El Real Madrid se ahoga en las trincheras. Crónica del CSKA de Moscú – Real Madrid

El Real Madrid no podrá revalidar su corona en la Euroliga tras perder ante el CSKA de Moscú por 95-90 en la segunda semifinal de la Final Four, que se está disputando en Vitoria. El equipo de Pablo Laso controló el duelo durante 34 minutos hasta que la mezcla entre el renacimiento de Nando De Colo y la frustración acabó desembocando en tragedia.

El cuadro madridista llegó a dominar hasta por catorce puntos en el tercer período (51-65), navegando cómodamente por un partido que gestionó desde el tiránico dominio inicial de Walter Tavares en ambas zonas (6 puntos, 7 rebotes y 3 tapones en sus primeros ocho minutos en pista) y por la madurez competitiva adquirida durante este ciclo ganador. El Real Madrid salió a la cancha e impuso su condición de rey de Europa, sin embargo ambos factores (Tavares y control emocional) se fueron evaporando a medida que el encuentro llegó por completo a territorio de guerrillas. El Madrid acabó perdiendo ese mismo control que durante todo el partido había protegido. El mismo que le hizo un equipo tan difícilmente accesible.

De Colo (23 puntos, 19 de ellos en la segunda mitad), agazapado y reducido los dos primeros cuartos, comenzó a atacar mucho más el aro en la segunda mitad. Fue constantemente a la línea de tiros libres y el Real Madrid comenzó a caer, frustrado por vivir un partido demasiado entregado al barro -muchísimos contactos, faltas y errores- y en el que el tiro exterior, su medicina más recurrente ante esos escenarios, no acompañó (7/24) para dar aire.

Al citado golpe inicial de Tavares, protagonista del primer cuarto, respondió el CSKA con Sergio Rodríguez y Kyle Hines, ya que ambos salieron desde el banquillo. El Chacho fue vital y ofreció un clínic desde el pick&roll, saliendo por ambos lados, usando el rebloqueo y castigando a placer empleando el catálogo completo de dominio del cuerpo y toque para el tiro o la asistencia.

El canario rajó la defensa madridista desde ese primer bloqueo en la línea de tres y revitalizó a un cuadro ruso que fue siempre a remolque. Con De Colo controlado y Clyburn intermitente, la magia del base español del CSKA logró nivelar la contienda a la media parte (43-45), a pesar del extrardionario (y silencioso) rendimiento de Causeur, que acabó con 18 puntos en 15 minutos en pista. Para lo visto en el CSKA, esa mínima desventaja ya era un éxito.

El Real Madrid, con ese panorama, veía un par de problemas en el horizonte. El primero era el mal día de Llull (-16 de parcial con el balear en cancha), incómodo en todo momento y errático desde el triple (1/10). Un problema mitigado en buena medida por el carácter de Facu Campazzo (especialmente determinante en el tercer período, donde el cuadro de Laso abrió su mayor brecha en el marcador) pero que acabó condicionando en el último. Y el segundo era que De Colo no estaba pero aún se le esperaba.

Itoudis ordenó cargar el aro madridista, mucho más vulnerable sin Tavares en pista. El francés le sacó la cuarta falta al gigante del Real Madrid en el tercer parcial y a partir de ahí el CSKA vivió en la línea de personal (42 tiros libres intentados). Su progreso atrás, asfixiando a un bloque de Laso que vio cómo, sin triple, su ataque circulaba por un camino cada vez más estrecho, hizo el resto. El CSKA se hizo grande en defensa, las ayudas eran mejores y el aro parecía más pequeño.

En ataque a los rusos les bastó con sus bases martirizando en el pick&roll y las apariciones puntuales de Clyburn y Higgins. A medida que la diferencia en el electrónico menguaba el Real Madrid fue perdiendo el control de sus propias emociones. Una técnica a Pablo Laso, a seis minutos del final, desencadenó el drama final. Los rusos equilibraron el partido (80-80) a cuatro minutos del término del duelo, con tres pilares blancos (Campazzo, Rudy y Tavares ya cargados de faltas) y un triple asesino de De Colo se clavó como un puñal en el ánimo del campeón (87-85).

No pudo dar respuesta el Real Madrid, cuyo aprendizaje de estos partidos, llevados al barro en momentos de máxima presión, le ha hecho convertirse en un gigante continental. Y es que más allá de la plenitud ofensiva, que acompañó de inicio a la obra de Laso, la mayoría de edad se la dio el entender y vencer esta clase de encuentros cuando tocaba remangarse.

En Vitoria, sin embargo, no fue así.

Los 30 puntos recibidos en el último cuarto fueron su condena. Las trincheras, en las que el Madrid aprendió también a vivir y vencer estos años, acabaron siendo su final. El CSKA jugará el domingo por el trono europeo, ante el Anadolu Efes, un trono que solo ha conquistado una vez (2016) en la última década.