Tras cada triple hay una explosión y una llama de energía posterior, el baloncesto vive del acierto exterior y de quién pueda conseguirlo desde la nada, desde una ventaja mínima. La llama de Jaycee Carroll parece que se apaga, pero solo se esconde para avivarse y calentar al equipo que más usa el tiro exterior en Europa.

Jaycee Carroll juega a esconderse, no desde la manida metáfora deportiva de no querer la bola, no. Eso nunca. Ante una plantilla larga, con muchos jugadores de una experiencia y edad por encima de 30 años, Carroll por tramos de la temporada suele estar escondido a ojos de los encargados del informe del rival. Tienes que reportar cualidades de tantos que a veces olvidas que entre los peligros más grandes del Real Madrid están las explosiones del anotador llegado de Wyoming.

La temporada pasada, la pareja de Jaycee Carroll dejó escrito en RRSS que sería el último año y que ya se volvían a USA. Se interpretó como el punto final de una carrera legendaria, demasiado pronto anunciado en temporada (otoño) y de una forma inusual. La realidad es que grabaron el vídeo tradicional de Halloween todos los Carroll bailando disfrazados y después llegaron los desmentidos sobre retirarse. Los rumores se escondían en que acababan de terminar la construcción de una casa preciosa en el norte del estado de Utah, todo llevaba al final deportivo.

No ha habido más vídeos danzantes, Baylee Carroll y los hijos pequeños se fueron de vuelta, Jaycee, se quedó, afrontó la pandemia, el verano y la vuelta a ponerse en forma. Un proceso que para él es más largo. Sí ha habido más vídeos del jugador rubio levantándose con esa tan característica y rápida flexión de rodillas en el aire que lleva a los talones hacia los glúteos, ese flash del salto de la rana, que le equilibra y que le levanta para tirar pocos centímetros por encima del punteo. Esos triples defendido, esos rizos (curl down) hacia el aro, ese ir a por su propio rebote reflejo del juego en el patio del colegio donde tú tenías que buscarte las habichuelas para volver a tocar el balón, donde el pase no era probable.

Jaycee Carroll se esconde en sus 37 años, mejor dicho su cuerpo por momentos se resguarda en la edad para al cabo de las semanas, asomar esa cara de ángel y tomar memoria muscular de lo que sabe hacer bien, millas de juego sin balón hasta que le llega y extermina. Ángel exterminador, de defensas. No hay táctica colectiva, los triples que aún le quedan en las alforjas son indefendibles, es más, sin ventaja es como toma más concentración.

El hombre que aprendió castellano de misión mormona en Chile, No sabemos si pisará las calles nuevamente de lo que fue Santiago pero ha liberado hermosas plazas como Las Palmas o Madrid, sin detenerse a llorar por los defensores pillados en bloqueos indirectos, vino del desierto calcinante de Utah, salió de los bosques y los lagos de Wyoming, donde disparó los primeros triples para evocar en un cerro de la Calle Goya, más temprano que tarde, sin reposo, un lugar en la historia del Real Madrid.

Este escolta más que tirador, anotador de oficio, se esconde en los sistemas preparados y cantados para él. Llegado al equipo blanco 15 minutos más tarde que Pablo Laso, es una década de enriquecer el libro de jugadas con un porcentaje enorme de sistemas con bloqueos indirectos para lo que es la táctica contemporánea del “no hay nada, que suba un grande a ponerme bloqueo”.

Si Carroll está fino, estos sistemas se usan más. No por usarlos más, Carroll llegará a 30 puntos, o sí, pero el equipo se resentirá porque sus minutos son demasiados, y en defensa dejan asuntos por cerrar. En el Olimpo de los entrenadores, los sistemas y la táctica hacen buenos a los jugadores, en el concepto ganador del Real Madrid, los jugadores definen la pizarra y esta se amolda a su acierto, talento siempre que eso lleve a la victoria. Un entrenador que no te lo dice, que esconde sus intenciones, pero que no quiere el pedestal de los gurús, sino los títulos y ganar los partidos importantes. Cuestión de preferencias y escondites.

Carroll no se deja ver, espera en madrigueras y refugios creados en la proyección de los cuerpos de Tavares, de Thompkins, de Garuba, de Felipe. Los atroches de los caminos del lado izquierdo de la cancha para salir con su pie derecho o su mano derecha. El campo traviesa de la táctica lo obliga la persecución, los autos locos en un tráfico con carriles llenos de hombres de más de 2.05 y 110 kilos de peso.

Caminaba el equipo de Pablo Laso invicto en ACB y perdido en Euroliga, cuando el entrenador decidió que en la posición de escolta recuperaba la titularidad, minutos en ascenso en los encuentros en los que ha empezado en el quinteto: 11, 14, 19 y 17 puntos tras 4 partidos inscrito en el acta desde el principio. Contra Bayern de Munich, él y Randolph resucitaron y ayudaron con acierto y puntería a ganar de 20 a uno de los equipos sorpresa de este inicio tan diferente de la competición europea. Sobre resurrecciones, los mormones creen que cuando la segunda venida esté cerca, levantarán una ciudad llamada Nueva Jerusalén, ubicada en el estado Missouri, en los Estados Unidos.

Pero el verdadero ‘salvador’ de situaciones espesas, de partidos duros, Jaycee Carroll, más que a Missouri, dónde encamina sus pasos es donde ha construido otra casa, ya como negocio, es en el vértice entre Utah, Wyoming e Idaho “The Hide Out”, el escondite. Una casa rural pegada al “Lago del Oso” Bear Lake, cabaña de alquiler para grupos de hasta 28 miembros (¿familias mormonas?) a diez minutos de las pistas para esquiar en invierno y con acceso a la playa privada de Legacy Beach. Su legado está presente, está viviente y aún hoy permite a su equipo poder pensar en grandes ambiciones. Antes de colgar las botas de baloncesto y gestionar reservas seguro que quiere levantar títulos esta temporada, los títulos que serán más satisfactorios por lo complejo que están siendo los inicios de un periodo deportivo donde Jaycee Carroll ha vuelto a aparecer.