Leo Westermann.

Estaba llamado a ser uno de los grandes bases europeos de la década.

Asombró en el Europeo sub-20 disputado en 2012, en el que su selección (Francia) alcanzó la plata, sólo superada por Lituania en la final. En la cita eslovena este base galo fue el MVP (12.6 puntos y 4.3 asistencias) dejando momentos muy brillantes, teniendo en cuenta su tamaño (cercano a los dos metros) para actuar de uno, convirtiéndole en un factor diferencial.

Manejaba muchísimos recursos y causó sensación en un torneo en el que también despuntaban jugadores que han pasado a profesionales en la actualidad como Rudy Gobert o Dani Díez.

Westermann firmó en 2012 por el Partizan de Belgrado y pese a su juventud dejó fantásticos detalles en la Euroliga, pero una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla (el mismo problema que sufrió años antes) cortó su progresión. Los fantasmas volvieron a aparecer y le obligaron a parar.

En el verano de 2014 el FC Barcelona se hizo con sus derechos pero rápidamente le cedió al Limoges, esperando a ver cómo evolucionaba por si interesaba de cara al futuro, teniendo en cuenta su gran talento.

El club azulgrana pudo incorporarlo pero decidió no contar con él y, a pesar de la decepción, el base nunca quiso usar esa palabra. “¿Decepcionado? Esta palabra es un poco fuerte. Lógicamente, mi objetivo era venir aquí (Barcelona) y no he tenido la oportunidad de hacerlo. Podríamos decir que fue un fiasco”, en una entrevista en L’Esportiu.

Tras ese verano comenzó todo a fluir, a ir bien, quitarse la presión y avanzar. Del Limoges pasó al Zalgiris de Jasikevicius donde jugó 30 partidos ese curso con muy buenas sensaciones. Ese gran año le llevó al CSKA donde fue parte importante de la rotación del equipo.

La mala suerte le llevó perderse la Final Four ante el Real Madrid y tras un año en Rusia volvió al Zalgiris en la 2018-19. Con 26 años y en la madurez de su carrera, el base firmó su mejor temporada, siendo clave en la Euroliga con 6.8 puntos, 3.1 asistencias y 2.1 rebotes en 17 minutos de media en 27 partidos.

Ahora le ha llegado otra gran oportunidad, a las órdenes de Obradovic en el Fenerbahce.

Con Sloukas y Dixon, más De Colo, el jugador ayudará en esa posición de uno y dos, teniendo opciones de aportar al equipo en cualquier momento.