Erica Wheeler es una jugadora profesional estadounidense de 28 que actualmente juega en el Orenburg ruso, vigente campeón de la EuroCup, y en Indiana Fever. En 2019 fue nombrada MVP del All-Star de la WNBA. Ahora cuenta su historia en primera persona en Kia en Zona

Para alguien como yo que venía de un ambiente agresivo y complicado practicar deportes desde pequeña fue una vía de escape. Fútbol americano, atletismo, béisbol, softbol cualquier deporte me servía para canalizar mi energía, peleando con chicos porque era, como lo diría… un poco ruda.

Entonces apareció el baloncesto en mi vida. Un deporte que me permitía expresarme y pelear canalizando mi agresividad y al mismo tiempo mantenerme alejada de los problemas y la violencia de la calle.

Todo parecía ir bien hasta que perdimos a mi madre. Ella era mi mejor amiga y una inspiración para mí y para mis hermanas. Siempre tuvo la respuesta que necesitábamos. No tenerla me hizo perder toda esperanza y pasión por la vida. Pero gracias a Dios, incluso a través de mi dolor y pena, todavía tenía una opción para seguir haciendo que mi madre se sintiera orgullosa. Volví a jugar porque ella disfrutaba viéndome jugar. Me llevó algo de tiempo volver a lo que amo y al baloncesto. Pero con la ayuda de la oración, familiares, amigos y entrenadores, hoy estoy aquí compartiendo mi historia con los lectores de KIA EN ZONA.

Creo que el baloncesto salvó mi vida dos veces. Primero me mantuvo ocupada, lejos de mis amigos del barrio y, posteriormente, cerca del recuerdo de mi madre. Jugué en países como Brasil, España o Rusia donde he ganado campeonatos. Luego llegué a la WNBA y, tras un duro camino, fui la MVP del último AllStar el pasado verano -algo que nunca había logrado una jugadora no drafteada- el mismo año que había sido elegida MVP de la Eurocup.

No sé si puedo expresar ese sentimiento con palabras. Es uno de esos momentos en los que trabajas tan duro toda tu carrera y cuando estás en él, solo te hace decir: «por eso he estado trabajando duro día y noche» Y por supuesto quise dedicárselo a mi madre porque sé que me está mirando desde el cielo.

EL PASO POR EUROPA… Y VICTOR LAPEÑA

Para mí, jugar en Europa me ha ayudado a hacer crecer mi juego en un nivel diferente porque el baloncesto estadounidense y el europeo tienen el mismo concepto, pero el estilo y las reglas son un poco diferentes. Ser capaz de interpretar dos estilos tan diferentes me ayuda a leer el juego mejor.

Además, coincidí con vuestro Víctor Lapeña, uno de los mejores entrenadores para los que he jugado. Justo cuando se acercaba cada partido importante me desafiaba a llevar mi juego a otro nivel y, como jugadora, lo aprecio mucho porque eso significa que él ve algo en mí que me ha ayudado a sacar y que, sin duda, me ha ayudado a llegar hasta aquí y seguir disfrutando del baloncesto día a día convirtiéndome en una jugadora más completa.