Cuando el verano de 2019 llegó, pocos movimientos parecían claros en la Liga Femenina Endesa. Las revoluciones en la mayor parte de las plantillas eran vox populi, pero el baile de nombres también. Un juego de azar en el que Raquel Carrera siempre aparecía entre las elegidas. Y lo cierto es que, meses más tarde, ya se puede afirmar: Raquel Carrera ha llegado para quedarse.

MVP en la fase de ascenso a Liga Femenina y un crecimiento exponencial en el Celta Zorka de la mano de Cristina Cantero. Al término de la pasada temporada, Raquel Carrera no pasaba desapercibida para nadie. Todavía no podía votar pero su juego destilaba madurez. Virtud que, a pesar de su edad, le otorgaba el crédito suficiente ante los ojos de los directores deportivos de la Liga Femenina para dar el salto de categoría. Valencia Basket no fue una excepción y Araski aprovechó la oportunidad.

Desde su debut en la máxima categoría, la orensana ha ido mejorando sus números jornada tras jornada hasta promediar 8,3 de valoración por partido en 21:17 minutos de media. Números a la altura de las expectativas generadas. Además, en la Copa de la Reina fue una de las más destacadas en las vascas y aumentó sus registros medios en puntos (10), rebotes (5.5), asistencias (2), robos (1.5) y valoración (10.5).

Sin embargo, la mejor noticia es que su impacto va más allá de las cifras. La sensación de solidez aumenta en cada encuentro y su inteligencia en la cancha maravilla a cualquiera. La jugadora formada en la cantera del Celta está demostrando que tiene movimientos y lecturas impropias de una joven de su edad.

Este inicio extraordinario está apoyado en el contexto existente en Vitoria. Araski ha creado un ecosistema en el que abunda el terreno fértil para Raquel Carrera. Rol secundario sin más presión de la necesaria, equipo conformado por experimentadas jugadoras nacionales, un ambiente envidiable y la recientemente nombrada mejor entrenadora del año, Madelén Urieta, dirigiendo desde el banquillo.