La serie The White Shadow, programada por la cadena CBS de 1979 a 1981, presentaba la historia de Ken Reeves, ex jugador blanco de la NBA, que comenzaba su carrera en los banquillos en la zona sur de Los Ángeles, en el instituto Carver, con un alumnado en su mayoría afroamericano e hispano. Emitida en blanco y negro y en una era en la que en Turquía solo había un canal de televisión, esta serie comenzó a cautivar a la audiencia otomana en 1980, causando un impacto tal que su protagonista ha visitado posteriormente el país en varias ocasiones. Si Antonio Ferrandis pasó a ser Chanquete después de Verano Azul, Ken Howard, el actor protagonista de The White Shadow, ya es el entrenador Reeves para los turcos de aquella generación. Los entrenamientos de los equipos, incluso de los profesionales, se programaban en función de a qué hora se emitían los episodios de esta serie, los jugadores tenían órdenes de no protestar las faltas personales para no alargar los partidos, de modo que así diera tiempo volver a casa y ver el nuevo capítulo de la saga. Durante un tiempo, uno de los motes más populares entre la juventud turca era el de “Salami”, uno de los jugadores del instituto Carver. Las opiniones coinciden en que este serial estadounidense fue decisivo para que el baloncesto impregnara el gusto del aficionado turco para siempre.

La pasión turca por el baloncesto dura ya 35 años. Su selección se ha convertido en una de las mejores del mundo (actual subcampeona) y varios de sus jugadores más destacados ya han pasado por la NBA. La liga es una de las más atractivas de Europa, con instalaciones modernas, un ramillete de equipos de primer nivel y mecenas con suficiente dinero con el que atraer a las principales estrellas del baloncesto FIBA. Tampoco resulta baladí que la compañía aérea Turkish Airlines sea el principal patrocinador de la Euroliga, por lo menos hasta el año 2020. Frente a este panorama tan atractivo, el balance de los equipos turcos en competiciones internacionales es paupérrimo: un título de Copa Korac del Efes Pilsen en 1996. No hay más. El mismo equipo ha sido también el único que ha conseguido clasificarse para una Final Four de la Euroliga, y de eso hace ya 14 años.

Buenos sueldos, país emergente y penúltima parada antes de poner el punto final a la carrera deportiva. Tanto en fútbol como en baloncesto, ésa es la oferta que han puesto sobre la mesa los equipos turcos para reclutar a algunos de los mejores jugadores del continente durante años. Un balneario donde engordar la cuenta corriente sin que las expectativas fueran más allá de ganar algún título nacional. Si en baloncesto hay alguien capaz de revertir esa rígida tendencia en términos continentales es Zeljko Obradovic. Con esa intención fue contratado por el Fenerbahce Ulker el pasado verano, después de su año de reposo y residencia en Badalona, tras abandonar el Panathinaikos. Carta blanca, fichajes al gusto, dinero a espuertas y un lema: “Zeljko siempre tiene la razón”. Esa fue la propuesta que la directiva le puso sobre la mesa, además de tres millones al año para él y un equipo que se puede ir al final de la temporada a un presupuesto de casi 35 millones de euros. Pagaron traspasos por Bjelica y Zoric, invirtiendo en estos dos jugadores casi seis millones entre el salario del primer año y las compensaciones a los clubes de origen. El ocho veces campeón de la máxima competición europea, desde Yugoslavia, España y Grecia, llegó para convertirse en el nuevo coach Reeves que toda Turquía estaba esperando.

Pero nadie, sobre todo el propio Obradovic, dijo que la tarea fuese a ser fácil: “Muchas veces antes de ganar algún título hay que jugar y perder alguna final, como parte del proceso de maduración de un equipo. Algunos de mis jugadores, que jamás han ganado nada, tienen que aprender cómo se gana, cómo se crea una mentalidad ganadora, cómo se coge confianza en las posibilidades de cada uno. Y eso es un proceso, necesita tiempo“. El tiempo presente le está dando a Zeljko la razón. A falta de dos jornadas para que finalice el Top 16 de la Euroliga su equipo lo tiene complicado para estar en los cuartos de final: debe ganar sus dos partidos y esperar que uno de los dos equipos griegos, Olympiacos y Panathinaikos, con los que tiene perdido el desempate, pierdan sus dos compromisos. Incluso Unicaja, que comparte idéntico número de victorias y derrotas con Fenerbahce, también le ha ganado el basket average al equipo de Obradovic en sus dos enfrentamientos.

El Fenerbahce inició la Euroliga como un tiro, ganando los seis primeros partidos, incluido un espectacular triunfo por 26 puntos ante el CSKA de Moscú. A partir de entonces el balance es de 7 victorias y nueve derrotas. En estas cuatro últimas semanas, decisivas para el descuelgue del equipo presidido por Yildirim, el mayor sonrojo lo ha provocado Linas Kleiza, el jugador mejor pagado de la competición, que firmó 3.3 millones de euros netos anuales (más incentivos) en el primero año de un contrato de dos, tras ser amnistiado por Toronto Raptors. El ala-pívot lleva años como un blue chip de excepción, todo un experto en firmar buenos contratos: NBA, Grecia y ahora Turquía. En la franquicia canadiense su rendimiento fue de más a menos por problemas de rodilla, lejos de las aportaciones que ofreció en Denver. Pero se llevó unos cuantos millones en su cuenta, por eso su reputación allí es la de protagonista de una de las peores operaciones de fichaje de un agente libre en la historia de los Raptors. Un jugador de peinado y estilo bohemio, como la vida de sus padres en Nueva York, dedicados a decorar mansiones de gente adinerada pintando murales y frescos de gran valor artístico. Quizás Obradovic le haya puesto ya la cruz a Kleiza, o al menos lo haya puesto contra el muro. ¿Por fresco? Ha promediado veinte minutos en los últimos cuatro partidos.

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