Un relato espectacular. Óscar Herrero cuenta en primera persona su concurso de triples

septiembre 28, 2018

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Sabíamos que Óscar Herrero, el participante campeón del reto #SeBuscaTriplista2018 y finalista del concurso de triples de la Supercopa Endesa, tiraba muy bien de tres. Lo que muchos no conocerán es su gran habilidad para la escritura. El propio Óscar, revelación y finalista del concurso de triples eliminando a Janning y Carroll, relata en un artículo publicado en su blog personal las vivencias de su experiencia en Santiago. En primera persona y con un texto muy ameno que reproducimos a continuación:

El texto de Óscar Herrero

Hola de nuevo.

Ha pasado mucho tiempo. Demasiado desde que no le doy vida a este blog que tanta vida me ha dado a mí. Los motivos han sido varios, pero muy aburridos como para ponerme a contarlos ahora. Y, además, tampoco vienen al caso. De cualquier modo, he decidido regresar a lo grande: contándoos la experiencia que he vivido recientemente en el concurso de triples de la Supercopa Endesa.

Para comenzar desde el principio y que no se quede nada en el tintero (espero que esta entrada no sea demasiada larga, aunque me temo que lo será), toda esta aventura empezó en septiembre de 2017, momento en el que, con la ayuda de un gran amigo, grabé, en el Magariños, el vídeo que Kia en zona pedía para poder participar en su concurso.

Fue un reto bastante complicado que me llevó unas dos horas completar. Al final, muy cansado y al borde de renunciar y mandar alguna toma que contenía algún fallo en los lanzamientos, logré encestar siete triples consecutivos, tirando cada uno de ellos más lejos que el anterior. Ahí comenzó todo. Ese vídeo, del que por cierto me siento muy orgulloso, era el inicio de algo que no podría disfrutar hasta muchos meses después.

Gracias a él fui seleccionado para participar en el primer concurso popular de Kia en zona. Tras la ronda inicial en la que competimos 100 concursantes, terminé primero. De poco sirvió. Fui eliminado en la segunda ronda tras perder en un desempate en el que nada pude hacer. Lo cierto es que me fui un poco decepcionado. Había tenido opciones de meterme en la final pero, por falta de concentración, y cierta relajación en la segunda fase, no había llegado a la final (en el desempate ya fue imposible contra un excelso Álvaro Ogueta).

Es muy probable que no hubiera ganado esta, ya que la actuación de Gerard Jofresa fue excepcional, pero no tener los cinco sentidos en lo que debía me penalizó, dejándome sin la posibilidad de participar en un concurso de triples que, lo recuerdo como si fuera ayer, justo después de ganar hace ya muchos años, cuando aún era junior, el de Hospilatet, le dije a mis padres que quería disputarlo. ¿Muy osado para un chavalín? Es posible, y seguramente me hubiera llevado un batacazo. Pero quería llevármelo. Quería estar delante de los mejores tiradores y competir con ellos.

Un año después, la oportunidad se repetía. Grabé de nuevo un vídeo, esta vez mucho menos ambicioso, metiendo triples. Me seleccionaron y, el día del concurso, me preocupé mucho en mantenerme concentrado en todo momento. Y eso que, cuando salí a calentar a unas canastas que se habilitan en el Go Fit del Vallehermoso, tuve la mala suerte de, tras realizar el primer tiro, ser picado por una avispa debajo del ojo izquierdo. Tuve un pequeño hinchazón (y ahora una anécdota que contar) y poco más. Cuando me tocó tirar pensé, tan solo, en cada lanzamiento. De nuevo logré la máxima puntuación de los 100 participantes, lo cual no quería decir nada más que pasaba a la siguiente ronda.

Este año, al contrario que el anterior, traté de seguir metido en el concurso, consiguiendo pasar a la final contra quien me había eliminado el año anterior. En esta, seguí con la dinámica que llevaba y pude proclamarme campeón. En ese momento, y pasarían varios días, no fui consciente de lo que iba a vivir. No me enteré del todo de que iba a lanzar triples (con el riesgo que eso conlleva) ante miles de personas, millones si consideramos las cámaras. Ni de que, con algo de fortuna, competiría cara a cara contra Jayce Carroll. Tampoco de que yo, ni más ni menos, era uno de los ocho participantes del concurso de triples que organiza la ACB.

Me hacían entrevistas y me preguntaban si estaba nervioso. Y no lo estaba. Y la razón era que aún no terminaba de creérmelo del todo. Aunque la ACB lo anunciase. Aunque me viese en Internet y en los periódicos. Ese no era yo. Así que los días seguían pasando, y lo único que había cambiado en mi vida era que algunos periodistas me preguntaban por algo que todavía no había asimilado.

A toro pasado, se puede decir que esa incredulidad me ha venido bien. De todos modos, eso de lo que todo el mundo me hablaba acabó llegando. Al fin, tomé el avión con Noa, mi novia, hacia la Supercopa Endesa. Aterrizamos en Santiago y, ya sin poder eludir más la realidad, un coche nos llevó al hotel donde se alojaban el Real Madrid, el Fútbol Club Barcelona Lassa y el Kirolbet Baskonia. ¿Me puse nervioso en ese momento? Todavía no. Los nervios llegaron, pero, por suerte, se fueron antes del concurso.

Esa tarde de viernes, Patricia Cabrera (una chica majísima con la que tuve la suerte de compartir esa experiencia) y yo, fuimos al Multiusos Fontes do Sar y estuvimos tirando cerca de una hora con la ayuda de los voluntarios (a los que agradezco enormemente su labor, su simpatía y su apoyo). Fue una buena toma de contacto con el escenario al que me enfrentaría, esta vez a rebosar, al día siguiente.

Después, disfrutamos de las semifinales de la Supercopa. Asientos a pie de pista, zona Vip… Y de nuevo esa duda de si era yo quien estaba viviendo todo aquello. De si era Óscar Herrero quien en menos de 24 horas tendría que tirar a canasta ante la atenta mirada de tantos y tantos ojos. Pero otra vez tuvo lugar un aplazamiento, quizá un tanto irresponsable por mi parte, de unos nervios que se morían por salir a la superficie.

Si alguien se pregunta cómo descansé la noche previa al concurso, he de decir que dormí como un bebé. Ayudó, o probablemente determinó, el hecho de que el día anterior hubiese terminado tarde el entrenamiento con el equipo en el que milito este año, el Jafep Fundación Globalcaja La Roda (gracias otra vez por permitir mi participación en el concurso), lo que propició que llegase a Madrid casi de madrugada. Además, el avión a Santiago despegó bastante pronto. Así que la noche del viernes al sábado dormí profundamente, sin tiempo para comerme la cabeza.

Me desperté descansado y bastante emocionado por el día que iba a vivir. Por la mañana teníamos la fase clasificatoria y, tras un delicioso desayuno, nos montamos en un autobús para realizarla. No fue hasta justo antes de empezar la primera ronda, al notar las cámaras, la atención puesta en mí, cuando un gusanillo se metió por mi cuerpo, yendo directamente a mi mano derecha e impidiendo que metiera ninguno de mis cinco primeros tiros. Luego la cosa mejoró y pude realizar una segunda ronda más digna, alcanzando la cuarta plaza. Sin embargo, ese carro en blanco me había hecho toparme de bruces con la realidad. Esos balones que no habían pasado por el aro eran un claro aviso de lo que podía ocurrir si no era capaz de controlar mi mente.

Y, con este precedente, ¡llegaron los tan esperados nervios! Comí sin hambre e intenté echarme una siesta en la que no pude conciliar el sueño. Tumbado, casi notaba que me temblaban las manos. Hablé conmigo mismo, quitándole hierro al asunto, pero ningún argumento racional empañaba el hecho de que, al menos durante un minuto, iba a ser el centro de atención de muchíiiiiiiisima gente.

Sabiendo que nos concentramos al tener que realizar tareas concretas, ordené la habitación que, quién sabe cómo, había, en nada menos que un día y medio, convertido en una leonera. Y, sorprendentemente, esa inquietud fue desapareciendo. Me duché y me vestí con la ropa con la que iba a tirar, sintiéndome, de nuevo, extrañamente tranquilo. Seguro me ayudó esa calma que Noa me aporta (pero no lo diré ya más, a ver si se lo va a creer…).

Ahora sí, llegó el momento. Nos montamos en el autobús que nos llevaría directamente a la palestra. Entramos en el pabellón y, tras cambiarnos, salimos a la cancha. En un primer instante, procuré no mirar hacia la grada. Fui directo a por un balón y empecé a tirar. Y al ir metiendo, al ver que anotaba los triples, esos resquicios de nervios se fueron suavizando poco a poco. Quedaba ese pequeño nudo en el estómago, pero era bueno para mantenerme en tensión.

Cuando el resto de participantes estaban ya sentados después de calentar, y yo entre ellos, salí a tirar. En realidad no quería, estaba un poco cansado. Lo hice para ver cómo respondía al saber que todo el pabellón estaba pendiente de mí, ya que iba a ser el único concursante que iba a estar sobre la pista. Anoté la mayoría de los tiros, y eso me dio la pizca de confianza que me faltaba para afrontar con garantías el concurso.

A partir de ese momento, todo fue sobre ruedas. No cambiaría nada de la experiencia, ni siquiera el no haber ganado. Cuando, en una de las entrevistas que me hicieron previamente, me preguntaron que cuál era el objetivo, respondí que era estar lo más tranquilo posible. Que si algún tirador hacía una gran serie y me ganaba, vale, pero que no quería perder el concurso yo. Y ese es mi mayor orgullo, el haber sido capaz de focalizarme en cada lanzamiento, llegando a mi máximo y habiendo obligado a los jugadores de ACB a ganarme, no habiéndoles regalado yo la eliminatoria.

Nos reunimos en el túnel de vestuarios, nos presentaron, la gente aplaudió y el cronómetro empezó a correr. No me gustaba el tener que tirar en el último cruce, ya que tenía miedo de que el hecho de estar demasiado tiempo sentado me hiciese ponerme nervioso. No obstante, realicé una primera buena serie y pasé a la siguiente fase contra el favorito, Jaycee Carroll.

Poco puedo decir de esa semifinal. La habré visto ya cientos de veces (y las que quedan). Pero, una vez más, si Carroll hubiese conseguido veintitrés puntos y me hubiese vencido, seguiría estando muy contento de mi participación. Luego, Matt Thomas (enhorabuena, fuiste un extraterrestre ese día) batió todos los records y me ganó en la final.

Aunque, para ser sinceros, justo después de perder estaba un poco desilusionado conmigo mismo. Ese primer carro que se me atragantó, esos dos tiros que pude haber pensado más… Pero no. Según pasaban los minutos, me iba convenciendo de que di mi máximo. Mantuve mi mente en el concurso todo el tiempo. Fui capaz de abstraerme del resto del mundo. Dejé de lado a las cámaras, al público, a los rivales. Era yo tirando contra el crono. ¿Cómo lo hice? Centrándome en cada balón. Tratando de coger cada pelota de la misma manera. De realizar el mismo tiro una y otra vez, sin importar si el anterior había entrado o no.

Para terminar, quiero agradecer a Kia en zona y a la ACB que me hayan dado la oportunidad de vivir esta experiencia que, desde luego, ha sido única, inolvidable e irrepetible. Ni dudéis que marearé con ella a mis hijos (tendrán que tragarse el video del concurso cada cierto tiempo). También quiero dar las gracias a todo el público del Multiusos Fontes do Sar. Es cierto que cuando tiro no escucho nada, y aun así oía de fondo vuestros aplausos. Gracias. Y gracias a todos los que me habéis apoyado, antes, durante y después del concurso. No imagináis lo que es ver reconocido el trabajo bien hecho. Por último, a Noa. La tranquilidad y naturalidad con la que he llevado esta experiencia intranquila y no natural te la debo a ti.

P.D.: En varias entrevistas se ha mencionado que tengo un libro escrito inédito. Si existe algún editor/a entre los lectores, si la ACB o Kia en zona tiene contactos, quizá no sea una mala publicidad que el autor de un súper libro (no tengáis miedo en arriesgar) sea el subcampeón de triples de la ACB ;