Un niño de 9 años le enseña con su Tablet a otro niño, este de 8 años, las anotaciones de su equipo. Hay un compañero que encesta mucho, le elogian. Hay otro niño que mete cero puntos cada partido, dicen que “es un manco”. Ambos juegan a baloncesto federado en categoría benjamín, en España.

Desde hace pocos meses se ha extendido en todas o casi todas las CCAA el acta digital. Los datos de resultado de partidos, minutos jugados y puntos encestados han pasado a tener un valor mucho mayor que anteriormente con el acta escrita tradicional. El valor de la inmediatez, el valor de la acumulación sin necesidad de compilaciones adicionales. El valor mercantil. Y las Federaciones Territoriales han decidido ejercer la acción de publicar estos datos mediante acuerdos con plataformas que ponen a disposición del público (progenitores, entrenadores, coordinadores) unas aplicaciones donde pueden seguir en directo los partidos o consultar distintos datos en el momento que quieras y lo que es más importante, dónde quieras.

Los seguidores de algunas ligas se dividen entre los que ven los partidos, ya sea en directo o a la mañana siguiente. Y los “boxscoristas”, que comprueban las estadísticas cuando se despiertan y ya tienen sus elementos de juicio. Sin ver los partidos. Que suceda dentro de una Liga Profesional, con jugadores mayores de edad, es parte de adaptarse a un consumo deportivo que pide esa inmediatez, esa opinión sin freno que se alimenta de pocas proteínas de conocimiento y de muchos carbohidratos de estadísticas. No hablo de las estadísticas avanzadas o del Big Data aplicado al deporte como apoyo de la visualización o análisis en cancha. No, hablo de la banalización y uso sesgado y emocional de la simple estadística.

Por eso este tipo de estadísticas son negativas para el deporte de formación, para el baloncesto de cantera. En una evolución física que nos lleva a la longevidad como nunca se vio en este campo, la respuesta federativa es incrementar el estrés en los más pequeños. Vemos pancartas pedagógicas en casi cada instalación deportiva encaminadas a controlar el comportamiento de los padres nerviosos pero tomamos la medida de facilitarles de una forma absoluta el acceso a datos que principalmente rompen la unidad del deporte de equipo. Como entrenadores nos esforzamos para que durante el partido, el viaje a la mesa de anotadores sea muy medido por parte de nuestras jugadoras, el resultado no debe ser lo importante si queremos montar unos cimientos muy sólidos.

Claro que nos federamos para medirnos con equipos que nos ayuden a crecer nuestras habilidades técnicas y psicológicas, pero tratamos de que esa competición sea lo más positiva. Ya no solo podemos enjuiciar con mínimos datos a los compañeros de nuestros hijos, las decisiones de nuestro entrenador, sino que podemos hacerlo a distancia con sobrinos, primos, amigos de otras CCAA.

No se trata de ponerle puertas al campo de lo digital, sino de establecer unas normas. Consideramos a los entrenadores como educadores ¿verdad? Estaríamos de acuerdo con que las calificaciones académicas de nuestros hijos en edades tempranas (o no tan tempranas) fueran publicadas en internet según se corrigen los exámenes, o mejor, mientras están siendo examinados, en tiempo real. Si, sé que es una comparación dura, pero admitimos que determinados clubes no dejen el acceso a los entrenamientos a los padres, para que los niños que juegan lo hagan con la más absoluta libertad del placer del juego y de la máxima atención a los estímulos que el mismo y su entrenador le proporciona. Igual que no se puede acceder a las aulas mientras se imparten clases o se desarrollan exámenes de final de trimestre.

Hace poco, el entrenador Antonio Pérez Caínzos reflexionaba sobre esto y pedía que sí a las app, pero cuando fueran capaces de medir otros parámetros más educadores. Esfuerzo, capacidad de atención, actitud defensiva, etc…

Sabemos lo que pasa con el partido en juego en las gradas, tratamos con normas y con la RESPONSABILIDAD SOCIAL DEPORTIVA, que el clima sea lo más calmado posible. Por otro lado los clubes no quieren que haya incidentes pero si quieren que haya ruido de animación cuando llegan los partidos importantes de cada equipo en cada categoría, les molesta que las otras “aficiones” sean más organizadas y más bullangueras. ¡Incluso en minibasket! MI opinión muy personal es que una madre no es una aficionada, que un padre no es un aficionado. Es alguien tan importante que su presencia en la grada tiene que ser con un comportamiento diferente dentro de la complejidad emocional. Pero por un lado les remarcamos que deben actuar con respeto y espero que eso sea una tendencia, pero por otro lado les permitimos el acceso a una información absolutamente sesgada que no les ayuda a gestionar ese comportamiento. Queremos lo mejor para nuestros hijos, cuando lo tienes MUY claro, lo mejor es su disfrute, su compañerismo y su pertenencia a un grupo deportivo. Esa es la teoría. Los trofeos van para los mejores y así debe ser, en la vida, en las oposiciones, en las hipotecas, cumplir con unos mínimos es lo que te permite subsistir. La competencia es parte de nuestra esencia, pero ayudar a que sea tan exacerbada desde tan pequeños no ayuda a nadie. Ni a los Directores Deportivos ni a los Seleccionadores Autonómicos, esos que a golpe de click saben los puntos y minutos que sus potenciales seleccionados están haciendo en emplazamientos que las dietas federativas no pueden cubrir. Si quieren, ya no les hace falta ni ver el vídeo.

Al final del día, que dicen los americanos, parece que todo lo justifica los grandes resultados de nuestras selecciones senior en masculino y en femenino. Campeones allá donde vayamos y a vece sin ser favoritos, más mérito aún. El perfecto equilibrio entre saber competir y que las expectativas estén en su lugar adecuado.¿Y por el camino qué pasó? ¿Quién cayó que podríamos haber conseguido que no cayera? La respuesta es sencilla: las estadísticas ocultas.

LAS ESTADÍSTICAS OCULTAS:

Estas no las veremos en ninguna app, ni en titulares, ni en letras gordas, quizás en alguna memoria federativa pero no demasiado subrayada. En el camino hacia la excelencia se suele vender el aumento de fichas federativas, el aumento de equipos, el número de jugadores que conforma nuestra cantera. Y nuestro baloncesto en todo esto y en medallas tiene una gran salud, pero ¿hay qué podamos mejorar? ¿Somos perfectos? No, comunicamos de modo explícito que no somos perfectos, que hay que seguir trabajando pero no vamos al detalle de en qué nos estamos equivocando. Por miedo a perder un estatus adquirido.

Las estadísticas ocultas son:

  • El abandono en segundo año cadete de la práctica del baloncesto. Más acuciado en femenino que en masculino. Las niñas, muy responsables, llevan desde segundo año Alevín (11-12 años) con una evolución física más rápida que los hombres que les lleva a evolucionar técnicamente con una gran dosis de concentración táctica.Las mejores son llevadas a doblar entrenamientos, a jugar hasta con tres equipos en sus años de categoría infantil y primero cadete (13-15 años). Y el Bachillerato está ahí, a la vuelta de la esquina. El prototipo de abandono es jugadora de nivel medio, presionada por los estudios y por sus entrenadores. La pregunta es ¿Si no quemamos etapas podrían seguir jugando y considerar los beneficios del deporte? ¿Si las hiciéramos doblar menos o nada ganaríamos el futuro a costa de no ganar tantos campeonatos o partidos en el presente? ¿Por ello seríamos peores entrenadores? ¿Hay alguien en la Coordinación que entienda esto y que absorba las críticas externas que no entienden el plan de futuro?
  • Las licencias falsas para completar equipos: Vacios legales en equipos junior: a partir de esos 16 años, vemos en muchos equipos como solo 3 jugadores en categoría junior siguen en el club, se completan con una buena camada cadete (6-7 jugadores más). Y otros 2-3 nombres que firman su licencia pero que puede que sean solo el delegado, no vayan nunca o sean amigos del coordinador. Amigos, somos españoles, incluso en 2020. Esas licencias de jugadores que no juegan ningún partido también cuentan en los datos generales.
  • La excelencia en la calidad de entrenamiento de los equipos “C” o últimamente llamados “sociales”:

Los mejores entrenadores (o al menos los más intensos) llevan equipos motivantes y por si solos motivados a priori. Que te asignen un equipo con chicos de una motricidad peor o físicamente no tan longilíneos en tu evolución como entrenador lo consideras como un frenazo y poco menos que un castigo (así somos, yo el primero). Ese tipo de competiciones también son generalmente arbitradas (con excepciones) por árbitros que no son los mejores. En la educación reglada ya tenemos cada vez más aulas con especialistas para los alumnos con necesidades especiales ya sea porque les va muy rápido el coco o porque tienen otro ritmo diferente. Para los mejores jugadores tenemos los específicos, esos entrenamientos que hacemos para mejorar a los que mejoran rápido o para los que apuntan maneras físicas. ¿Y los que no van tan deprisa? No necesitan a los mejores entrenadores, mejores y más árbitros. ¿Pagan menos quizás?¿O no?

Al respecto de la etiqueta “social”, siempre hago el llamamiento a que como vamos a llamar de rendimiento a un equipo de chicos de 12 años de los que no podemos saber qué será de ellos a los 17.

  • Los equipos de jugadores entre 18-20 años.

Pasamos de una absoluta implicación a jugar contra veteranos, ligas de barrio, ligas de empresa, barrigas deportivas. En la mayoría de las CCAA no hay competición U22 seria. Luka Doncic solo hay uno y para muchos la verdadera formación debería empezar a los 15 años y alargarse hasta los 21. Y justo a esos 15-16 años, todos los estímulos de tu entorno son desmotivantes si no eres muy duro mentalmente o tu club tiene un plan para ti. La Fundación Aíto García Reneses está proyectando una Liga Universitaria, entiendo que tendrá matices para los que optan por FP u otras salidas formativas o profesionales después del Bachillerato.

Curiosamente estas ligas locales, donde se mezclan el muchacho de 18 años aún verde contra el veteranazo de 42 años peleón, en algunas comunidades, es donde se concentran más recursos federativos de arbitraje, la categoría benjamín-alevín-infantil, pura contraataque continuo y dificultad de seguir el juego se suele arbitrar con uno solo y determinadas categorías con jugadores adultos que deberían aportar serenidad y disfrute obligan a dos árbitros con mucha concentración por los contactos y porque a veces se confunde ese disfrute con elementos antideportivos.

Estas app en sus acuerdos con las federaciones entendemos que tienen completamente atados los cabos legales de privacidad y cumplen todos los parámetros de la ley de protección de datos. Así confío porque son muchísimos menores los que aparecen en aplicaciones totalmente abiertas. En algunos casos hasta con fotos además del nombre. Fueron la respuesta a aplicaciones de uso espontáneo de padres donde ya lo hacían con un padre encargado por equipo. Esa es una de las justificaciones para la oficialidad. Para mi, insuficiente en todo caso.

CONCLUSIÓN:

Hay más caminos hacia la excelencia deportiva, países donde los resultados no toman forma hasta después del segundo año infantil (13 años), no debería considerarse como perder años importantes. En fútbol que empiezan a competir y a generar tensión desde antes (equipos de niños de 5-6-7 años), es una fuente de abandonos en categoría benjamín. Les sobra flujo de participantes, la cantidad arroja mucha calidad competitiva, no sé si el debate sobre cómo formar existe, el capitalismo tiene una fuerza arrolladora. No creo en superioridades morales entre deportes (Rugby, baloncesto, fútbol, deportes de equipo, deportes individuales). Nuestro deporte demuestra que cuando hay nervios lo que aparece es la condición humana aunque la creamos domesticada del todo…Pero sí creo en la responsabilidad de entrenadores, coordinadores, clubes, federaciones. Y NO TODO DEBE SER EL MARCO NORMATIVO ¿Porque está permitido está bien y es ético? ¿Porque es lo que hace todo el mundo y es lo que hemos hecho siempre es sano y formativo?

Soy un absoluto convencido de las nuevas (ya no tan nuevas) tecnologías, la edición de vídeo, las estadísticas avanzadas aplicadas al juego, ahí están los programas donde he colaborado o los partidos que me toca analizar o comentar. Las empresas dedicadas al Big Data deportivo son muy positivas si los clientes sabemos lo que queremos y actuamos con una RESPONSABILIDAD SOCIAL DEPORTIVA.