Walter Tavares tendrá contrato con el Real Madrid por cinco temporadas más, hasta el verano de 2024, un acuerdo que podría llegar a sorprender por su larga duración pero que, en el fondo, encuentra sentido de forma sencilla.

Tavares es, con 27 años, un jugador estructuralmente vital en el Real Madrid y uno que, por sus características, marca diferencias en el baloncesto FIBA. Y es que a pesar de vivir en plena era del triple y una en la que cada vez más interiores hacen uso del tiro de tres, en Europa un perfil como el suyo resulta muy dominante.

¿Por qué Tavares es tan importante para el proyecto madridista?

Muy especial atrás

Tavares levanta 221 centímetros del suelo, tiene una envergadura de 2.36 metros y es bastante coordinado para su (inmenso tamaño). Tiene un tren inferior muy potente y con el tiempo ha desarrollado un timing defensivo, sobre todo a la hora de intimidar, fantástico. Lee bastante mejor el juego defensivo de lo que parece y sus cualidades físicas hacen el resto.

Pero hay otro detalle por el que Tavares es, defensivamente hablando, aún más determinante: cómo se cubren los espacios en el baloncesto FIBA.

El triple se usa aún más en FIBA que en la NBA, algo motivado por la asfixia que se produce en las zonas europeas, donde a menudo es incluso difícil simplemente meter balones al poste bajo.

La normativa de los tres segundos defensivos es distinta con respecto a la NBA, lo que facilita que saturar la zona de cuerpos sea más posible en Europa. En la NBA los jugadores han de estar pendientes de su par, pero en Europa la permisividad con respecto a la zona es distinta. Y esto tiene consecuencias: las ayudas interiores son más factibles y los protectores de aro (como Tavares) pueden permanecer cerca del aro con mayor facilidad.

El efecto es muy claro: si un perfil del tamaño de Tavares puede patrullar el aro con mayor facilidad su influencia defensiva se agigantará, porque molestará cualquier tipo de penetración rival hacia el aro y alterará cualquier lanzamiento en un radio cercano.

El gran riesgo defensivo para Tavares radica sobre todo en alejarlo del aro, verse expuesto ante jugadores perimetrales en la línea de tres, donde su influencia baja y puede ser rebasado y ‘apartado’ de la jugada. Pero en Europa es más difícil castigarle de ese modo, los espacios son menores, la cantidad (y calidad) de tiradores de tres tras bote es también menor y la normativa distinta. Todo lo que le permita estar más protegido en la cueva desemboca en que un perfil como el suyo sea difícilmente superable.

Tavares es fantástico atrás. Por unas condiciones muy especiales (físicamente privilegiado) y una lectura defensiva cada vez mejor. Aguanta mejor el uno contra uno, lee mejor las fintas y va aprendiendo cuándo ser más o menos agresivo ante los rivales. Pero jugar en Europa proyecta aún más esas condiciones hasta convertirle en un factor diferencial de primer nivel. En la NBA sería más factible exponerle a siete u ocho metros del aro, en Europa es más posible permitirle que protega su espacio ideal. Y si lo hace, el rival está perdido.

Que fuese elegido ‘Defensor del Año’ en la Euroliga esta pasada temporada, solo su segunda tras volver a Europa, no fue nada casual. Su impacto defensivo en cancha es monstruoso, en buena medida porque condiciona el modo de atacar del rival. Cargar la zona ante Tavares es, por inercia, un error. Y su presencia acaba facilitando mucho que su equipo pueda asumir más riesgos perimetrales y sea más efectivo generando opciones de pérdida rival y transición, porque en caso de error él está ahí para corregirlo. Es el mejor guardaespaldas del baloncesto europeo.

Más de lo que parece en ataque

Tavares no tiene tiro de tres y tampoco es un brillante pasador. Pero hace varias cosas tan bien que igualmente es un factor ofensivo.

En primer lugar, cerca del aro atrae cuerpos hacia él para cubrir el rebote defensivo, ya que normalmente un defensor no es suficiente para hacerle el ‘box out’ (proteger la captura) y se obliga a la estructura defensiva a cerrarse en exceso para limitar sus rebotes ofensivos. Tavares ha ganado en colocación y timing para el rebote de ataque, lo que unido a su físico le convierte en una máquina de castigar esas situaciones.

En segundo lugar, es un excelente bloqueador. Poner buenas pantallas es una de las habilidades más útiles y a la vez subestimadas en baloncesto, paradójicamente algo que choca en una era en la que el juego de pick&roll, especialmente para iniciar sistemas, es usado hasta el extremo. Tavares pone muy buenos bloqueos sobre el balón (mejores que indirectos, donde la cuesta algo más), generando clara ventaja para su compañero sobre el bote. Sella defensores con facilidad ya que si su timing y ángulo de bloqueo es el correcto (y cada vez más lo es) su inmenso cuerpo hace el resto. Es capaz de permitir mejores salidas a sus bases con frecuencia y eso se traduce en ventajas para su equipo, acabe sumando él en la estadística o no.

Y por último tiene muy buenas manos cerca del aro. Si recibe a menos de dos metros, es prácticamente imparable: Canasta, falta o ambas (también evoluciona en tiros libres, donde ha pasado del 61% la temporada pasada al 66% la actual, computando todas las competiciones). Ejerce como martillo y no sobrepasa los cometidos para su rol, lo que a estos niveles es también una virtud: sabe lo que hacer y cómo hacerlo. Y para él, es más que suficiente.

La versión original

Otro aspecto clave es algo que, siendo muy obvio, también importa: si tú le tienes en plantilla, el rival no. Y esto, insisto que por obvio que sea, es valioso cuando su perfil es único en Europa. Los rivales podrán usar jugadores grandes y pesados para contenerle, pero nunca lo serán tanto como él. Podrán usar réplicas para combatir su efecto, pero serán de menor impacto que la versión original.

Para el Real Madrid Tavares es también un jugador estratégico por el simple hecho de que no existe otro como él, asegurar por tanto su presencia cinco años es un movimiento ganador considerando su edad (27 años), que presupone que su plenitud está aún por llegar. El largo plazo en este caso es una virtud porque saca del mercado una pieza única.

Y es que si bien la evolución del baloncesto afecta de un modo global, ofreciendo cada vez más perfiles de cincos muy móviles y con fundamentos de jugadores tradicionalmente exteriores (bote, pase y tiro exterior), esa evolución no impide que los ‘gigantes’ de antaño puedan condicionar el juego actualmente. Sobre todo en circunstancias donde sus cualidades se ven reforzadas y sus carencias se pueden camuflar mejor.

Tavares podría jugar en la NBA sin problemas. Al igual que Boban Marjanovic es capaz de hacerlo. Pero deportivamente hablando su escenario ideal (también el del serbio) es jugar en Europa, un contexto que proyecta su perfil defensivo y le hace condicionar más cantidad de espacio de la que podría abarcar en Estados Unidos.

La evolución del juego es imparable pero no incompatible con el dominio de los gigantes en situaciones que les permitan lograrlo. No existe mejor ejemplo que el de Tavares en el Real Madrid, donde más allá de sus puntos, rebotes o tapones, totalmente secundarios con él, demuestra tener la mejor virtud posible: su presencia hace mucho mejor a su equipo y condiciona enormemente al rival.