Esto sólo puede pasar en Serbia, y concretamente en el Partizan. Allí existe una comunión perfecta entre jugadores y afición. Se valora y se respeta a la afición, y eso es innegociable. Tanto como para que después de perder el derbi más caliente de Europa, el duelo ante el Estrella Roja (63-57) en Belgrado, tengan que quedarse a cantar con su afición.