Cuatro lesiones graves que le han impedido demostrar la calidad que atesora en los últimos años, cuatro operaciones pero ya está de nuevo y casi como nuevo. Álfonso Sánchez, de 27 años, ha sido la gran sorpresa en la pretemporada del Unicaja de Málaga y por sus manos pasan muchas de las opciones el próximo curso en el Clínicas Rincón, equipo que competirá una temporada más en la liga Adecco Oro con muchas de las promesas que se han formado y se forman en Los Guindos.

En 2007 con apenas 20 años y tras haber disputado trece segundos ante el Polaris World Murcia se rompió el ligamento anterior de la rodilla derecha. Una lesión que cambió su vida: «Esa jugada me cambió la vida. No quiero decir para mal, porque he aprendido mucho. Uno aprende más en el sufrimiento y se hace más grande cuanto más sufre en su vida. Lo lógico es pensar que si no me hubiese lesionado habría podido estar en la primera plantilla como quinto alero muchos años. Pero me tocó remar, luchar y pelear…», declara el propio Álfonso Sánchez en unas declaraciones a los compañeros de la ‘Opinión de Málaga‘.

La lesión de rodilla no fue la única que supuso un antes y un después en su vida, y es que también se le unió una dura y grave lesión de muñeca que le sigue molestando en la actualidad y a pesar de haber pasado siete años. McIntyre, que por aquel entonces jugaba en el Montepaschi de Siena, empujó a Sánchez y éste al caer puso la mano y se rompió el escafoides. Una lesión muy dura, y es que se la detectaron cuando ya estaba dado de baja por lo de la rodilla, así lo explica el jugador al periodista Rafael Molina: «hay tipos de roturas que no se ven hasta dos meses después. Yo me hice allí la radiografía y parecía un esguince con edema óseo. Llegamos aquí y seguí entrenando, jugué ante Memphis y cuando me lesioné la rodilla ya tenía lo de la muñeca, aunque no lo sabíamos. Lo que ocurre es que mientras me recuperé de la rodilla yo la muñeca apenas la utilicé, pero ya tenía la lesión desde septiembre. Cuando volví a entrenar con más o menos normalidad empezó a dolerme muchísimo la muñeca. Me hicieron otra radiografía y ahí ya se vio la fractura. La opción era operar o mantener el dolor el resto de mi vida. Hablé con José Nogales y Carlos Salas, los médicos del club, y me dijeron que era una operación muy sencilla, una cirugía segura. Me senté a hablar con Sergio Scariolo y quedaban dos meses de Liga, así que me dijo que me operara y que en verano trabajara como un animal para iniciar la pretemporada a tope«.

Todo parecía acabar con un final menos triste de lo que era, ya que al operarse tendría un sitio seguro en la plantilla del Unicaja para la próxima temporada pero la mala suerte aparecía de nuevo en la vida deportiva de uno de los mayores talentos que ha salido en la escuela de Los Guindos durante la última década. «El error que se cometió, al que me sumo yo también, fue que se trató mi primera cirugía como si fuese una operación reciente. Habían pasado 9 meses y el hueso se había deteriorado y no soldó. En la operación me pusieron hormona de crecimiento, un clavito y una especie de pegamento, pero tras tantos meses, el hueso ya parecía dos diferentes y no soldó. Eso sucedió en verano, con el equipo de vacaciones y no tuve una vigilancia constante. Y llegó un momento en el que no mejoraba, las radiografías no mostraban que el hueso soldase, así que me hicieron una resonancia y un TAC. Y ahí vieron necrosis y separación en el hueso. Eso fue ya en septiembre y yo debería de haber estado a pleno rendimiento en julio. Entonces me aconsejaron que fuera a un médico especialista de la mano«, afirma el jugador.

Mientras tantos hubo cambios en Unicaja. Scariolo, entrenador que confió en Sánchez se marchó del club malagueño y en su lugar llegaba Aíto García-Reneses.

Con la intención de recuperarse después de haber pasado el peor año de su vida en lo deportivo, el escolta nacido en Jáen se marchó hasta Madrid para visitar al Doctor García de Lucas. Las noticias no eran buenas desde la capital de España, ya que el Doctor le aconsejó  una segunda operación y le advirtió al instante de que se le iba a reducir la movilidad, pero que iba a poder seguir jugando una vez se recuperase.

Se recuperó en febrero, año y medio después de lesionarse, por lo que llevaba mucho tiempo sin competir al máximo nivel. Sin sitio en la plantilla del Unicaja de Málaga cambió la costa del Sol por la costa Blanca para jugar -en calidad de cedido- con el Lucentum de Alicante. De la Comunidad Valenciana se fue hasta Galicia, para regresar a la Liga Endesa de la mano del Xacobeo Blu;sens Monbus (Obradoiro), donde compitió durante la temporada 2009-10 y obtuvo unos promedios de 5’1 puntos, 2 rebotes, 1’2 asistencias y 3 de valoración en más de 20 minutos por partido.

El sol volvía a brillar en la vida de Álfonso Sánchez hasta que casi al final de la temporada 2010-11 cuando jugaba en San Sebastián se volvía a lesionar de gravedad de la rodilla, pero en esta ocasión era la izquierda. «No me lo creía. Hice un gran año, mejor que el de Santiago. Hubo muy buena química con Pablo Laso. Entrenaba bien, tenía pocos minutos, porque estaban Baron y Panko, pero aprovechaba mis minutos. Y en un entrenamiento voy botando y se me fue la otra rodilla. Sabía que me había roto. Era la misma sensación: ligamento cruzado y menisco externo«, explica el propio jugador.

«Muy jodido, es muy jodido. Pero es lo que me ha tocado vivir y he salido. No me siento desafortunado. Cada uno tiene su camino. A mí me ha tocado ponerme las pinturas de guerra y salir a luchar. Estoy seguro de que cualquier otro jugador con todas mis lesiones estaría sentado en el sofá de su casa. Son seis o siete meses de recuperación cada vez. Pero todo esto me ha hecho más fuerte, me ha forjado un carácter y una personalidad. El deporte tiene también una cara amarga. Pero me alimento de lo bueno del deporte y eso es lo que me da energía«, declara Alfonso Sánchez, que tras no competir durante bastante tiempo «bajó» a la Adecco Oro para en Ourense volver a sentirse jugador.

Con todo lo vivido el jugador confiesa a los compañeros de la ‘Opinión de Málaga’ que pensó en dejar el baloncesto hace medio año después de no encontrar equipo y haber estado durante todo el año trabajando con el Clínicas Rincón aunque sin ficha con el equipo malagueño. «La vida da una oportunidad a todos aquellos que trabajan como bestias. Ahora, a disfrutar viéndole jugar», manifestaba la semana pasada Francis Tomé, su actual entrenador en el equipo vinculado al Unicaja de Málaga.

Álfonso Sánchez está de vuelta y esta temporada, a sus 27 años, será fundamental con el Clínicas. Joan Plaza lo está disfrutando hasta entonces y el jugador nacido en Jáen, criado en Marbella y que vive en Málaga ya ha conseguido sorprender al que es considerado hoy por hoy uno de los mejores entrenadores del baloncesto español: «Es increíble que Alfonso Sánchez no esté en la ACB. Es un tío útil y lo discutible es si titular o de rotación».

Sánchez, por su parte, lo tiene claro: «me siento como un júnior más. Tengo el mismo hambre de un chaval. Sé que en el momento de la competición voy a aportar madurez y saber estar, pero en el día a día soy un júnior más que se quiere comer el mundo».

A la vez que juega al baloncesto, Álfonso estudia Fisioterapia y ha vivido éstos últimos años gracias al paro. «Este año pasado cobré el paro como un desempleado. Tengo uno dinerillo ahorrado y pago la hipoteca. Mi único ingreso fue el paro, porque me dediqué a entrenar y le estoy eternamente agradecido al Unicaja y al Clínicas Rincón, y a Francis Tomé y a Chiqui Gil, por permitirme entrenar con ellos el pasado año y ahora por estar con ellos. Su estilo de entrenamiento y su filosofía me han venido como anillo al dedo, porque necesitaba esa caña, esa agresividad, ese básket que me gusta y me ha hecho recuperarme. El año pasado lo pasé mal, me planteé mil cosas, económicamente las cosas estaban mal… pero disfrutaba con los niños, me lo pasaba bien», concluye un jugador que a buen seguro dará mucho de que hablar la próxima temporada.

-Entrevista completa en La Opinión de Málaga.

Foto: La Opinión de Málaga