¿Se imaginan visitar 5 estados, coger 8 aviones, dormir una hora y después de esto meter 16 puntos en un partido en apenas tres días? La historia que os vamos a contar bien valdría como guión de una película norteamericana. Un chico que tiene un problema para llegar a su destino y que todo termina en final feliz.

Esta trama la ha protagonizado este fin de semana Andrew Ferry, jugador norteamericano del Albacete Basket de la Liga EBA.  Este escolta de 1.88 nació en Milwaukee y desde hace una temporada juega en las filas del equipo manchego. Este año, por problemas con el visado, su regreso a España se vio retrasado pero al final llegó. En la tercera jornada, pero llegó.FERRYentrepiernas

Fue una semana de locura. De esas que recuerdas para toda la vida. Llegó a Madrid el jueves después de salir de Milwaukee, pasar por California, Arizona y Chicago. Multitud de aviones en apenas tres días para realizar el vuelo más rápido y barato con el fin de llegar al partido que su equipo disputaba en Tenerife.

Lo curioso de toda esta historia es que al aterrizar su entrenador Alfredo Galvez le aconsejó que se quedara en la capital de España ya que el equipo iba a ir al día siguiente para coger un vuelo dirección a las islas canarias. Ferry, nuestro protagonista, decidió no dormir, viajar hasta Albacete, entrenar con el equipo, volver a Madrid, viajar a Tenerife y jugar. Lean de nuevo la anterior frase porque es difícil de entender. Cansa solo de leerla: no dormir, viajar hasta Albacate, entrenar con el equipo, volver a Madrid, viajar a Tenerife y jugar. Esto en apenas 24 horas, durmiendo una hora y después de 8 vuelos y pasar por 5 estados norteamericanos.

Sobre el partido, ya lo hemos contado. 16 puntos en apenas 17 minutos con 4/5 en tiros de tres. Sin apenas haber entrenado, sin conocer a algunos de sus nuevos compañeros, sin saber los nuevos sistemas, sin saber nada.

Ferry terminaba el partido con tres sonrisas: la de la victoria, la del regreso al equipo que para él es como una familia y la del reencuentro con su ex compañero y amigo: Jonathan Gray, al que no veía desde sus años en la Universidad de Cornwell.

Una historia más, de las que no ocupan portadas pero de las que hacen grande a este deporte y a la gente que lo rodea, el baloncesto.

FOTO: Fito Díaz/Albacete Basket