¿Qué posibilidades hay de que un jugador llegue a la élite? ¿Y de que lo hagan dos compañeros de clase? O mejor aún, que no solo sean compañeros de clase… ¡sino también de pupitre! Incluso complicando la historia todavía más si cabe: ¿realmente hay alguna opción de que, además, no solo lleguen a la élite como jugadores… sino también como entrenadores? ¡Y que encima dominen Europa! Parecen sueños sacados de mentes infantiles, está claro, pero en ocasiones la ficción supera la realidad. Porque esta es la historia de Pablo Laso y Roberto Íñiguez.

Colegio San Viator, años 70/80. Dos jóvenes chavales llamados Pablo y Roberto estudiaN mientras ocupaban cualquier rato libre en el recreo para practicar deporte. Así comienza la narrativa que contó Roberto Íñiguez en Radio Vitoria hace unos días: «La gente no sabe que éramos compañeros de pupitre. Esos pupitres de San Viator, de parvulitos, en 1º de EGB, que eran de madera… Pablo y yo nos hemos criado ahí. Es curioso. Nos metieron el baloncesto y el deporte en la sangre. Pablo también, obviamente, por su padre Pepe, que lo vivía en casa. Y yo porque lo vivía en el colegio. Los dos jugábamos a fútbol de pequeños».

La semilla de la que germinó toda su pasión por el mundo de la canasta también tuvo lugar en el colegio. Así lo explicaba Roberto en antena: «Fuimos muy afortunados de tener muy buenos técnicos. Yo estaba entrenando con 17-18 años y entrenaba minis. Les enseñaba lo que me enseñaban mis entrenadores. Esa era la manera de expandir el conocimiento. Luego, evidentemente, tenías tus gustos. Hemos sido muy afortunados con la gente que nos ha transmitido su conocimiento. En Vitoria hemos tenido esas personas y el baloncesto era una religión. Lo que traía Pepe de Estados Unidos, el padre de Pablo, lo copiaban otros entrenadores, lo transmitían, te lo hacían llegar… Hemos tenido mucha suerte de vivir esos años y ahí seguimos»

Desde aquella época, las trayectorias de ambos técnicos en la máxima categoría nacional fueron paralelas pero bien distintas, con un pasado en común que lo unía todo. Mientras Roberto llegó a la ACB en 1988 y jugó con Pamesa Valencia, Gran Canaria o CB Juver MurciaPablo pudo completar casi una década en el Baskonia, pasó por el Real Madrid, CB Cáceres o Unicaja Málaga y terminó su carrera con experiencias en Girona, Lleida y Valladolid. 

En ese momento, una vez acabada su trayectoria profesional, volvieron a coincidir en unas mismas instalaciones en 2004, las del Pamesa Valencia. Mientras Laso dirigía al conjunto ACB, Íñiguez llevaba las riendas del filial. El colegio San Viator, décadas después, podía seguir presumiendo de ellos. Sin embargo, a pesar del buen futuro en los banquillos de ambos, nadie podía augurar lo que tenían por delante.

Menos de una década después, Pablo Laso era nombrado entrenador del Real Madrid. Desde aquel 2011, comenzó un proyecto que aún perdura hoy en día. El técnico vasco convirtió al equipo en un bloque sólido, con jugadores diferenciales y, en los siguientes 9 años, ya ronda las dos decenas de títulos: Copas del Rey, Supercopas, ligas y 2 Euroligas. Casi nada. Eso sí, no fue el único… Porque mientras Pablo levantaba todo aquello junto al Real Madrid, a su compañero de la infancia, Roberto, le dio tiempo a pasarse al mundo del baloncesto femenino, pisar los mejores banquillos de Europa como Ros Casares, Fenerbahçe, Girona, Nadezhda o Sopron, ganar títulos en todos ellos y coronarse en Euroliga.

En la actualidad, pocos entrenadores existen en el panorama europeo con la reputación y éxitos de ambos técnicos vascos. Y, a pesar del transcurso de los años, la ilusión por lo que se viene en el día de mañana no cesa. Roberto Íñiguez entrenará al Perfumerías Avenida la próxima temporada, un año en el que contará con una plantilla joven y de calidad, asumiendo de nuevo un proyecto de gran magnitud. Por su parte, Pablo Laso seguirá haciendo este mes lo que viene realizando durante la última década. La fase final de la Liga Endesa aguarda y el Real Madrid luchará por hacerse con un título más. En definitiva, dos nuevos retos para dos técnicos que no se cansan de ganar.

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