En estos tiempos que corren en los que el triple ha adquirido un valor trascendental para el baloncesto asegurar buenos porcentajes desde el perímetro parece el mejor camino hacia el éxito. En la mayoría de competiciones los equipos que copan las posiciones más altas suelen ser elite en lo que a la amenaza de tres se refiere. Y ante la incesante evolución del nivel defensivo, cuando no sobra el talento, debe ser el trabajo colectivo el que lleve a elevar el acierto desde el 6’75. Esa es la gran piedra filosofal del baloncesto actual, tanto aquí como allá, en casi cualquier lugar. El maná que abre las puertas del cielo. 

Cualquier tirador que asegure hoy un 40% en triples será inmediatamente considerado como una enorme amenaza exterior y la orden en su defensa será pasarle siempre los bloqueos por delante. Se considerará sacrilegio que un jugador del equipo le pase una pantalla por detrás, pues la posibilidad de que apenas un segundo más tarde el rival sume tres puntos más es más que elevada. No hablemos ya de aquellos jugadores que se mueven en el entorno o por encima del 50% ante los que no pasarles un bloqueo por delante suele ser sinónimo de irse al banquillo de inmediato. 

Bien, ¿se imaginan lo que supone tener a un jugador que asegure anotar un 72’7% de los triples que lanza? Pues ese es exactamente el escandaloso porcentaje de acierto que lleva esta temporada en la Turkish Airlines Euroleague Niels Giffey, alero alemán del Alba Berlín que, transcurridas ya once jornadas, ha encestado 16 de sus 22 lanzamientos de 3. Una auténtica locura. 

Baste echar un vistazo a los líderes en porcentaje de la competición continental desde que adquirió con la llegada del siglo XXI el nombre de Euroliga para contextualizar los números de Giffey. Si bien el mejor tirador de Europa casi cada temporada se ha movido por encima del 50% (excepto Antonio Granger del CSKA en la 2004/05, con un 48’3%), sólo en nueve de las veinte campañas celebradas incluyendo la actual se ha logrado al menos un 55%. 

Pongámonos un poco más exquisitos y veamos que por encima del 57% sólo ha ocurrido en cinco ocasiones en dos décadas: lo hicieron Jorge Racca (PAOK) en la 2000/01, con un 59’3%, Ksystof Lavrinovic (Montepaschi Siena) en la 07/08 con un 57’9%, Demetris Nichols (CSKA), que firmó un 57’5% en la 2014/15, Johannes Voigtmann (Kirolbet Baskonia) con un 57’7% en la 17/18 y el más sorprendente de todos, el polaco Pavel Wiekiera del Idea Slask que concluyó el curso 2002/03 con un mareante 60%, al encestar 18 de sus 30 tiros. Eso sí, apenas jugó 14 partidos, pues aquel era un sistema muy distinto al actual y en el que los polacos no llegaron demasiados lejos.

Efectivamente, nunca nadie ha superado en Euroliga el 60%, ni olido de cerca el 65% ni imaginado un 70% desde el triple… Hasta el marciano acierto de Giffey, que se acerca al 73% después de encestar sus dos tiros en la victoria berlinesa ante el Zalgiris Kaunas el pasado jueves. 

Niels siempre ha sido un buen tirador, sobre todo en estático”, asegura a Kia en Zona Carlos Frade, uno de los miembros del cuerpo técnico del Alba Berlín, junto al que descubrimos algunos de los secretos del tirador teutón. “Su acierto le viene principalmente porque la mayoría de tiros están bien tomados, casi nunca le vas a ver un lanzamiento malo porque él no asume esos tiros ni toca tanto el balón para lanzar después de dar muchos botes o con mucho manejo previo”, apunta el técnico madrileño. Y es que en el ADN de los de Aíto García Reneses está, ante todo, el compartir el balón. No en vano, los amarillos son el equipo que más asistencias da en la Euroliga, con casi 20 por partido hasta la fecha. Los datos reflejan las palabras de Frade, pero igualmente muestran que Giffey jamás había tirado con la certeza actual: desde su fichaje por el Alba tras su paso por la NCAA, la mejor temporada del alero en Europa fue la 2016/17, donde alcanzó un 42’9% en Eurocup, similar al 42’7% del curso pasado. En la Bundesliga su mejor registro fue el notable 47’8% de la 2017/18… Hasta este curso, donde también se va hasta un 51’9%. No, no parece casualidad su evolución en la certeza exterior.   

En el Alba de momento no notan en el acierto de Giffey haya generado una atención especial sobre él. “No puedes defenderlo pegado para dejar a Eriksson, Giedraitis o Hermannsson liberados”, atestigua Frade, que entiende que “él se está beneficiando de que la atención está más en otros. Y como somos un equipo que pasa bien el balón él saca partido”. Sentencia el entrenador que “detrás de sus porcentajes hay mucho trabajo de equipo”. 

El español conoce bien la evolución del alero, con quien ha trabajado mucho desde que llegara a Berlín por expreso deseo de un Himar Ojeda con el que coincidiera en el Gran Canaria hace ya más de una década. “Es un tipo muy tranquilo, con buena mentalidad, por algo es uno de los capitanes del equipo”, aclara. Pero aunque “es de los que invierten mucho tiempo en trabajar horas extras”, valora Frade, curiosamente este año sea, de los últimos, el que menos esté dedicando a ello, con el ritmo endiablado de partidos y poco entrenamiento que supone jugar la principal competición continental. 

En ese escenario parece que el secreto de Giffey está en lo mental. El pasado verano comenzó feliz, renovando dos temporadas por el Alba. Contrayendo incluso matrimonio. Pero acabó torcido tras el fiasco de Alemania en la Copa del Mundo, donde su rol además fue mucho más marginal de lo que esperaba. “Después del mundial vino con un plus de hambre y ganas para desquitarse y le ha servido para estar tranquilo. Además con las lesiones que hemos tenido ha jugado mucho y alternado varias posiciones y realmente no es que esté tirando bien, sino que está jugando bien”.

Con 28 años recién cumplidos Giffey está llegando a su madurez. En cierta medida es lo que los americanos llaman un ‘late bloomer’, jugador de explosión tardía. Llegó a la Connecticut de Kemba Walker y Jeremy Lamb como un tipo de esfuerzo abnegado y polivalente, pero sin demasiadas cosas que garantizaran que su carrera iba a ser notable. Pero su progreso allí, primero a las órdenes de Jim Calhoun y luego con Kevin Ollie, fue reseñable, y como freshman disfrutó de un título en 2011 que repitió por sorpresa como senior en 2014, ya con mayor participación. Luego volvió al Alba Berlín en el que ya se había formado antes de saltar a Estados Unidos, pero de su experiencia con los Huskies de UConn cogió cosas para la que hoy es su particular rutina de lanzamientos antes de cada partido, cuando las luces del pabellón apenas se están comenzando a encender. Ahí aparece siempre el alemán, como tantos otros. “Cada uno es de su padre y de su madre en sus manías previas, pero lo que hace especial a Niels es que tira muchos tiros en su rutina”, asevera Carlos Frade. 

Al final, la clave, está en “tomar buenas decisiones y no abusar de los tiros”, concluye Frade. Y en eso Niels Giffey, en el caldo de cultivo ideal para ello que es el juego coral del Alba Berlín, está visto que ha encontrado su lugar.