Muchas veces, ante la llegada de cualquier partido, su desarrollo y final, cada jugador-a suele reaccionar de una manera diferente. Propongo una, tal vez muy personal, pero sin duda también generalizada. Sensaciones que en ocasiones te agarrotan y maltratan por dentro.

*Iñaki Garaialde, exjugador del Baskonia y hasta la temporada pasada analista en Radio Vitoria, donde ha comentado más de 2.000 partidos

TIC-TAC, TIC-TAC.

Tic-tac, tic-tac, …miro cómo las agujas del reloj del abuelo pasan demasiado lentas para mi gusto. Falta una eternidad para que empiece el partido y el reloj tampoco me tranquiliza. No he dormido muy bien que digamos, pero me ha venido bien el entrenamiento de la mañana para soltar tensión. No me duele nada y tengo buenas sensaciones. También tengo dudas, pero no tengo ni tiempo ni ganas para comerme el tarro.

Tic-tac, tic-tac, …no me aguanto ni a mí mismo. Me pongo de lo más insoportable con los que me rodean y ellos no tienen la culpa …¡joder! Por eso hoy, cuando he notado que la tensión me sobrepasaba, he decidido salir antes de casa para tranquilizarme con los compañeros. Hoy es un día importante para todos, lo sé, lo sabemos, y por eso hemos trabajado un huevo para que termine bien. Necesitamos dar un paso adelante.

Tic-tac, tic-tac, …no falta mucho y el corazón me late a toda leche. Lo noto perfectamente y me doy cuenta que de vez en cuando tengo que coger y soltar un montón de aire para sentirme mejor. Necesito hablar con alguien, pero como he sido el primero en llegar, la visión del vestuario vacío tampoco me ayuda. Voy a repasar lo que tengo que hacer, voy a vendarme, no puedo estar quieto. Tengo que hacer algo para canalizar mi ansiedad.

Tic-tac, tic-tac, …los compañeros van llegando y me alegro de verlos. En estas circunstancias estoy más a gusto con ellos, un comentario aquí y otro allá sirven para relajarnos. ¡Ostras! Se me ha olvidado … ¡ah no, está aquí! ¡Menos mal! Cada uno a su rollo, nos vamos preparando siguiendo el mismo ritual de siempre, cada uno con sus manías, costumbres y supersticiones.

Tic-tac, tic-tac, …calentamos con la mente puesta en los apoyos, en el salto, en el gesto. Vamos chocando las manos cada vez que nos cruzamos para decirnos sin palabras que no estamos solos, que cuentes conmigo, que cuento con ellos. Busco las mejores sensaciones y trato de descubrir las de mis compañeros. Parece que va bien porque la tensión que te agarrota desaparece.

Tic-tac, tic-tac, …está a punto de empezar. Nos juntamos para los últimos consejos del entrenador que nos comenta los matices para empezar bien. Vale. Ya casi no pienso, sólo tengo que hacer ésto, éso, …también aquello, que no se me olvide ¿eh? ¿Qué había que hacer cuando ..? ¡Joder cuántas dudas! ¡Fuera todas, a lo hecho pecho y con un par!

Tic-tac, tic-tac, ¡Ya! Ha empezado y como no hay vuelta atrás, necesito entrar en faena lo antes posible, necesito aliarme con el tiempo y con los compañeros. Es curioso, la tensión y las dudas van desapareciendo a medida que vas haciendo carreras de un lado a otro, y en su lugar se hacen más claras las cosas que hemos trabajado. Todo va bien y el reloj sigue lento de cojones. Tic, tac, tic, tac, …ahora no pinta bien y el jodido reloj va a toda máquina. Vuelvo a notar los latidos, ahora en las sienes.

Tic-tac, tic-tac, …tenemos que darle la vuelta a ésto. Este balón es importante; este pase fundamental; me ayudo del compañero para apretar en esta defensa; ése es un bloqueo para que tires más cómodo; gracias por la asistencia que me has dado; vaya falta personal más estúpida que he hecho.

Tic-tac, tic-tac, …me voy al banco, choco la mano con el compañero que me sustituye, estoy seguro que lo va a hacer fenomenal mientras yo juego el partido desde la banda, apoyando, animando, colaborando, …nos hace falta robar un balón para estar más tranquilos, y un rebote, y una canasta. Leo el partido sentado, miro a mis compañeros y también a los contrarios en busca de debilidades.

Tic-tac, tic-tac, …entro a cancha de nuevo. Rápido me pongo de nuevo a 190 pulsaciones; tengo la boca seca y pocas reservas. Lo noto. Ya no me duele el golpe en la cara de hace unos momentos, ni hay motivos para quejarme ante nadie. Tampoco ahora hay lugar para las dudas, tengo que vaciarme para que, pase lo que pase, no me quede la sensación de haber podido hacer algo más. Ya no es posible priorizar esfuerzos.

Tic-tac, tic-tac, …esto se acaba, un último esfuerzo sin perder la concentración, que no es un buen momento para cometer errores. Estoy cansado, machacado, me duele todo, pero no me importa. No distingo el ruido ensordecedor que me llega de las gradas, ni reconozco las voces del entorno, tampoco recuerdo los últimos consejos ni los últimos detalles importantes del último tiempo muerto. Voy a mil. Por momentos estoy perdiendo la noción del tiempo y tengo la vista un poco nublada. Última mirada al marcador. Balón de partido.

Tic-tac, tic … Se acabó. TAC!, el partido. Antes de hacer piña con mis compañeros, saludo uno a uno a los del equipo contrario, agradeciéndoles sin palabras haberme enseñado a evaluarme a mí mismo. También al entrenador y a los árbitros. Aplaudo mirando a las gradas, a los indispensables vengan de donde vengan. Toca potenciar las habilidades para minimizar mis errores …a partir de mañana.