El CSKA de Moscú es el nuevo rey de la Euroliga. Lo ha logrado tras vencer 83-91 al CSKA de Moscú en el duelo por el título, colofón a la Final Four disputada en Vitoria. Es el segundo título del cuadro ruso en la máxima competición continental en la última década, tras el logrado en 2016. Will Clyburn fue elegido MVP de la Final Four.

Las claves de la final:

Letales desde el triple

El CSKA se presentó en Vitoria como el equipo, de entre los cuatro candidatos al título, que menos peso daba al triple en su ataque. Solo el 35% de sus tiros de campo eran de tres, una de las cinco marcas más bajas en toda la Euroliga esta temporada. Y sin embargo ese recurso, el triple, le acabó dando la llave de la final. Los rusos anotaron 14 en 22 triples (64% de acierto).

Clyburn y Higgins (8/10 entre ambos y 20 puntos cada uno) marcaron el ritmo. El cuadro de Itoudis aprovechó de forma fantástica sus tiros abiertos e hizo muy compleja la defensa el Efes, que cerró caminos hacia el aro, donde esperaba el monstruoso Dunston, uno de los mejores intimidadores de Europa. La alternativa, esperar que los rusos no acribillasen desde el perímetro, salió cruz. El CSKA acabó la final por encima del 50% en tiros de dos, del 60% en tiros de tres y del 80% en tiros libres.

La respuesta mental y los secundarios

El CSKA dominó el partido desde el inicio pero tuvo que enfrentarse a dos momentos que bien pudieron haberlo cambiado. Dos rachas negativas que podrían haber desecho la fortaleza mental del bloque ruso. El Efes cerró el segundo cuarto con un 14-3 de parcial, para irse solo dos puntos abajo al descanso (42-44). La respuesta tras el descanso fue no obstante muy buena.

Pero de nuevo Efes lanzó otro parcial para cerrar el tercer cuarto, un 8-0 que les volvió a acercar a seis puntos (62-68). Y el CSKA supo hacerse de nuevo con el control emocional del partido. Los rusos dominaron en lo bueno… y resistieron en lo malo. En esto último también hay que destacar su sufrimiento con el rebote defensivo, con el Efes capturando 15 balones en su aro que podrían haber desquiciado al cuadro de Itoudis.

Buena parte de su éxito lo construyeron los secundarios, de trabajo oscuro pero muy eficaz. Y es que más allá del poder anotador de Higgins, Clyburn y De Colo (55 puntos entre los tres) o los respiros puntuales que pudiera dar Sergio Rodríguez (anotó dos triples aunque tuvo un día gris), en el CSKA brilló el poderío interior de Hines (cuarta Euroliga para él) y Hunter, dos cincos pequeños pero fuertes y móviles capaces de aguantar defensas lejos del aro. También lo hizo el oficio de Hackett y Kurbanov. Fueron el músculo de un cuadro ruso que pudo tocar la gloria.

Larkin, un coloso

Después de su histórico partido en semifinales (30 puntos, 7 rebotes, 7 asistencias y 43 de valoración), tenía el listón alto… y los planes defensivos del CSKA centrados en reducirle. Pero volvió a hacerlo. Larkin anotó 29 puntos y fue en todo momento la luz ofensiva del equipo de Ataman. No dudó en atacar el aro, al ver cómo la defensa interior rusa (con Hines y Hunter como emblemas) era capaz de sostener marcas muy lejos del aro e incomodar tiros de tres. Y fue una máquina de producir.

A pesar de la derrota, Larkin ha dejado su sello en la Final Four (59 puntos y 67 de valoración) y se ha consagrado como uno de los anotadores más prodigiosos del baloncesto europeo. Tras destrozar al FC Barcelona Lassa en la eliminatoria de cuartos de final, tocó el cielo apabullando al Fenerbahçe en semifinales y dejó otra soberbia actuación, aunque sin premio, en la final.