Muchas veces, ante la llegada de cualquier partido, su desarrollo y final, cada jugador-a suele reaccionar de una manera diferente. Propongo una, tal vez muy personal, pero sin duda también generalizada. Sensaciones que en ocasiones te agarrotan y maltratan por dentro.

Iñaki Garaialde, exjugador del Baskonia y hasta la temporada pasada analista en Radio Vitoria, donde ha comentado más de 2.000 partidos.

En la mayoría de las ocasiones reconocemos la figura del capitán cuando levanta un trofeo y poco más. Yo les puedo asegurar que no se queda en eso, que hay mucho más en esa Universidad formada por cuatro bancos largos, catorce colgadores, unas taquillas con nombre y las diez duchas de un vestuario.

Vivimos en una época en la que queremos saberlo todo. Nos basta un breve texto en la barra del buscador o en las RRSS y en un güís-güás tenemos la información que queremos. No nos importa el idioma, le damos dos veces a la tecla, y el translater hace su trabajo.

Cuando ante la demanda de información no sale nada, maldecimos al conjunto vacío. Mosquea y fruncimos el ceño, en mi caso sólo una ceja porque la otra se me dispara hacia arriba, al no entenderlo. Y como no lo entendemos, rebuscamos información hasta cambiando de postura. Cuando ya estás boca abajo, cedes.

Es lo que pasa cuando solicitamos información de cada vestuario de cada equipo deportivo, y nos conformamos con las impresiones del tipo <<no hay feeling entre ése y aquel>>, <<Son una piña dentro y fuera de la cancha>> que le han dicho de una buena fuente al emisor. Piiii, ¡error!, porque al exterior no llega más información que la referente al decorado del lugar y los usos que tiene. El vestuario, no como espacio sino como una actitud, son las vivencias de las personas que forman un grupo y lo normal es que sea un bunker con la información hacia el exterior. Un micro-mundo diferente que se rige por sus propias normas, las que han acordado los protagonistas que allí pasan media vida y que blindan al exterior. Pensar en encontrar respuestas a la demanda de información sobre cómo se comporta un “vestuario” es una pérdida de tiempo que ni estando boca abajo se termina por conseguir para alguien que no pertenezca al grupo.

Tratar de encontrar con el buscador o la simple pregunta <<¿Qué tal ambiente has encontrado en el vestuario?>> conduce a la misma respuesta en todos los equipos del planeta <<Bien, me han recibido fenomenal y es un grupo fantástico>> El “vestuario” es un compromiso con los demás que parte de cada uno al margen de la edad, experiencia, permanencia y talento. Si alguien rompe esas normas, el infractor lo tiene clarinete porque es una falta de respeto, quedas marcado, estás señalado y ya no serás respetado. Ha sido, es y será de esa manera por siempre. Lo que pasa en el “vestuario”, se queda en el “vestuario”, suele decirse con razón.

Lo entendí rápido cuando en mi primer entrenamiento con el Baskonia, en tiempos del blanco y negro televisivo, se me acercó el capitán para decirme <<Ya que has llegado, haz que merezca la pena, !chaval!>> No había nada más que decir y menos que preguntar. Cuando un jugador, tenga el nivel que tenga, llega a un “vestuario» de nuevo, lo primero que hace es otear el horizonte de ese Territorio Apache. Al poco, alguien también se pondrá delante y le explicará cómo son las cosas en ese grupo, !chaval! y asentirá con la cabeza. El “vestuario” es una concentración de diferentes, con personalidades diversas, ascendencias, sincronías y empatías donde prevalece el respeto a las ideas de cada uno, a los gustos, al estilo de vida, moda, raza, idioma, donde todos no se llevan fantástico de la muerte, y donde más de un consejo volará al hombro de algún compañero cuando esté raro o desajustado de cojones.

Sin tener que ponerse boca abajo, habrá que entender que todos se ponen al servicio del grupo donde conviven un montón de horas a la semana y donde el resto sólo vemos una mínima parte en las pocas horas de cada día de partido.

He visto y compartido broncas monumentales, risas hasta el dolor, plantes ante la injusticia social y deportiva. He conocido el sufrimiento, las lágrimas sin consuelo, las alegrías que dan las victorias y la tristeza de las derrotas, la solidaridad ante el débil, la arrogancia de pocos y la generosidad de la mayoría, el orgullo y el sentido de pertenencia a un grupo único, que se llama “vestuario”. Y que saca al exterior, a la barra del buscador o al micro, lo que el grupo autoriza.

Pensar que todos los miembros de tal equipo son amigos es una ocurrencia sin fundamento. Tiene coherencia que se conozcan, que sintonicen, que simpaticen para construir relaciones que los lleve a construir el mejor juego posible en cada partido. Es precisamente el juego de cada día el que establece el rol de cada uno sobre un trabajo previo del entrenador y los técnicos con el estudio, diseño y práctica del partido, de los ayudantes analizando con más ojos todo lo que pasa, cómo y cuándo pasa; los fisios atentos a los gestos de los jugadores; los delegados multitarea y los jugadores que no enseñan sus diferencias en la cancha y van a bloque. Y nada de eso se conoce ni tiene que conocerse. Son y deben ser agujeros negros de la información hacia el exterior. Faltaría más.

Concentración de vivencias donde surgen las figuras del capitán y el líder, que no es lo mismo. Pueden coincidir en la misma persona, aquella que está hasta las trancas de experiencias, encargado de establecer las líneas maestras de un grupo en coherencia con lo vivido y que además desborda personalidad. O en otro diferente, tocado por la varita mágica de la toma de decisiones en los momentos importantes, que rebosa empatía y ascendencia sobre el grupo. Hay líderes que transmiten su mecenazgo con el balón en las manos, o desde la banda como el entrenador, mientras el capitán permanece agazapado asumiendo su menor protagonismo en la cancha, pero atento a los gestos y comportamientos de sus compañeros. Más tarde, cuando toca quitarse la ropa y curarse las heridas, el crack con el balón o del banquillo se repliega al rol que le corresponde entre los vahos, el olor a tigre mezclado con el de las cremas, desodorantes y colonias del vestuario, dándole el valor que le corresponde al jefe del grupo, al capitán.

Protagonismos que podemos encontrar en el juego si lo miramos en lugar de verlo, pero que nunca llegarán en forma de nota de prensa.

Foto:El Correo.Juan Carlos Cendoya a la izquierda de la imagen con la grabadora en mano junto a Iñaki Garaialde llevado en camilla tras una lesión en Mendizorroza en 1987 ante el Clesa Ferrol.