Cómo te echo de menos (VII): Ferrol, orgullo, nostalgia y triples en La Malata

“¡Hay triple en La Malata!” ¿Cuántas veces no se habrá escuchado -y se sigue haciendo- esta frase a lo largo y ancho de la piel de toro en los cuarenta últimos años? Seis palabras que calaron hondo en el aficionado en aquellos inolvidables carruseles radiofónicos de los ochenta y noventa, cuando el baloncesto soñó más en grande que nunca en este país. Porque La Malata, el pabellón de Ferrol, fue plaza trascendental en esos años de derbis gallegos con impacto nacional, cuando el OAR –club fundador de la ACB- se atrevía a tumbar gigantes y en los que la ría fue hasta sede del Mundobasket de 1986, albergando en la primera fase a la Unión Soviética, finalmente subcampeona. Hubo, ciertamente, muchos triples en La Malata. Algunos hasta pisando la línea.

Para muchos, la llegada de Juan Fernández a la presidencia del OAR es el punto de partida de la eclosión del baloncesto ferrolano. “Era uno de esos dirigentes de los 80 con una enorme personalidad. Tenía mucha visión, era un adelantado a su tiempo, un tipo brillante, ingeniero naval y gran conversador. Te convencía. Y además, vivía su pueblo. Quería transformar Ferrol a través de la construcción naval y su pasión por el baloncesto”, recuerda Anicet Lavodrama, hercúleo pívot centroafricano que pasó una década en un OAR que llegó a la aún llamada Primera División en 1980 y que estuvo hasta 13 temporadas en la elite, incluyendo en su haber tres participaciones europeas en la Copa Korac. Cree Lavodrama que había algo casi místico en el discurso del directivo: “lógicamente era un club muy humilde pero él logró, con su energía y sin decirlo abiertamente, que pensáramos que podíamos ganar a los grandes. Además entendía el juego porque había jugado y lo vivía lo con enorme intensidad”.

Cuando en noviembre de 1985 Lavodrama llegó a Ferrol procedente directamente de la Universidad Baptista de Houston, había un jugador en La Malata marcando una época: en el OAR de ‘Mico’ Saldaña y ‘Manolito’ Aller, por encima de todos reinaba Nate Davis, uno de esos americanos que en la España ochentera parecían llegados de otro planeta: de físico portentoso y vuelos imposibles para los que lo observaban atónitos desde la grada, gozaba de una descollante capacidad para meter puntos como si de hacer churros se tratase. Pero recuerda el pívot cómo todavía notaba distancias muy grandes entre su nuevo equipo y los grandes del baloncesto nacional: “mis dos primeros partidos fueron en Ferrol contra el Barça (90-102) y el Madrid (83-100) y me asombró el respeto que mis compañeros le tenían a ambos, así como el hecho de que la gente estuviera contenta tras los partidos pese a haber perdido, simplemente por haberlo hecho por ‘poco’. Yo, que entonces lloraba cuando perdía, no lo entendía pero noté que mis compañeros estaban orgullosos de lo que habíamos hecho y por eso aquel resultó un momento clave en mi integración”, subraya. Lavodrama incluso representó al OAR –tras la baja por lesión de Nate Davis- en aquel icónico concurso de mates del All-Star de Don Benito, donde quedó tercero y en el que se impuso David Russell. Ciertamente, su impacto fue súbito: llegó al OAR –dirigido por Moncho Monsalve- con un triunfo en ocho partidos y tras el duelo ante los dos ‘cocos’, los gallegos ganaron 12 de los siguientes 15 encuentros. Lavodrama entró con el pie derecho en Ferrol y su idilio con la ciudad se prolonga hasta hoy, casi cuatro décadas después de debutar en La Malata.

Del descenso a los años dorados

En el curso 1986-87 la marcha de Nate Davis y una grave lesión de Lavodrama en la rodilla fueron demasiado lastre para mantener la categoría, cayendo a una Primera B absolutamente voraz en la época. Pero el OAR –gracias a la persuasión de Juan Fernández y al sólido patrocinio de Clesa- logró mantener el bloque aun descendiendo y apenas tardaría un año en recuperar la ACB. Es en la segunda categoría cuando llega a Ferrol, procedente del Obradoiro, un base santiagués que acabaría, como Lavodrama, echando raíces en la ría: Ricardo Aldrey. “En esa época había mucha diferencia entre el ‘Obra’ y el OAR, la estructura en Ferrol era mejor y desde luego la presión muy superior. Poco menos se estaba siempre con que o se estaba en ACB o el club desaparecía. Por ello, recuerdo que me costó adaptarme al ser la primera vez que salía de casa y además comenzamos dubitativos, con tres partidos perdidos rápidamente. Fue el último año de ‘Mico’ Saldaña y supuso un poco el cambio de ciclo”, recuerda el director de juego, que pasaría siete temporadas en el equipo. “Teníamos un gran equipo, con Mike Schlegel, Miguel Juane, Valentín Ruano, Miguel Loureiro, Miguel Piñeiro… Estábamos muy a gusto y aquel año jugábamos de memoria con Javier Casero de entrenador.  Fue una temporada fantástica”, añade Lavodrama. El OAR acabaría certificando su regreso a la ACB en un playoff a tres partidos ante el Gran Canaria, entonces llamado Toshiba Las Palmas.

Pudo sorprender en su día que un tipo ya con caché como Lavodrama decidiera mantenerse en Ferrol pese a bajar una categoría. Para él el secreto está en algo que va más allá de lo deportivo: se encontraba como en casa. “Creo que no era un jugador al uso. Por mi educación, crecer en el mundo del baloncesto o jugar en la NBA no era lo prioritario. Yo de joven quería ser médico o trabajar en Wall Street. Y Ferrol me encantaba. La naturaleza, los acantilados, el puerto. Podía pasarme horas caminando. Esa era mi ilusión y aunque en verano tuve muchas ofertas de Francia, Italia o Grecia para irme, no necesitaba hacerlo. Me fundí con la ciudad, que sigue siendo mi casa después de Bangui”, explica.

Tras el regreso a ACB, el OAR pasó seis cursos más entre los mejores, y pese a mantener un bloque reconocible tuvo sus más y menos, con algunos apuros para mantener la categoría en varias temporadas. En cierto modo, los gallegos se convirtieron en el azote tinerfeño de la ACB. Así, si en 1990 salvaron la categoría en un agónico ‘playout’ ante el Tenerife Nº1, un año después repitieron logro enviando al Caja Canarias a la división inferior. “Todavía me lo recuerdan cuando voy por Tenerife”, sonríe Lavodrama, a quien la memoria de aquellas eliminatorias aún le emociona. “Lo que se vivía en La Malata, la relación con el público… Eso se queda contigo”, reconoce. Eran momentos en los que el OAR sufría para mantenerse en lo más alto y no perder un privilegio que no sabía si podría recuperar. “Se había acostumbrado a estar en la elite y no podía perderlo”, confirma Aldrey. Precisamente el santiagués fue el autor en noviembre de 1989 de una de las jugadas más icónicas del club en ACB, ganando un partido sobre la bocina al Real Madrid con una canasta concedida como triple pese a que era claramente pisando la línea de 6’25. Fue el triple más polémico de todos los que se cantaron en La Malata.

Y es que pese al sufrimiento lógico todavía quedaron muy buenos años en Ferrol. “Recuerdo con cariño ganar al Barça en nuestra primera visita al Palau Sant Jordi”, apunta Aldrey. Fue un ajustado 79-80 en noviembre de 1992 con una exhibición anotadora de Trevor Wilson, autor de 29 puntos. Al año siguiente, la llegada  del tercer extranjero a la ACB también dio buenos réditos a los gallegos: “al buen bloque que teníamos añadimos jugadores como Linton Townes, Roy Fisher o Fernando Romay y conseguimos competirle cara a cara a cualquiera, llegando a jugar incluso la fase final de la Copa del Rey en Sevilla”, prosigue el base. El OAR concluyó 15º la temporada y la cerró jugando el playoff de 1/8 de final ante el Barça, venciendo los catalanes por la vía rápida. Sin embargo, y pese al eterno día de la marmota sobre su futuro que vivía el club, pocos podrían imaginar que el 10 de abril de 1994 La Malata viviría, con triunfo culé por 76-79, su último partido ACB. La elite se acabó sin poder despedirse.

Un mazazo inesperado

“Estaba en Tenerife de vacaciones, pues cada año me tomaba un par de semanas de desconexión total tras la temporada. Tenía mucho contacto con el delegado y me alertó de que pintaba mal la cosa. Así que llamé a Juan Fernández y me lo confirmó. Fue la peor noticia de mi vida a nivel laboral, pues el año antes había firmado un contrato por 9 temporadas, 6 de jugador y 3 como técnico, y un año después todo se fue el garete. Parecía haber asegurado mi futuro y de repente solo había incertidumbre”, cuenta Ricardo Aldrey sobre la inesperada noticia que bajaba la persiana a la era más gloriosa del baloncesto ferrolano. “La situación política en Ferrol era un tanto particular y es sabido que los avales de inscripción a la competición solían presentarlos los ayuntamientos, cosa que allí no se hizo. Lo cierto es que Juan Fernández tenía un carácter fuerte y eso le granjeaba algunos enemigos por su personalidad. Y alguna lucha contra él terminó acabando con el OAR. Aunque la verdad es que siempre había cierto runrún sobre el futuro del club, aquello llegó de golpe”, añade Lavodrama. “Fue algo totalmente sorprendente. Había gente como Lavodrama, Aller y yo que íbamos a estar allí toda la vida. Obviamente no esperas algo así. Sí que el club dependía mucho de Clesa, que se había ido un año antes, y que el último año tuvimos tres patrocinadores -Pescanova, Anís Castellana y Leche Celta- después de tener uno durante un montón de años. Pero la relación con el ayuntamiento influyó y por apenas 40 o 50 millones de pesetas todo se fue al traste en muy poco tiempo”, prosigue Aldrey.

Recuerda el base santiagués cómo a su regreso tras sus vacaciones más dolorosas encontró una ciudad impactada, pero incapaz de resolver el problema. “Cuando volví a Ferrol había recogidas de firmas por los aficionados y campañas con aportaciones económicas, pero lo cierto es que nunca se estuvo cerca de esa cantidad que podía salvar al equipo”, lamenta. Lógicamente, se produjo un inevitable éxodo: Lavodrama se marchó a Valladolid, Aller a Salamanca, el mismo Aldrey a Girona. Tras un par de estertores en categorías inferiores, el OAR desaparecía definitivamente y dejaba huérfana a una ciudad que llevaba el veneno del baloncesto muy metido en su forma de entender la vida.

La entidad dejó huella en todos los que la vivieron, por supuesto en la afición pero también entre los propios jugadores. Ricardo Aldrey se quedó a vivir en Ferrol, a donde sigue también enormemente ligado Anicet Lavodrama, que incluso fue candidato a la alcaldía en los últimos comicios municipales como cabeza del grupo ‘Sentimiento ferrolano’, siendo la séptima fuerza más votada de las once que se presentaron, pero sin conseguir finalmente acta de concejal. “Ferrol es un lugar estratégicamente fantástico y que podría tener una gran calidad de vida. Hicimos una propuesta nueva, atrevida, para olvidar un poco la dependencia de la construcción naval y fomentar una economía distinta. A la gente le gustó la idea, pero hubo muchos que fueron a lo seguro, a no arriesgar, al ‘más vale malo conocido’”, lamenta quien todavía es hoy uno de los grandes ídolos de La Malata, dudoso de momento de si volverá a repetir la experiencia de ser aspirante a alcalde en su ciudad adoptiva.

Brilla el femenino, pero en masculino cualquier tiempo pasado fue mejor

Comenzó en 1994 una lucha que aún sigue hoy por recuperar la identidad del inolvidable OAR. Quizá el proyecto más sólido en esa búsqueda fue el Galicia, que llegó a pasar un lustro entre LEB y LEB 2. Allí aún jugaría tres temporadas Aldrey en la recta final del siglo XX, bajo el nombre de Abeconsa Ferrol. “Aunque era otro club, en la grada se gritaba ‘¡OAR, OAR!’”, evoca, dejando entrever cómo estaba claro que había que tirar de la historia para arraigar a la masa social. Tras varios años en EBA el club se fusionó con el San Rosendo en 2008, naciendo así el Ferrol Baloncesto. No tardaría en llegar un intento más con la aparición años más tarde del Ferrol CB. Pero progresivamente el nivel de su baloncesto masculino ha ido languideciendo, haciendo que proyectos más enfocados a la cantera, como el Recimil o el posterior Costa Ártabra –tras una nueva fusión- hayan llegado a ser los principales exponentes de la ciudad. Tan extrema fue la situación que el interés llegó a mudarse hasta la vecina localidad de Narón, cuyo equipo militó en EBA desde 2011 hasta su descenso de 2019, mientras no había ferrolanos más allá de la 1ª división autonómica. Años que ha vivido intensamente un Ricardo Aldrey que ha sido un poco de todo tras su retirada: segundo entrenador y preparador físico en el Galicia, primer técnico en el Recimil, director deportivo del Costa Ártabra y ahora, los dos últimos años, coordinador de base en el Universitario de Ferrol, probablemente la mejor noticia que queda hoy en la ría.

Porque el baloncesto ferrolano golpea más fuerte actualmente en la modalidad femenina. El ‘Uni’ fue tercero en la LF 2016-17 y cuarto al año siguiente. Cursos de oro con Lino López, socio y confidente de Aldrey –ambos comparten un campus desde hace 17 años- en el banquillo. La llama de la canasta ardía de nuevo y la masa social aumentaba sobremanera, obligando al club a abandonar el vetusto pabellón de Esteiro para rescatar La Malata, en el mejor guiño posible al pasado. Sin embargo, se volvió a dejar la sensación de oportunidad perdida. “Se renunció a jugar la Eurocup en lo que habría sido una buena oportunidad para llevar Ferrol por Europa”, lamenta el histórico base. En 2019, tras la marcha de López al Perfumerías Avenida, el ‘Uni’ directamente descendió a la LF2. Esta pasada temporada, con el regreso de López a La Malata, el coronavirus ha dejado al Universitario con la miel en los labios, pues era segundo de su grupo antes del parón, por detrás del Movistar Estudiantes, a la postre ascendido directamente.

En todo caso, Aldrey lo tiene claro: “el evento actual en la ciudad es el baloncesto femenino. El masculino lleva tiempo por debajo de sus posibilidades, a ver si ahora coge vuelo”. Y es que hay algún motivo para la esperanza: la próxima campaña el Costa Ártabra recuperará la Liga EBA para Ferrol un lustro después tras su ascenso de este año. Pero lo cierto es que pensar en cotas mayores, ni tan siquiera la LEB Plata, parece implanteable de momento.

“La gente aún me para en la calle y lo que más me reconforta es cuando lo hacen los que eran niños entonces y ahora van con sus hijos, que alucinan descubriendo que el OAR existió y jugó en la ACB”, cuenta Ricardo Aldrey. A él mismo le pasó con su hijo: “le decía que una vez le gané al Madrid con un triple y no se lo creía. Así que tuve que ponerle una vieja copia en VHS para que lo viera… Le gustó tanto el vídeo que acabó desgastando la cinta”, sonríe el gallego.

Hoy, del OAR quedan recuerdos repletos de nostalgia. También un grupo de whatsapp con 73 participantes en el que se reúnen jugadores, entrenadores y miembros de un club que durante una década y media sacó lustre al baloncesto de la ría. Lugar de encuentro para compartir recuerdos y que recientemente sirvió para apoyar al que fuera preparador físico, Rogelio Bermúdez, tras el fallecimiento de su esposa.

Bueno, queda alguna cosa más. Recortes de prensa, unas cuantas cintas en VHS y algún vídeo en youtube. Pero sobre todo, los triples en La Malata que se siguen y seguirán cantando en cualquier pachanga en toda España haciendo imborrable la huella del OAR.