Cuando afirmamos que el deporte une, no decimos ninguna mentira. Multitud de ejemplos a nivel profesional y amateur son los que sostienen tal afirmación… y en KIA en Zona queremos seguir contando esas historias. En esta ocasión, nos hemos desplazado hasta Londres. Allí, un grupo de españoles pasó de quedar para jugar en un parque a tener un club consolidado en la División Amateur de la LBN (London Basketball Nation), los Finsbury Bulls. Y para conocer los entresijos hemos hablado con uno de los promotores de la idea y fundadores del club, Rubén Borrego.

Rubén es un joven toledano que jugaba y estudiaba en Madrid. Al surgirle la oportunidad de marchar a Londres, no se lo pensó, hizo las maletas y cogió el avión. Aquel vuelo tenía billete de vuelta unos meses más tarde, pero tras la primera experiencia decidió repetir… y hasta el día de hoy, varios años más tarde, que nos responde a la llamada con su casa londinense como escenario de la entrevista.

Una vez asentado en la ciudad del Támesis, Facebook comenzó a ser la mejor herramienta del español. En un país en el que el baloncesto levanta mucha menos pasión que otros deportes, Rubén decidió buscarse la vida para encontrar paisanos con los que pasar el tiempo en alguna cancha. Para ello, en 2018, decidió comenzar a colgar mensajes en un grupo de la plataforma social llamado «Españoles en Londres», un espacio que cuenta con más de 100.000 integrantes. La respuesta fue inmediata y, en aquel verano, se comenzó a hablar español en las pistas callejeras de Finsbury.

No hace falta bucear mucho para constatar que lo comentado por Rubén es compartido por gran parte de la comunidad que forma el mundo del baloncesto en Gran Bretaña. El basket carece de apoyo y pasión. No es rentable. The Guardian, uno de los medios de comunicación británicos más importantes, en una recolecta de testimonios hace un par de meses, dio voz a un puñado de aficionados, jugadores y personas implicadas. Por esta misma razón, proyectos como el de Rubén y sus socios cobran un mayor valor.

Relacionado con ese problema del poco apoyo existente, una de las principales dificultades que se encontraron aquellos españoles fue la de los pabellones. Hay pocos y son muy caros. Según nos cuenta Rubén, por cada entrenamiento de los Finsbury Bulls (en honor a las canchas en las que empezaron), el club debe pagar 110 euros. Una cifra que se convierte en 1200 euros al mes tan solo por entrenar en unas instalaciones interiores. Números que suponen grandes piedras en el camino de cualquiera que tenga una iniciativa relacionada con el baloncesto.

Sin embargo, los Finsbury Bulls supieron ir esquivando todas las problemáticas y aquella idea social fue evolucionando con el paso del tiempo hasta hoy en día. Al abrir la página oficial del equipo, observamos una extensa plantilla de jugadores en la que, cada uno de ellos, es acompañado por la bandera de su país. Lo que comenzó siendo un grupo de una decena de chicos y chicas españoles, ha pasado a ser un movimiento global con griegos, británicos, turcos, lituanos, italianos, libaneses, filipinos, franceses y argentinos. Eso sí, con una característica en común: todos hablan español.

El proceso ha sido relativamente rápido, pues desde sus inicios callejeros al presente han transcurrido tan solo un par de años. En la actualidad, son 45 jugadores, 32 hombres y 13 mujeres, con una mayoría que ronda los 30 años. Además, debido a la cantidad, están divididos en tres equipos: dos masculinos (uno más consolidado y otro en formación) y uno femenino. Este último es uno de los proyectos que comenzaron más recientemente, con la idea de empezar a competir este mismo año, pero la situación actual provocada por el COVID-19 determinará el momento adecuado para dar los siguientes pasos.

Otra de las características ligadas al proyecto ha sido el constante baile de jugadores. De los que estaban presentes en la creación de todo el movimiento, tan solo quedan 5. Un número pequeño pero que no les impide seguir reinventándose con la misma ilusión que el primer día. De hecho, su próximo sueño es montar una cantera de los Finsbury Bulls. Un proyecto que dependerá, una vez más, de la situación existente al superar la pandemia.

Esa misma circunstancia, debido al contexto vital tan especial de los que integran el club, ha convertido a los Finsbury Bulls en la casa de un número muy amplio de jugadores. Y, como es lógico al ser un equipo amateur, todos tienen sus trabajos alejados del baloncesto. Por ejemplo, el entrenador de un equipo es cirujano y la entrenadora del otro conjunto es educadora social. Por sus filas han pasado hosteleros, diseñadores gráficos, banqueros, brokers… e incluso Alejandro Barbosa, fisioterapeuta sevillano del Tottenham y de Fernando Llorente.

«Somos una familia. La mayoría de los otros equipos terminan los partidos y se van a sus casas. Nosotros, todo el mundo sin excepción, al acabar los partidos… nos vamos al bar a tomar unas cervezas», concluye Rubén. Una buena definición de lo que los Finsbury Bulls han construido en Londres. Un hogar con acento español para disfrutar del deporte, sí, pero por encima de cualquier cosa, para disfrutar de la compañía. Una mezcla que convierte al club en el lugar perfecto para todos aquellos que buscan quitarse el mono de baloncesto y, a su vez, sentirse más cerca de su tierra.

Facebook oficial de los Finsbury Bulls.

Página oficial de los Finsbury Bulls.