Quizás muchos no lo saben pero las jugadoras veteranas muchas veces comentamos cosas sobre la savia nueva que viene por detrás y he confesar que había oído hablar cosas buenas de ella. Pero lo que te cuentan no es lo mismo que lo que ves y confirmé esas impresiones hace un año cuando me tocó jugar contra ella. Realmente Ángela Salvadores me sorprendió.
Me gustó su juego, el talento y la clase que muestra en todas las fecetas pero s¡ hay algo que me impresionó fue su carácter que viví en primera persona.

Recuerdo que el partido estaba igualado y en un lance del juego pitaron una falta. Me acerqué a chocarle la mano y me la quitó. No quería saber nada de mi, al enemigo ni agua señores.

1384182988_595352_1384183941_noticia_normalLe sacaba prácticamente 20 años y sé que he sido una de sus referencias, según me contó mi gran amiga ‘Moses –Isabel Fernández, entrenadora directora del Aros donde esta jugadora empezó a entrenar antes de irse al Siglo XXI-. Ese no te doy la mano es la demostración palpable de que estamos ante un carácter con mayúsculas y eso es lo que muchas veces te convierte en alguien diferente al resto. No me caso con nadie porque quiero ser la major y sobre todo porque quiero ganar a toda costa aunque enfrente esté la persona en la que me haya fijado mil veces.

Cuando te haces profesional todo el mundo es bueno, todo el mundo tiene calidad y la diferencia viene muchas veces de la cabeza que se tiene y del carácter. De eso, Ángela tiene de sobra.

En la final ante Estados Unidos lloré viendo jugar a estas chicas de la sub 17 porque transmite pasión, porque se divierten, porque tienen casta y porque, con perdón, juegan de puta madre.

Solo puedo darles las gracias por hacerme vivir el baloncesto otra vez a través del televisor. Felicidades a todos, al equipo técnico y a las jugadoras. De ahí saldrán muchos nombres que llevarán el baloncesto español muy, muy alto.
Con ellas empezó el verano triunfal de la Federación de baloncesto. ¡Qué no paren las medallas y que siga la fiesta de baloncesto!