Hay jugadores a los que se les percibe un futuro como entrenador todavía durante su carrera. Son cabezas privilegiadas para el baloncesto, bases habitualmente, que tienen una facilidad innata para entender el juego. Ejemplos los hay muchos. Zeljko Obradovic, Pablo Laso, Pablo Prigioni… Todos ellos escucharon alguna vez eso de: “este tiene pinta de entrenador”.

Quizá no es algo tan habitual en los pívots, aunque en la actual Liga Endesa hay uno que apunta y mucho a ello. Aunque ni él mismo lo sabía no hace tanto.

El curso pasado, Matt Costello comenzaba su aventura europea después de haber pasado dos temporadas en la GLeague. En la segunda, su ‘two-way contract’ con los San Antonio Spurs le permitió incluso debutar. Apenas cuatro partidos a las órdenes de Gregg Popovich. No muchos más de los que disputó en el Avellino italiano en su estreno en el Viejo Continente. Solo siete pero con un buen rendimiento (10’8 puntos, 7’5 rebotes) antes de que una grave lesión de tobillo le apartara el resto del curso de las canchas. Al menos, dentro de lo que se refiere a los 28×15 metros en los que se desarrolla el juego.

Cuando abandonó Italia, Costello regresó a su zona de confort. East Lansing, la sede de la prestigiosa Universidad de Michigan State. Buscaba la mejor rehabilitación posible en la casa de los ‘Spartans’ bicampeones de la NCAA en 1979 y 2000. Donde se forjaran, por encima de todos Magic Johnson, y más tarde otros tipos con notable carrera NBA, desde Morris Peterson, Steve Smith o Jason Richardson hasta Zach Randolph. Allí había alcanzado Costello el mayor éxito de su carrera, como pieza clave del equipo que llegó a la ‘Final 4’ de 2015. No pasaría de la semifinal, cayendo claramente (81-61) ante la Duke de Justise Winslow, Jahlil Okafor, Marshall Plumlee o Quinn Cook. Pero el recuerdo seguía, imborrable. Como el de ser el mayor taponador en la historia de los ‘Spartans’.

Cuando supo que uno de sus discípulos predilectos volvía a casa, el legendario Tom Izzo, entrenador jefe de Michigan State desde 1995 (fue asistente durante los 12 años previos de Jud Heathcote) no dejó pasar la oportunidad. Era el mes de enero de 2019. El perfil de Costello, que completó a sus órdenes el ciclo universitario clásico de cuatro temporadas, le encajaba como anillo al dedo como mentor de sus jugadores interiores. Así que, mientras rehabilitaba su lesión, el hoy pívot del Herbalife Gran Canaria era un perfil idóneo para sumarse al cuerpo técnico de su antigua universidad. No solo en el aspecto puramente del juego, sino también por su experiencia en ‘March Madness’. Porque el ala-pívot no fue solo protagonista en 2015. También en 2016, su último año como ‘spartan’, cuando los de Izzo se dieron un batacazo a las primeras de cambio. Llegaban como número 2 al torneo final y cayeron en primera ronda ante la modestísima Middle Tennessee. ‘Big Cosky’ dijo adiós a Michigan State con un partidazo (22 puntos, 9 rebotes) pero con el amargor que supone ser el protagonista de lo que los americanos llaman un ‘upset’ cuando llega marzo. Por ello, sus consejos podían ser muy útiles para los nuevos chicos de Izzo.

Cuentan de Costello que es un tipo muy inteligente. Estudió Ciencias Sociales y es un enorme amante del baloncesto, pues este es su gran hobby además de su trabajo. Durante el proceso en Michigan State, y aunque con solo 26 años el plan de Costello no era otro que seguir jugando y simplemente devolver un poco de lo que su alma mater le había dado, no niega que los meses junto a Izzo despertaron en su interior a un futuro entrenador. Finalmente, su pie se recuperó sin problemas y llegó a tiempo a las ligas de verano, donde jugó con Detroit Pistons antes de firmar por el ‘Granca’.

No está siendo una temporada cómoda a las órdenes de Fotis Katsikaris. El Herbalife Gran Canaria es un equipo siempre con elevadas expectativas. Y no puede ser de otra forma cuando uno viene de jugar la Euroliga el curso previo. Pero los ‘pío pío’ no han terminado de encontrar una línea de regularidad. Incluso tres derrotas seguidas al final de la primera vuelta les dejaron fuera de la Copa del Rey. Luego se les levantó un parquet en pleno partido en Fuenlabrada. Ahora, la pandemia de Coronavirus paraliza la competición en la Liga Endesa en marzo y quién sabe hasta cuándo o con qué futuro. Desde luego, no es un panorama acomodado.

Pero en todo ese escenario, Matt Costello es una de las mejores noticias de los amarillos, pese a debutar en España. Pívot moderno, con amenaza exterior en aumento (34% en triples este curso), notable ‘basketball IQ’, buen pasador y duro cuando el partido lo exige, está en unos números muy similares a los que firmó en Italia: 10’7 puntos, 7’3 rebotes, 1 tapón, con su importancia en aumento en los esquemas de Katsikaris. Además, es uno de los termómetros de los canarios, que han ganado ocho de los diez partidos en los que ‘Big Cosky’ ha anotado más de 10 puntos en esta temporada.

Si no pasa nada raro, le queda mucha carrera por delante. En Europa pinta incluso a jugador de equipos importantes durante varias temporadas. Quién sabe si podrá abrir incluso de pleno la puerta de la NBA. O quizá esta le llegue con el traje de chaqueta en unos años. Tom Izzo ya vio en él ese potencial que ayudó a que Michigan State volviera el año pasado a una ‘Final 4’ de la NCAA que no pisaba precisamente desde 2015, con Costello aún vestido de corto. Y por si le faltaba algo, también ha aprendido de Gregg Popovich, como tantos otros que han hecho carrera en los banquillos. El futuro está por escribir, pero quizá una inoportuna y grave lesión terminó siendo la llave al futuro de Matt Costello.

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