No, pero casi.

La prensa especializada tiende a relativizar la importancia del entrenador, el exjugador que colabora con medios de comunicación suele seguir esa línea. Lo cual no está mal como contrapeso al grado de poder que el entrenador europeo de Euroliga detenta (en los grandes equipos, obviamente).

Un entrenador no puede meter el triple decisivo (Felipe lo hizo, Perperoglou falló tres con espacio de sobra).

Un entrenador no puede robar balones.

Pero en el peor momento de la temporada en Euroliga, perdiendo por más de 15 puntos y una dinámica de frustración en la defensa sobre Heurtel (por supuesto que el entrenador también es responsable de esto anterior), es donde un cambio de escenario defensivo puede ser rotundamente clave para modificar un partido tan complicado como se puso este.

Pablo Laso tomó dos decisiones, una zona 1-2-2 (o 3-2 cuando llegaban a medio campo) que se convertía en individual y una zona mixta (diamante más uno) para dejar a Heurtel fuera de la creación. Estas dos decisiones fueron capitales para romper la facilidad de anotación del equipo turco. Con muchos menos segundos por jugar, con los espacios cambiados, con la motivación de jugadores de una velocidad y elasticidad grande (Llull y Rudy).

La primera zona les hizo bajar de -17 a -7. Con la defensa mixta pasaron de -7 a ganar. Son hechos. Muy matizables, pero hechos irrefutables.

En equipos tan exigentes como el Real Madrid o el Barcelona, donde a mitad de los partidos la afición corta la cabeza de su propio entrenador para vanagloriar al eterno yugo que tiene enfrente, es justo destacar ejecuciones como las de este partido, donde jugadores y entrenador creyeron firmemente en los cambios defensivos, incluso cuando la zona 1-2-2 empezó sin funcionar. Pablo Laso no ganó el partido. Un entrenador nunca gana un partido solo.

Pero en esta ocasión, casi.

Los detalles tácticos los podéis ver en el vídeo.