Hay debuts ante los que es inevitable sentir un impacto súbito. Recordar al escuálido Juan Carlos Navarro a toda velocidad en el Palau Blaugrana ante el Covirán Granada, el sonriente triple de Luka Doncic ante Unicaja o al imberbe Ricky Rubio volviendo loco a los bases, de nuevo, del CB Granada, es saberse consciente casi al instante de que algo importante se estaba cociendo. Que ahí había algo especial. Desde luego, los designios del profesionalismo son inescrutables y en muchas ocasiones demasiado caprichosos como para asegurar nada. Pero es humano que te recorra un escalofrío ante lo que hizo Yannick Nzosa el domingo 28 de septiembre de 2020 en el Polideportivo de Andorra. Tercera jornada de la Liga Endesa. Vayan guardando la fecha, no vaya a ser qué.

No funcionaba Unicaja. Dos derrotas en dos partidos, sensaciones de la tercera en camino. La baja de Jaime Fernández pesa demasiado, pese al agradabilísimo impacto que está teniendo Francis Alonso en este inicio de curso. Con Bouteille fuera, el canterano y Brizuela debían multiplicarse en la anotación. Por dentro, las dudas siguen estando al nivel de las del ejercicio previo. Los interiores malagueños no parecen garantía para poder de verdad aspirar a grandes cosas. No había respuesta para el físico andorrano. Y en ese escenario, Luis Casimiro debió pensar que por qué no. A poco más de seis minutos del descanso, y con 34-26 en el marcador, llamó a filas Yannick Nzosa. El de Kinshasa ya había dejado destellos en pretemporada, pero el debut con picadores, que dirían los taurinos, siempre es diferente. Salvo para unos cuantos privilegiados.

En la vida de Nzosa todo parece ir demasiado rápido, no solo estrenarse en la elite. Fue a finales de 2015 cuando alguien observó a un espigado chaval de doce años que jugaba de portero en una de tantas pachangas informales en las calles de la capital de la República Democrática del Congo. Procedente de una familia numerosa sin grandes recursos y ninguna relación previa con el baloncesto, el chico no escapó al ojo de un amigo de Kammus Nshimba, entrenador del New Generation Basketball, un pujante club de la ciudad. Podría tener futuro en el deporte de la canasta. Al menos debía dársele una oportunidad a un físico como el suyo.

Pronto quedó claro que esa primera impresión había sido acertada. Nzosa, apenas un adolescente precoz, destacaba desde luego por su tamaño, pero cuentan los que le veían qué impresionaba su capacidad de aprendizaje, así como su facilidad de adaptación e inteligencia. Pronto llamó la atención de Charly Buzangu, entrenador jefe del primer equipo del New Gen, como es popularmente conocido el club en Kinshasa. Comenzó entonces un programa específico de desarrollo, pero el siguiente paso ya era inminente. Todo transcurría imparablemente, mientras los primeros vídeos de Nzosa volaban por internet.

Entró entonces en juego uno de los grandes conocedores del baloncesto africano: Anicet Lavodrama. Convencido del potencial del chaval, el histórico pívot estuvo muy cerca de traer a Nzosa a España tan pronto como a finales de 2016, apenas un año después de que el joven diera sus primeros pasos en el baloncesto. A una edad tan crítica, no era desde luego un proceso sencillo, y se buscaba asegurar una adaptación real al país con un buen nivel de formación y acogida que incluyera la convivencia con una familia española, por encima de otras opciones como residencias de estudiantes. Finalmente, tras desestimar su incorporación dos clubes de la Liga Endesa, la Academia Canterbury de Gran Canaria fue el destino elegido. Parecía la opción ideal, pues aseguraba un alto nivel de entrenamientos junto a una formación multilingüe que podía preparar un potencial salto futuro a Estados Unidos. ¿Les suena el caso de Santi Aldama? También salió de los Lions de Canterbury.

Sin embargo, la burocracia impidió que todo se llevara a cabo cuando parecían estar todas las cartas sobre la mesa. Al estar en pleno curso académico, España no concedió el visado a Nzosa, lo que se comunicó el 21 de noviembre de 2016. Lo habría hecho probablemente unos meses más tarde, pero no había tiempo para la tregua. El congoleño tenía la opción real de dar el salto a Estados Unidos, pero la prestigiosa Academia italiana Stella Azzurra se adelantó a todos. La administración transalpina fue más laxa que la hispana y en abril de 2017 se incorporaba a la estructura del club romano, con el que no tardaría en destacar, considerándosele de inmediato uno de los grandes proyectos del baloncesto internacional. Sin embargo, la opción de pasar por España en algún momento seguía resultando la más atractiva para el entorno del jugador.

En el verano de 2019, el nombre de Yannick Nzosa se hizo conocido más allá de para los ojeadores de jóvenes. Su fichaje por el Unicaja acarreó gran polémica, con incluso una acusación de secuestro por parte del Stella Azzurra hacia Joe Lolonga, director técnico de la federación congoleña y tutor del jugador en Europa. Finalmente, Nzosa acabó en Málaga aunque no pudo debutar en el filial de Unicaja, al denegar su club de procedencia el transfer internacional. Tan solo un permiso especial de la Euroliga le habilitó para disputar el Adidas Next Generation de Valencia, en el que los andaluces perdieron en la final ante el Gran Canaria, con Nzosa promediando 15 puntos, 9’5 rebotes y casi 4 tapones pese a llevar casi todo el curso en blanco. Finalmente, la FIBA dio la razón al Unicaja a finales de marzo, pero el parón de las competiciones ha evitado que el joven valor congoleño pudiera volver a jugar hasta el inicio de esta temporada.

Y lo ha hecho, otra vez, quemando etapas de manera fulminante. El objetivo de Unicaja era tener un equipo de LEB Plata en esta campaña, pero las dificultades existentes hicieron a los costasoleños desistir de la idea y buscar una vinculación con el Marbella para el fogueo de sus jóvenes valores. Pero resulta impactante que Nzosa, con solo 16 años y 10 meses apenas pese a sus impactantes 208 centímetros, no está entre los jugadores vinculados con el club vecino. Casimiro le quiso en dinámica del primer equipo desde el comienzo de la pretemporada. Pareciera que ya no le vale la tercera categoría española. Más agitación en un proceso que está resultando fugaz.

La vida de Yannick Nzosa vuela como él lo hizo en el Principado de Andorra. Puro frenesí, como sus 10 puntos, sin fallo en el tiro, 3 rebotes, 2 tapones y otras tantas recuperaciones, 14 de valoración y un ‘más/menos’ de +17 desde ese 34-26 con el que el técnico manchego se tiró a la piscina para aferrarse a un chaval con un impacto gigante en la resolución del partido y en que Unicaja lograse su primer triunfo. Solo hace cuatro años que tapaba una portería en Kinshasa, y lo cierto es que está todavía al inicio de un camino en el que afrontará muchas piedras en la cancha y otras tantas fuera de ella. Pero no se puede negar el vértigo. República Democrática del Congo le quiere ya en la selección, tan pronto como en el Afrobasket de 2021 de Egipto, mientras a nadie se le escapa que España apurará sus opciones de agasajar a la joya del Unicaja, por la que en Estados Unidos hace tiempo que ya se preguntan muy en serio.

Seguramente, no es para menos. Debutar con trazas de veterano solo está al alcance de tipos especiales.

Foto: acb Photo / M. Pozo