Es complicado, como entrenador, el sentido común me dice que no hay que hinchar más el globo, que cuando los jugadores son jóvenes hay que dejarlos que se desarrollen con poco ruido mediático y muchas nueces de trabajo y entrenamiento. Pero a veces es difícil resistirse ante la irrupción de alguien que parece muy, pero que muy especial. Viví desde dentro el Campeonato Infantil de Selecciones Autonómicas donde hace tres años Luka Doncic dominó a todos los niños rivales como si él no lo fuera. Pero la realidad es que lo era. Igual que ahora es un adolescente fuera de la cancha y un adulto inteligente en ella. Las circunstancias y su calidad le han llevado a disputar más minutos de lo que parecía a priori. Y está explotando.

Me impresiona la capacidad de vivir el partido y la idea de ganar en cada acción. No lo veía desde Ricky Rubio, siendo consciente de la diferencia de cualidades. Luka “Skywalker” es capaz de leer una ventaja por el ansia de robarle el balón al imberbe y atacar el espacio libre para acabar con un matazo que atrae distintos planos de cámaras, es capaz de meter un triple difícil en ‘step back’ (paso atrás) ante la complicada defensa del Bilbao de Sito Alonso, es capaz de dar pases sin mirar ante el tráfico defensivo del Fenerbahce, es capaz de hacer todo eso con el instinto de querer vencer, no por brillar. Eso es una consecuencia.

Lanzar contraataques como base que también es (no creo que le importe la posición de juego, sino el juego en sí). Penetrar usando la finta de pase para crear más espacio y terminar en mate o en una bola “flotadora” que es intaponable. Muchos recursos.

Le falta dureza pasando bloqueos, no cebarse con saltar al tapón, acostumbrarse a que van a ser duros con él los veteranos de los rivales. Pero todo eso es oficio, es laborioso pero es más sencillo de adquirir que todo lo que ya tiene en sus manos, en sus tobillos y en su mente.

Ante estas primeras actuaciones que lucen, sus compañeros más expertos sonríen con una actitud protectora y satisfecha ante el cachorro que ya va mordiendo. Pero esas dentelladas se harán continuas y feroces. Recuerden esto para dentro de pocas semanas cuando ya no le sonrían por ser un hecho habitual y rutinario. E incluso si desplaza a algún compañero en las rotaciones o modifica los volúmenes de tiempo en cancha, veremos si a alguno empieza a no gustarle tanto. Es Ley de Vestuario, tan viejo como el deporte. Pero a los grandes fenómenos no hay vieja guardia que los detenga.

Precocidad, qué bonito nombre.