No debería haber a priori muchas cosas que vincularan a un tipo 191 centímetros de Sao Paulo y otro de 217 de Mtskhetta. Y sin embargo, pese a los casi 12.000 kilómetros y el carácter tan radicalmente diferente que separa sus lugares de origen, pocas parejas en la actual Liga Endesa funcionan tan bien como la que forman en el Iberostar Tenerife Marcelinho Huertas y Gio Shermadini. Un base brasileño de esos que controlan absolutamente todo lo que ocurre en la cancha y un pívot georgiano de la vieja escuela cuyo parecido con Mister Bean es lo único gracioso para sus rivales. Tan diferentes a priori que, paradójicamente si uno los ve jugar podría afirmar que fueron separados al nacer. Desde luego, entre ellos existe una química especial.

El club aurinegro llevó a cabo una de las mayores revoluciones que se recuerdan en la ACB el pasado verano, cuando cambió radicalmente su plantilla. Tan sólo Tomasz Gielo siguió junto a Txus Vidorreta, y el polaco se había perdido toda la campaña anterior por una gravísima lesión de rodilla. Era, pues, un equipo nuevo en la práctica, con el riesgo que ello suponía. Y más allá de alguna apuesta, al Canarias le tocaba apostar por algún valor seguro que garantizara rendimiento inmediato. Fue ahí donde lograron juntar a la misma pareja que Unicaja estuvo a punto de unir en 2017, si bien entonces el Baskonia levantó a los malagueños a última hora la firma de Huertas. Marcelinho y Shermadini sonaba a conexión inmediata, a ‘pick & roll’ de enorme producción. A dolor de cabeza constante para el rival. Y lo cierto es que la realidad seguramente ha superado a la ficción.

“Está claro que tenemos todo para encajar y estamos en un buen momento ambos, como el equipo y el club”, afirma el veterano base brasileño a Kia en Zona. “Es un gran tipo y un jugador de equipo excelente, con gran experiencia tanto en Europa como en Estados Unidos y desde luego que sabe cómo se juega a esto y cómo usar a sus compañeros de equipo, por lo que estoy muy feliz de poder jugar con él”, ratifica Shermadini. Ambos parecen haber llegado a La Laguna en el momento idóneo para retroalimentarse. A sus 36 años, Huertas asegura 13’1 puntos, 6’1 asistencias  y notables porcentajes, destacando un mareante 96’4% desde el tiro libre, fruto de una madurez y una confianza gigantesca en sí mismo. El georgiano, en su cuarta etapa en Liga Endesa tras Zaragoza, Andorra y Málaga, está firmando los mejores números de su más que sólida carrera ACB: 18’5 tantos, 6’5 rechaces y un abusivo 69’6% en tiros de 2, fruto de su maravilloso dominio del poste bajo. También su acierto en el 4’60 es más que notable, yéndose a un 86%, cifra muy a tener en cuenta en uno de los jugadores que más faltas recibe en la competición. Dos valores seguros que sostienen al Iberostar pese al abrupto inicio de temporada. Las inesperadas bajas de Pablo Aguilar y Kyle Singler bien pudieron terminar de desajustar a una plantilla tan novedosa. A colación de ello, los problemas en el puesto de ‘4’ no se pueden ocultar, y el acierto en el triple está siendo un problema a solventar, pero el binomio entre el brasileño y el georgiano resulta la mejor garantía a la que aferrarse para marchar, pese a todo, cuartos en la Liga Endesa e invictos en la FIBA Champions League.

Un rendimiento individual brillante entre dos jugadores que se complementan a la perfección. “Tenemos buena relación no sólo en la cancha sino también fuera y eso facilita luego lo que pasa dentro”, reconoce Huertas, que señala que “Gio es el socio casi perfecto para mí, y la verdad es que solemos hablar permanentemente de muchas situaciones o la forma de cómo encontrarle”. Shermadini, no exento de una notable visión de juego, sabe que el base “no se preocupa demasiado de meter puntos él, sino de ganar partidos”, y afirma que “desde luego su forma de jugar me ayuda mucho porque siempre está intentando buscarme en la pintura”. Tanto es así que afirma, feliz, que “cualquier jugador grande desearía tenerle en su equipo”.

Su último partido, ante el Coosur Betis, no hizo sino ratificar lo que ya se mascullaba en este inicio de curso. El de Sao Paulo se fue hasta los 12 puntos y 15 asistencias, su récord en los casi 500 partidos que ha disputado en la Liga Endesa y cifra tope en la extensa historia del Canarias en la elite. Ni el mismo Marcelinho tiene claro si alguna vez en su devenir superó tal registro, ha asegurado esta semana. Y en esta época de ‘small ball’ llevado al extremo, esa rara avis que es el georgiano se hizo imparable. 24 tantos, 11 rebotes y 11 faltas recibidas, inabordable para el rival al emerger como el MVP de la jornada por quinta vez en su periplo en la Liga Endesa gracias a sus 35 créditos de valoración. Ambos resultaron claves en la postrera remontada del Iberostar para tumbar a un Betis que rozó el triunfo pero claudicó ante la avalancha local en un último cuarto frenético (37-23), donde la sociedad Huertas-Shermadini funcionó como nunca, escoltada por el oportuno tino desde el perímetro de Sasu Salin.

“¡Ojalá hubiera coincidido antes con él!”, valora el georgiano entre risas, a sus 30 años y rendido ante la forma en la que Huertas nutre su juego. Algo que se entiende muy bien leyendo la forma en que la prodigiosa cabeza para el baloncesto del base brasileño describe a su socio ideal. “No juega muy por encima del aro pero sí sabe posicionarme muy bien. Es un tipo muy listo que sabe leer las situaciones de ‘pick and roll’ y encontrar el hueco en la defensa y eso me facilita mucho las cosas. Obviamente él tampoco depende de un jugador que le genere las canastas, sino que es muy efectivo al poste bajo y si le consigues dar el balón se autogenera sus propias canastas, saca faltas, pases, tiros abiertos… Realmente es un jugador que te da mucho en muchas facetas”, relata. Y sobre su forma de alimentar al ‘perro grande’ del Iberostar Tenerife, vuelve a impartir maestría: “intento encontrarle los mejores espacios y  tener paciencia para llegar a ello. Además él siempre intenta hacer a los demás mejores, porque es consciente de que cada partido que pasa las defensas sobre él son más agresivas y le dificultan más recibir en el poste bajo, así que yo busco darle opciones para hacerle llegar el balón y, en lo que pueda, hablando con él, que él pueda ver las cosas claras sobre todo en situaciones bajo presión”.

Así son ellos dos. Jugando a su ritmo. A uno nunca le sobró atleticismo pero sigue manteniendo un hambre y un conocimiento del juego del baloncesto muy superior a la media. Lo ideal para encontrar en el otro un filón de aspecto tosco y lento pero cuyo juego de pies lleva una década maravillando las canchas del viejo continente.

Así son Marcelinho Huertas y Gio Shermadini. La sociedad perfecta en el momento oportuno, pensarán en La Laguna.

ACB Photo/ E.Cobos