Reivindicando el talento LEB: jugadores que brillan en Liga Endesa y por qué mirar ahí, por José Manuel Puertas

Tras la séptima jornada de la Liga Endesa, celebrada este fin de semana, aquellos que piensan –pensamos– que el producto formado en la Liga LEB debería tener más cabida a nivel ACB han –hemos– encontrado un motivo para reivindicar nuestra particular pedrada. Y no han sido pocos los motivos para ello.

Comencemos probablemente por la imagen más icónica de la jornada: el triple de Ferrán Bassas sobre la bocina para tumbar en Badalona al campeón TD Systems Baskonia, culminando una actuación excelente del catalán, con 19 puntos y 9 asistencias. En este Joventut en el que brillaron por encima del resto los fichajes de Tomic y Ribas, la vuelta a casa de Bassas ha sido otro movimiento de calado. Menos mediático, pero enormemente bien tirado. El base ya ha demostrado sobradamente en Tenerife y especialmente en Burgos estar capacitado para retos mayores, como el que le ha llegado ahora en clave verdinegra, con un club que mira alto tanto en España como sobre todo en la Eurocup (¿se imaginan a la Penya abriendo de nuevo la puerta de la Euroliga por esa vía? Cosas peores se habrán visto…). Sin embargo, un paso crucial en su carrera fue cuando, tras tres años en el Prat –vinculado al Joventut en LEB Plata– tuvo que salir del nido por primera vez. Con 21 años, a ningún director deportivo ACB se le pasó por la cabeza darle una oportunidad. Tuvo que marcharse a hacer la ‘mili’ en la LEB Oro en Oviedo y pasar tres cursos allí a gran nivel hasta que Aniano Cabrera lo reclutó para Iberostar. Ahora nadie duda de que la decisión del director deportivo aurinegro fue un acierto. Pero en aquel momento se miró con recelo.

Sigamos con más bases curtidos en el barro. Dani Pérez fue uno de los líderes en su generación de las categorías inferiores de la selección española, pero al llegar al rubicón que supone el salto al profesionalismo, parece que pesó más el físico o el tiro exterior que su portentosa cabeza para jugar al baloncesto. El hecho es que actualmente es el mejor asistente de la Liga Endesa -7’6 pases de canasta por partido- y el jugador que seguramente mejor entiende la excelente pizarra que Pedro Martínez impone en su Baxi Manresa, pero tampoco el suyo ha sido un camino de rosas. Tras cuatro años en Oro, encontró la rendija de la elite en Fuenlabrada en 2013, pero después de dos temporadas tuvo que volver a picar piedra en LEB Oro. Su rendimiento en Palencia y Oviedo hizo que un recién ascendido como el Gipuzkoa Basket de Porfirio Fisac le encomendara ser uno de los timoneles de un equipo que acabó jugando como los ángeles y sorprendiendo a propios y extraños en la 2017-18. Ahora sí, parece que al fin nadie duda del nivel de Pérez como base ACB. Ya era hora.

Camino similar al del base de Manresa tuvo que hacer Miquel Salvó demostrar que podía tener cabida en la Liga Endesa. Cornellá, Tarragona, Bélgica y hasta el equipo de su pueblo (el Samá de Vilanova i la Geltrú) fueron estaciones intermedias cuando salió de las categorías inferiores del Barça. Pese a que España no sobran aleros con su físico (205 centímetros) y polivalencia, tampoco hubo demasiada confianza en él. Fue de nuevo Oviedo y San Sebastián donde todo cambió. Tras su curso en el Principado, el GBC de Fisac apostó por él en su vuelta a la ACB. Poco más de tres años después, el catalán se convirtió en uno de los grandes protagonistas del histórico triunfo en Atenas del Hereda San Pablo Burgos en la Basketball Champions League, cuando irrumpió en la final tras apenas haber tenido tiempo de juego en cuartos y semifinales. Con 25 años, parece que al fin está en camino para no volver a abandonar el nivel Liga Endesa. Aunque doctores tiene la iglesia, claro.

Otro caso digno de estudio debería ser el de Pablo Almazán. Que al granadino le haya costado casi una década regresar a la Liga Endesa es francamente llamativo. Tras su irrupción en Málaga y Zaragoza, ha pasado siete años siendo indiscutiblemente uno de los mejores aleros nacionales de la LEB Oro, pero sin el merecido premio de una apuesta real desde la máxima categoría. Su ascenso frustrado con Melilla le evitó retornar antes, y no fue hasta que volvió a dar el salto con el Betis en 2019 cuando al fin imperó cierto sentido común. Pero no es posible evitar esa sensación de que el jugador nacional de LEB tiene el camino muy difícil hacia lograr la confianza en la ACB si no es porque sea protagonista del ascenso de un equipo y este le renueve. En el fondo, lo de Bassas, Pérez o Salvó es una anomalía, pero viendo el actual nivel de Almazán, capitán bético, titular y uno de los jugadores con más minutos en la cancha para Curro Segura, uno se pregunta qué habrá pasado durante buena parte de esos siete años en los que no jugó en ACB. Y no lo entiende.

Pero probablemente el mejor ejemplo de que apostar por el producto LEB no es ni de lejos una garantía de fracaso es el Retabet Bilbao del curso pasado. Muchos equipos se vuelven locos cuando ascienden, y parece que no les vale casi nada de lo que les llevó al éxito en la segunda categoría nacional. De ahí que la apuesta bilbaína del curso pasado haya podido abrir los ojos a más de uno. Claro que sin Balvin, Bouteille o Rouselle los vascos no habrían llegado al nivel que alcanzaron, pero su estructura mantuvo hasta a seis jugadores de los que permitieron su regreso a la Liga Endesa. Y en su caso buscaron un más difícil todavía que se demostró perfectamente exitoso: renovaron a la pareja americana, algo que pudo chirriar de inicio pero que, viendo el nivel actual de Jaylon Brown y un Ben Lammers que ya es jugador de Euroliga, solo puede calificarse como una decisión acertadísima. Y valiente, visto lo visto. Para este curso, y ante el éxodo de buena parte de su plantilla, los de Mumbrú han vuelto a pescar en la LEB Oro a Álex Reyes y Felipe Dos Anjos, otros dos de esos nombres que llamaban a la puerta.

Aunque si el lector lo desea podemos ir un paso más allá y hablar del Iberostar Tenerife. El líder invicto de la competición obviamente basa gran parte de su éxito en el nivel de nombres de relumbrón como Marcelinho, Doonekamp o Shermadini, pero cuenta con hasta cinco jugadores que saben lo que es pasar por la LEB Oro: Álex López, Sergio Rodríguez, Emir Sulejmanovic, Fran Guerra y el recién llegado Spencer Butterfield. Sí, Aniano Cabrera sigue demostrando que su mente es una de las más abiertas de la competición. Y no se suele equivocar mucho.

Otro de los equipos que está demostrando apertura de miras en cuanto a su uso del mercado LEB es Morabanc Andorra. Para empezar, fue el que más y mejor apostó por ese ciclón llamado Tyson Pérez cuya progresión se hace más y más evidente cada semana y que empieza a estar en casi cualquier quiniela incluso para la selección española de los Juegos Olímpicos de Tokio. Mientras evoluciona su tiro exterior y su atleticismo impacta más cada partido que juega, el trabajo insistente para evaluar su disponibilidad para el equipo nacional no cesa en los despachos. Pérez, fogueado en EBA, LEB Plata y LEB Oro, es una de las sensaciones del momento en el baloncesto español, pero nadie fue a por él más que los del Principado cuando apenas tenía solo un curso de experiencia en la categoría inferior, por más que su rendimiento en Canoe impactase. Ahora el Morabanc recibe un justo premio, similar al de creer también en Tunde Olumuyiwa, un tipo capaz de hacer tres o cuatro cosas en una cancha, pero que las ejecuta a la perfección. No le pidas más, pero sabes que eso lo va a ejecutar con nota muy alta. Y por ahí estaba, en Clavijo, Albacete, Betis o Palma, hasta que a Francesc Solana se le encendió una lucecita más que acertada el entender que su intimidación, su rebote ofensivo o su defensa del ‘pick & roll’ podían ser igualmente efectivas a nivel ACB. No se equivocaba.

Otro ejemplo paradigmático visto esta semana ha sido el paso que ha dado Javi Juárez en su estreno en el Urbas Fuenlabrada. Los madrileños se plantaban colistas en San Sebastián, en un partido muy importante pues una derrota ponía cierta tierra de por medio con un rival directo, pero su golpe de autoridad fue notorio, logrando su triunfo más abultado como visitantes desde que están en ACB (72-100). Una de las decisiones del nuevo entrenador fue rescatar a dos jugadores hasta ahora prácticamente desaparecidos de la rotación: Álex Urtasun y Chema González. Un regreso a dos clásicos en el equipo –ambos también con experiencia en LEB- en situación de crisis que resultó efectivo para Juárez.

Pero la lista no acaba ahí: Guillem Vives, Rodrigo San Miguel, Eulis Báez, Guillem Jou, Yankuba Sima, Rafa Martínez, Mike Torres, Tobias Borg, James Feldeine, Obi Enechionyia, Arturs Kurucs, Sander Raieste, Tadas Sedekerskis, Mikel Motos, Julen Olaizola, Johny Dee, Xabi Oroz, Pere Tomás, Volodymir Gerun, Francis Alonso, Beqa Burjanadze, Fabio Santana, Álvaro Muñoz, Albert Oliver, Pepe Pozas, Álex Suárez, Tomeu Rigo, Jordan Sakho, Álex Barrera, Goran Huskic, Rafa Luz, Augusto Lima, Rinalds Malmanis, Emanuel Cate, Víctor Arteaga, Edgar Vicedo, Alberto Abalde, Edy Tavares, Nacho Llovet, Oriol Paulí, David Jelinek, Jaime Pradilla, Nikola Mirotic, Pierre Oriola, Leandro Bolmaro, Álex Abrines, Sergi Martínez o Ludde Hakanson. Todos ellos jugaron en algún momento u otro en LEB Plata u Oro. Obviamente con mayor o menor peso en sus equipos y en muchos casos por una simple cuestión de filialidad desde canteras ACB. Sin embargo, en otros casos fue un asunto de picar piedra hasta que abriera una rendija de confianza. Porque la cerrazón a apostar por el producto LEB desde la ACB no siempre suele estar realmente justificada.