Jueves, 12 de enero de 2017.

Han pasado casi diez meses del día que la vida cambió para la leonesa Teresa López, jugadora del Movistar Estudiantes de Liga Femenina 2 que tristemente guardará pocos buenos recuerdos sobre la pista del 2016. Un año en el que le tocó conocer la cara amarga del deporte y ver los partidos de su equipo con chándal puesto, al fondo del banquillo, conformándose en animar a sus compañeras y aguantándose desde ahí -pasando desapercibida- las ganas de saltar a la pista para aportar su granito de arena.

Esperaba del 2016 que fuese su año, un año con éxitos tanto académicos como deportivos pero ha sido el año donde por desgracia la tristeza y la mala suerte han sido sus inseparables compañeros de viaje. Y todo por culpa de una maldita lesión que probablemente le vaya a impedir jugar en lo que resta de la presente temporada. Situémonos.

Madrid, 12 de marzo de 2016: El primer día del resto de sus días

Todavía no ha salido el sol pero ya suena el despertador en la habitación -101 de la residencia del Colegio Mayor Nuestra Señora de África (vinculado con el Estu) donde vive una ajetreada pero siempre sonriente Tere. Madruga porque por delante le espera un largo e importante viaje de casi tres horas en AVE hasta Barcelona para enfrentarse al Sant Adrià en un partido que estaba señalado de clave para el conjunto colegial, que por entonces afrontaba cada uno de sus partidos como finales para mantener opciones de jugar la deseada ‘Fase de Ascenso’ a la categoría de oro del baloncesto femenino español. Ella, estudiante de Medicina, aprovechaba los largos viajes lejos de casa para estudiar y entonces tenía muy presente los dos importantes exámenes que le venían encima de Fisiología y Organografía.

Tristemente, aquel viaje (Madrid-Barcelona) fue su último viaje con el equipo y probablemente no habrá otro hasta la temporada 2017-18.

Aquel partido se perdió y con él se esfumaron las remotas opciones de conseguir el ansiado ascenso. Las colegiales fueron por detrás durante todo el partido y en el tercer cuarto, después de una pequeña reacción, sucedió la terrible acción que ha cambiado la vida de Teresa. Fue la última acción del período, cuando se disponía a recoger un buen pase de su hermana y compañera de equipo Natalia, la cual ve una puerta atrás y cuando la pequeña de las López salta para recoger el esférico y le desplazan -sin querer- estando en el aire, provocándole así una mala caída. «Sentí que la rodilla salía y luego entraba, noté ‘clac’ y empecé a llorar… no podía moverme», recuerda meses después la protagonista con un rostro visiblemente serio.

Ahí no lloraba por el dolor, que también había. Entre sus virtudes está la de ser una chica muy competitiva, constante y por encima de muchas cosas muy ambiciosa. El equipo estaba reaccionando y ella -tras la caída- sintió que aquello supuso su adiós al partido. Ni de lejos imaginaba entonces la que le venía. Acabó aquel partido con la triste derrota, ella lo hizo sin poder apoyar la pierna derecha por las molestias que sentía en su rodilla y desde el pabellón se desplazó hasta la estación de tren junto al resto del equipo para regresar a la capital de España y seguir preparando los dos importantes exámenes que tenía al día siguiente. Era pronto para saber ni decir nada, la rodilla estaba muy inflamada y quedaron en visitar al traumatólogo el lunes por la tarde, justo después de que terminase los exámenes.

Lunes 14 de marzo, la fecha que jamás olvidará

Llegó a Madrid tras el partido y rápidamente se puso a estudiar, dejando a un lado su móvil y recogiéndolo a las cuatro de la mañana, justo antes de acostarse para descansar. Recibió muchos mensajes durante el tramo que estuvo estudiando, amigos, familiares y conocidos ya conocían lo ocurrido en Sant Adrià y se preocuparon por su bienestar. Ella les tranquilizó, estaba únicamente preocupada por lo académico y durante el domingo apenas se movió de la habitación. Para orgullo y alegría de sus padres, Tere es una chica seria, aplicada y muy exigente consigo misma en temas académicos. El lunes madrugó para hacer los exámenes -ambos le salieron bien y más tarde supo que los aprobó-, salió de clases y ahí le esperaba su entrenador, ‘Fito’, que desde la Facultad recogió a su jugadora para llevarla al Hospital Nuestra Señora de la América.

«Recuerdo que el trayecto en coche se me hizo largo y la espera en el Hospital todavía más, estaba expectante y a la vez nerviosa porque quería saber ya que tenía. Yo esperaba tener el menisco roto, sabía que tenía algo roto porque noté el ‘clac’ pero tenía optimismo«, recuerda todavía Tere. Entró, se sentó enfrente del Doctor Soriano, le movió un poco la pierna y a los diez segundos de entrar ya le habían comunicado la mala noticia: Teresa López decía en ese mismo instante adiós a la temporada, se había roto el cruzado y los dos meniscos. De lo malo, pasó lo peor.

«Llevaba un año duro y exigente con la combinación de baloncesto y estudios y justo ya estaba ahí abril, que era el único mes del año en el que no tenía exámenes. La lesión me quitó el momento de calma que necesitaba, no sabía exactamente en que consistía una recuperación de cruzado, ni lo que suponía, ni mucho menos lo que dolía… solamente sabía que iba a estar mucho tiempo sin jugar», explica la leonesa.

15 de marzo – actualidad: cada día es un día menos

teresa-lopezEl famoso proverbio «caerse está permitido, pero levantarse es obligatorio» fue el que más pasó por su cabeza en ese tramo de su vida. Había dos opciones: venirse abajo por lo sucedido o encontrar en la adversidad un motivo para crecerse y volver más fuerte. Lo segundo es lo más complicado en ese momento, pero por la cabeza de Teresa jamás pasó lo primero. Solamente tuvo una opción, que por suerte fue la buena.

Empezó la rehabilitación con un rostro serio, Teresa jamás se había visto en una situación peor y el inicio no fue nada fácil. Le costaba asimilar todo aquello todavía y justo llegaba ese complicado proceso en abril, un mes que tenía señalado desde el inicio del curso por la libertad de la que iba a poder disfrutar para desconectar de la siempre complicada y ajetreada rutina diaria.

Para alegría de Teresa ella tuvo en Amaya, la fisioterapeuta, una amiga-consejera con la que con el paso del tiempo la sonrisa volvía a brillar en su rostro al mismo tiempo que empezaba a entender que cada día era un día menos. Por su cabeza solamente pasaba reencontrarse consigo misma, tratar lo antes posible de recuperarse bien y volver a poder disfrutar de lo que a ella más le gusta, el baloncesto. Por delante venía un intenso verano donde diariamente tenía que trabajar para poder lograr este deseo. Todo parecía ir bien pero sin embargo lo peor -otra vez- estaba por llegar…

Septiembre 2016, vuelta a Madrid…

Finaliza el verano y Teresa regresa a la capital de España para seguir cursando tercer año de Medicina e iniciar la pretemporada con el equipo femenino de Movistar Estudiantes, con el que juega la competitiva Liga Femenina 2. Tras el mal sabor de boca por despedirse de la temporada antes de tiempo, la propia López viaja a Madrid teniendo etiquetada esta temporada como fundamental para ella en lo personal, tenía el deseo de ser importante y contribuir para que las ‘Women In Black’ (como son conocidas las estudiantiles) tuvieran una mejor campaña que la anterior. Ella, como de costumbre en todo, es muy exigente consigo misma.

Llegó y rápidamente volvió a sonreír porque tanto trabajo en verano mereció la pena. De nuevo conseguía sentirse jugadora haciendo específicos junto a Goñi, lo que siempre mantenía una pequeña molestia que todo el mundo creía que era por lo sucedido y ni mucho menos se trataba de nada grave. No obstante, las sesiones de entrenamiento se iban acumulando y dicho dolor no desaparecía… por lo que asesorada por los servicios médicos del club se fue en octubre a hacerse una resonancia y tratar de ver qué pasaba.

Y en la resonancia salió que Teresa López tenía el menisco roto

«No me lo terminaba de creer. Sentía molestias pero ni mucho menos podía esperar que fuese tanto, se me cayó el mundo… no lo entendía. Me pregunté muchas veces que por qué a mí, qué había hecho nada mal y era algo que no tenía mucha explicación. Yo al principio no quería operarme porque después de lo vivido sabía que se me iba a hacer eterno, pero los servicios médicos del club -conscientes de la situación- me hicieron entender que lo mejor para mí era volver a pasar por quirófano y así lo hice. Y bueno, ahora es muy difícil que pueda volver a jugar esta temporada…», recuerda con tono serio y visiblemente desolada la propia Tere.

Se operó, todo salió bien y vuelta a lo mismo. Porque caerse está permitido pero levantarse es obligatorio… las veces que haga falta.

Y es que para conseguir lo mejor, tal vez hay que pasar por lo peor…

«De todo se aprende, también de esto», dice Teresa.

«Esto me ha enseñado a valorar pequeñas cosas del día a día como saltar, caminar, poder correr al bus… y también valorar a la gente, a mi familia sobre todo y amigos que se han mantenido cerca cuando las cosas se vuelven complicadas, a veces hace falta que pasen cosas como estas para que nos demos cuenta y lo(s) valoremos, quien está y quién no. Me ha ayudado a tener mas paciencia. Es una recuperación muy lenta y tienes que ser constante y consciente de que van a ser muchos meses de trabajo con resultados muy lentos. Esto también me ha enseñado a dar importancia a cosas que antes no lo hacia como estirar bien, calentar, el descanso y la alimentación… ya que es algo que descuide el pasado año y seguro influyó en la lesión», explica la leonesa.

Teresa también se queda con personas que le ha dado la lesión, gente como a Amaya o Angel Goñi, los fisioterapeutas… la gente que hace más grande al Movistar Estudiantes y de la que jamás se habla. La lesión también le ha permitido madurar, ahora se toma más en serio las cosas y es más responsable de ella mismo, también ha podido avanzar más en lo académico y entre otras cosas, también le ha válido para darse cuenta de lo que necesita al baloncesto en su vida. Ahora, desde Madrid y trabajando para volver, ella está motivada para regresar más fuerte a la cancha.

¿Qué espera ella de sí misma?

«Seguir currando para recuperarme al cien por cien y recuperar la confianza en la rodilla y en mi misma para volver a jugar. Tengo ganas, pero no prisas. Las cosas despacio y bien hechas dan mejores resultados… a si que cuando llegue, llegará. Hasta entonces, ser feliz y llenar esa parte de mi vida que me falta con otras cosas».

Las mejores páginas en la vida deportiva de Teresa López todavía están por escribirse. Mientras tanto, para ello trabaja.

Fotos: Juan Pelegrín