Esta historia se remonta a otoño del año pasado, en 2017, y tiene un protagonista claro: Mitchell Robinson.

El pívot de los Knicks, que esta temporada ha hecho historia con los Knicks con sus grandes dotes taponadoras (ha superado un record de Pat Ewing, 29 partidos seguidos taponando), estuvo muy cerca de jugar en España la temporada pasada.

Una situación curiosa que llegó por el ofrecimiento de sus agentes, que trasladaron la propuesta a varios equipos de nuestro baloncesto. Mitchell Robinson, ahora en su año rookie (fue elegido en segunda ronda, puesto 36 del pasado draft) había anunciado en septiembre que no iba a jugar en la NCAA, después de un complicado proceso y tras comprometerse y ser expulsado de Western Kentucky, sin llegar a debutar.

En agosto de 2017 intentó regresar a Western Kentucky, después de visitar las universidades de Kansas, Louisiana State y New Orleans, pero finalmente anunció que intentaría dar el salto directamente a la NBA en el draft de 2018 y que se prepararía para ello. Y aquí nos acercamos a esos primeros contactos con el baloncesto español.

Mitchell Robinson estaba entrenando en solitario y buscaba un escaparate en el que ganar exposición. Las predicciones del draft le situaban a finales de primera ronda y su agente decidió ofrecerle a varios equipos españoles. La propuesta era la siguiente: un contrato multianual (con cantidades relativamente altas) para que estuviese entrenando en dinámica ACB y jugando en LEB. De esta forma, Mitchell Robinson podría demostrar que estaba en forma y que podía competir con profesionales, con la intención de subir puestos en el draft.

¿Qué ganaban los equipos interesados? Si finalmente era drafteado, se quedarían con buena parte de la cláusula de salida que figuraría en su contrato (los clubes NBA pueden pagar hasta 500.000 dólares). Un negocio económico al fin y al cabo, y algo parecido a lo que sucedió en su día con Antetokounmpo y el CAI Zaragoza. Ese ofrecimiento, que llegó a varios clubes españoles y europeos, fue desestimado por todos por el alto componente de riesgo que entrañaba. Al haber un contrato multianual, si finalmente la franquicia que lo eligiese no estaba dispuesta a pagar la cláusula el pasado verano, se podían ‘comer’ ese contrato.

La propuesta incluía la presencia en todo momento con Mitchell Robinson de un mentor, que ayudaría al jugador a adaptarse a su nuevo destino. Esta figura la representaba el ex jugador Randy Livingston, que hubiera acompañado al pívot en sus primeros meses en España. Casualmente, no es el único vínculo de Robinson con nuestro país: es ahijado de Shammond Williams, un base estadounidense que jugó en el Barcelona Lassa, el Valencia Basket, el Unicaja Málaga y el UCAM Murcia. 

Finalmente, ninguno de esos clubes dio el paso y Mitchell Robinson siguió trabajando en Estados Unidos hasta el draft, donde cayó a segunda ronda (número 36). Ahora es uno de los grandes proyectos de intimidadores de la NBA. En febrero promedia 3,3 tapones por encuentro jugando solo 22 minutos por partido.