos desde la defensa. Ya en su época universitaria presumía de que su actitud en la cancha trasera era acorde a una pelea de perros.

Contratazo de tres años mediante aterrizó en el Baskonia para vivir unos primeros meses tormentosos. El equipo de Perasovic estaba lejísimos de las expectativas que siempre portan los vitorianos, los problemas físicos asolaban la plantilla y la falta de refuerzos hizo que el vestuario amenazara con plantarse. Henry, muy irregular y hasta desconectado en muchos momentos, estaba más fuera que dentro del club de Zurbano, pero finalmente la primera pieza en caer fue el técnico croata. Con las maletas casi hechas, se dio una segunda oportunidad. Entonces llegó Dusko Ivanovic. Y con él, la metamorfosis: Baskonia y el propio Henry serán de los pocos que recuerden con cariño este inolvidable 2020.

Un triunfo en Euroliga ante el Barça demostró que en el Buesa aún quedaba un halo de vida. Fue un día de activación, en el que funcionó hasta la casi siempre cuestionada muñeca de Henry. El ‘combo’, casi siempre retado a lanzar por el rival –no llegó al 30% de acierto en Euroliga desde el 6’75-, se fue hasta los cinco triples –su tope con Baskonia- en una noche de redención. A los de Ivanovic aún les quedaría el mal trago de quedarse fuera de la Copa del Rey, pero el viento empezó a cambiar. El técnico montenegrino convenció al vestuario y el Pierriá Henry que se vio desde poco después fue otro, con una progresión que, de momento, parece mantenerse tras seguir en Vitoria este curso acordando una rebaja salarial que adaptó su contrato a las complejidades del momento.

El de West Virginia ha vuelto a recuperar ese espíritu de la pelea de perros. Se vio en la burbuja sanitaria de Valencia, donde el despliegue físico de los vitorianos les llevó a un agónico título de Liga Endesa. Y se mantiene en este inicio de temporada, donde su rendimiento ante Valencia Basket el domingo fue excelente. Mucho más allá de sus 6 puntos y 6 asistencias, Henry volvió a ser ser capaz de dominar partidos desde la defensa, con una exuberancia física y una entrega a la que pocos llegan. Hasta 5 robos de balón, a cuál más espectacular, a cuál más esforzado, tan o más decisivos que la última asistencia a Vildoza. Un derroche acorde al grado de implicación actual del americano.

Nada parece quedar de aquel jugador desconectado en los estertores de la etapa Perasovic. No es fácil trabajar al ritmo que impone Ivanovic –que le pregunten a Khadeen Carrington y a tantos otros antes-. Henry aceptó el reto y ahí están los resultados, con una de las mayores exhibiciones defensivas que se hayan visto recientemente. Quizá oculta tras los focos de una asistencia, como su cara lo hace tras sus mechones. Pero de enorme valor para que TD Systems Baskonia esté volviendo a soñar en grande.