Desde que en 1990 el llamado Huelva 76 disputara por primera vez unos ‘play offs’ de ascenso a la Liga ACB, el coqueto pabellón Andrés Estrada se había convertido en una de las plazas a visitar habitualmente entre los que ambicionaban llegar algún día a la máxima categoría nacional. Sin embargo, los onubense nunca rubricaron con éxito sus intentos, ni en la antigua 1ªB ni en su sustituta a partir de 1994, la Liga EBA, casi siempre con problemas económicos mediantes. Sin embargo, todo iba a cambiar en el verano de 1996.

Es aquel año cuando la FEB crea la Liga Española de Baloncesto (LEB) y la establece como la segunda división nacional, desbancando a la EBA. Lo haría con 14 equipos y buscando un mayor nivel de profesionalización en los aspirantes a la ACB del que había existido hasta entonces. Y aunque no fueron pocos los problemas, y de hecho la presencia onubense en la nueva competición estuvo bastante en entredicho, finalmente el CB Huelva, convertido en Sociedad Anónima Deportiva tras semanas muy farragosas, consiguió tomar parte de la primera edición de la LEB. Para aquel entonces, Sergio Valdeolmillos ya era un nombre relevante del baloncesto local: había llegado como segundo entrenador (y preparador físico) de Ángel Martín Benito en 1990, nada más licenciarse en el INEF de Granada. Y tras dos cursos en Andorra como ayudante de Edu Torres, regresó en 1993 como segundo de Quino Salvo. Fue en 1994 cuando tuvo su primera experiencia como entrenador jefe. Precisamente en Huelva, en el inicio de un proceso nunca repetido en la ciudad. Tras dos cursos en EBA de menos a más llegó el año más inolvidable que nunca haya vivido el baloncesto en la capital andaluza.

Hicimos un equipo para competir, con dos buenos extranjeros como Joe Vickery y Phil Cartwright, pero ni mucho menos a priori para ascender. No fue fácil porque durante semanas no sabíamos ni si estaríamos en esa primera LEB. Así que empezamos de forma algo titubeante”, cuenta Valdeolmillos. Efectivamente, su equipo sumó cinco victorias en los diez primeros envites. Sin embargo, a partir de diciembre ganaron una notable consistencia y la confianza empezó a llegar. “La segunda vuelta fue muy buena, cogimos un gran ritmo y llegamos a las eliminatorias a muy buen nivel”, recuerda el técnico. Un pensamiento al que se suma Javier Rodríguez Walls, pieza crucial en la historia del deporte onubense. Ha sido jugador, entrenador, gerente, director administrativo, federativo y hasta agente de jugadores. “Ese equipo no estaba preparado para la elite pero realmente demostró, un poco como ha hecho el Real Madrid en estos años, que se puede ganar jugando alegre. Valdeolmillos consiguió algo que no es nada fácil”, asegura. “Ahora lo pienso y creo que los equipos que mejor jugaron aquel año eran el Gijón de Luis Casimiro y nosotros, aunque luego había plantillones como Andorra o el CajaCantabria de Quino Salvo”, presume el entrenador granadino.

Tras concluir cuarto, el CB Huelva se libró del primer cruce de octavos de final. Y en cuartos se le empezó a abrir el escenario a un sueño inimaginable no mucho antes. Los andaluces barrieron al Pineda catalán (3-0) y se iban a jugar una plaza de ascenso con el Andorra, sorprendente verdugo del Gijón Baloncesto. “Andorra era un equipazo, con gente de ACB como Quique Villalobos, Paco Zapata, Darren Lockhart, Ricardo Aldrey u Óscar Cervantes, pero no habían dado con la tecla en la temporada. Eso sí, cuando llegaron los ‘play offs’ se pusieron las pilas y realmente eran un señor equipo”, recuerda Valdeolmillos. Pero aquel Huelva ya iba también a velocidad de crucero.

Todo se iba a decidir el 9 de mayo de 1997, fecha del quinto y definitivo partido por la ACB, en un Andrés Estrada obviamente a reventar. La presión histórica la tenían los del Principado (que de hecho tras aquel partido tardaron años en volver a presentar un proyecto realmente ambicioso). Huelva, mientras, desbordaba ilusión pero también el peso de jugarse en casa un ascenso para quien a priori no parece llamado a tales lides. Tras cuarenta minutos inolvidables y con el drama por montera, triunfo local (76-73) y la fiesta que nunca más pudo volver a vivir Huelva hasta la fecha. El héroe estadístico de la noche fue el canadiense Vickery (21 puntos), pero Valdeolmillos pone el foco en otro lado. “La clave estuvo en el bloque nacional: Javi Chica, Antonio Benítez, Manolo Bazán, Luis Barroso, Miguel Ángel Vílchez, Juanjo Morcillo, José Pedro García, Juan Llamas. Benítez o Chica, por ejemplo, jugaron a un grandísimo nivel. Podían haber tenido una buena carrera ACB de ser más consistentes, pero eran tipos que en escenarios complicados crecían mucho”, explica.

Aquello fue un ‘boom’ y el verano fue una locura. Que si se podía pagar el canon, que si no se podía. Que si el ayuntamiento daría el paso o no lo haría… Lograrlo al final fue tremendo. Pocos caminos tan tortuosos habrá habido para llegar a la ACB como el nuestro. Nos tuvimos que ir a jugar fuera porque el pabellón no estaba listo y había que arreglarlo”, evoca Rodríguez Walls. Efectivamente, mientras se construía el flamante nuevo Palacio de los Deportes (que curiosamente no se estrenaría hasta años después, ya de vuelta en la LEB), el Andrés Estrada tuvo que sufrir un lavado de cara intenso para adaptarlo a los requerimientos ACB, que no llegó a tiempo para el inicio de la competición. De hecho, sus dos primeros partidos como local, incluyendo la primera victoria (75-68 ante el León Caja España, jornada 4) los tuvo que jugar el Huelva a casi 100 kilómetros: en el pabellón San Pablo en Sevilla. Sin embargo, de esa complicación surge una de las imágenes más icónicas del baloncesto onubense. La explica emocionado, Javier Rodríguez Walls. “La gente prácticamente peregrinaba y había miles de onubenses allí. Se flotaban hasta trenes especiales que iban llenos por el baloncesto. Y ver a tantos aficionados andando desde la estación de Santa Justa hasta el San Pablo, colapsando la avenida de Kansas City, es algo para el recuerdo del baloncesto español y que se te queda en la retina si lo has vivido”, narra. “Fue algo increíble porque era una ciudad muy futbolera pero el ‘Recre’ estaba en 2ª B y ese ascenso inesperado hizo que la gente se volcara”, confirma Valdeolmillos.

Un solo curso con drama sobre la bocina

Pero como había pasado con la LEB el año anterior, la llegada a la elite resultó también un tanto acelerada. “Quizá se pagaron un poco los platos rotos de las exigencias de la ACB”, estima Valdeolmillos. El granadino cree que “fichamos bien pero no tuvimos suerte”. Y el mejor ejemplo quizá sea el de un joven Alejandro Montecchia, que firmó con los andaluces para la que iba a ser su primera experiencia lejos de Argentina. “Me lo recomendó Ramón Fernández, quien por aquel entonces estaba aún en León. Le tenía en su agenda pero todavía no lo veía para ser un primer espada a mayor nivel, aunque para Huelva era un gran movimiento sin duda. Estábamos contentísimos con él, pero un día me llamó para vernos en el hotel  y me dijo que tenía que volverse a Argentina porque su novia finalmente no podía venir a España a acompañarle”, desvela hoy Valdeolmillos. Finalmente, ‘El Puma’ no pudo jugar más que algunos amistosos como onubense. En su lugar llegó el internacional galo Laurent Sciarra, pero tras once partidos, y después de su mejor rendimiento en Huelva (15 puntos y 28 de valoración ante Estudiantes), la poderosa Benetton de Treviso fue a por él y también hizo las maletas.

Así que el equipo fue haciendo ajustes durante la temporada. Solo el veterano Granger Hall se mantuvo como americano de principio a fin, mientras que la llegada del tirador Jimmy Oliver (debutó en Manresa exhibiéndose para tumbar al TDK, futuro campeón) y Devin Davis conformó una solidísima tripleta americana. En todo caso, la derrota en Girona ante el Valvi el 21 de diciembre ya le había costado el puesto a Valdeolmillos, sustituido por Josep María Oleart. Sin embargo, y pese a mejorar algo los resultados, el balance final del equipo (9 victorias, 25 derrotas), le abocó a un ‘play out’ de descenso dramático en clave andaluza, ante el Covirán Granada. Los onubenses lo tuvieron en la mano, con 2-1 arriba y el cuarto partido en casa, pero no supieron cerrar la eliminatoria y agónico quinto partido cayó del lado nazarí tras una inolvidable canasta del ‘gordo’ John Williams. “Realmente fue un año muy disfrutado por lo que suponía pero la resolución fue dramática, por esa forma de perder en el último segundo”, se lamenta Rodríguez Walls.

Rodríguez era por entonces director administrativo del club, y al igual que con la imagen de la avenida de Kansas City, tampoco puede olvidar otro momento emotivo en aquel doloroso regreso desde Granada. “Íbamos a parar a cenar en Loja, a una media hora de Granada. Cuando llegó el equipo estaba toda el área invadida por la afición, dejando el hueco necesario para que pasara el autobús. Fue algo inolvidable y aún se me pone el vello de punta”, asegura. Además, añade que aquel descenso “dejó un enorme vacío. Hubo algunos intentos de volver y cuando realmente se quedó la miel en los labios fue con Quim Costa”. Ciertamente, en 2005 Huelva volvió a tocar la ACB. Pero sufrió un ‘déjà vu’ de aquella eliminatoria contra Granada. El equipo liderado por Sergio Sánchez, Isaac López o Alberto Corbacho dominaba la ronda final ante Fuenlabrada por 2-1 y tenía ‘match ball’ en casa. Pero aquel 85-91 del 25 de mayo supuso un negativísimo punto de inflexión para el baloncesto local. El ascenso se fue de la yema de los dedos y nunca más estuvo realmente cerca. “Era un equipo que ya llevaba un tiempo gastando más de lo que ingresaba y acabó desapareciendo”, afirma Rodríguez Walls. De ese modo, en el verano de 2008, el CB Huelva SAD echaba definitivamente abajo la persiana.

A partir de ahí, comienza la cuesta abajo del baloncesto onubense, cuya situación se convierte en un auténtico galimatías, acusando seguramente la falta de un proyecto que aúne a toda la ciudad. El curso siguiente, un club nuevo e improvisado a la carrera (CD Huelva La Luz) dio la última gran alegría a la ciudad. Tras obtener la venia federativa para salir en la extinta LEB Bronce acabó logrando el ascenso, precisamente en Fuenlabrada y ante la AD Molina murciana. Sin embargo, su existencia en categorías nacionales apenas se prolongó una temporada más. Tras ser octavo y caer en cuartos de final de Plata al año siguiente, la situación financiera del club le obligó a renunciar y a reformularse para salir en la 1ª Nacional, donde aún hoy se mantiene, tanto en categoría masculina como femenina. Mientras, los padres de la cantera del histórico CB Huelva habían creado en 2002 la Escuela de Baloncesto Las Américas, inicialmente solo con un objetivo formativo. No fue hasta casi una década después, en 2010, cuando este club inicia su andadura en categoría sénior desde la liga provincial, precisamente con Javier Rodríguez Walls en su banquillo. Pero los problemas económicos y la división seguían sobre la mesa. El Huelva La Luz se llevó el título de 1ª Nacional en 2011 y un año después lo hizo Las Américas, ya bajo el nombre actual de Enrique Benítez, sin que ninguno pudiera rubricar el ascenso ni tan siquiera a EBA. No sería hasta 2013 cuando finalmente el Enrique Benítez aprovechó la invitación de la FEB para devolver a Huelva a la cuarta categoría nacional.

Ahora está todo muy complicado. Entrené al equipo cinco años en EBA, siendo incluso directivo. Tienes que buscar un euro debajo de las piedras y el desgaste es alto. La gente acaba cansándose y no hay un empujón que te aúpe. Se ha hecho un esfuerzo importante para estar arriba en EBA y este año había opciones serias de jugar la fase de ascenso. Pero creo que el empujón necesario no existe”, explica Rodríguez Walls, partícipe incluso de algunos de los intentos de fusión con La Luz. “Su cantera funciona muy bien y nosotros estábamos más arriba a nivel sénior, se ha hecho algún intento pero no ha habido forma”, lamenta. Y es que el fondo de la situación sigue la situación económica. “El fútbol se lleva mucho dinero, el año pasado se rescató al ‘Recre’ por un dineral, mientras que en el baloncesto el presupuesto está en unos 100.000 euros de los que el 80% los consigue la propia directiva. Para dar el salto necesario haría falta un empujón de 50.000 euros al menos que todos estos años ha sido implanteable, y eso que la Oro y Plata de ahora tienen poco o nada que ver con la de hace unos años. En Huelva siempre se ha dicho que el ‘Recre’ pone y quita alcaldes y eso es algo que se está notando”, argumenta.

Realmente la mayor alegría en toda esta travesía del desierto para el baloncesto onubense fue el Conquero femenino, ni más ni menos que campeón de la Copa de la Reina en 2016, pero también desaparecido poco después. Al cierre de esta temporada, el Enrique Benítez marchaba segundo en su grupo de EBA, y ahora espera el veredicto de la FEB sobre los ascensos a LEB Plata para saber si más de una década más tarde, el baloncesto onubense vuelve a sonar en todo el país. Mientras, el legado de aquellos que invadieron la avenida de Kansas City se ha seguido notando de vuelta al viejo pabellón Andrés Estrada, con aforos muy por encima de la media en Liga EBA. “Es muy difícil encontrar una afición como la de aquí. La entrada más baja este año puede haber sido de 1200 personas y ha habido algunos partidos de más de 2000 en estos años, pero desgraciadamente el apoyo económico al deporte ahora mismo no es el que era en esta ciudad”, concluye Rodríguez Walls. En todo caso, la anómala situación generada por el coronavirus podría abrirle una nueva rendija a Huelva. De ser así, estaría por ver si la aprovecha o si los nostálgicos tendrán que seguir aferrándose a un recuerdo que ya empieza a ser demasiado lejano.