Iñaki Garaialde, exjugador del Baskonia y hasta la temporada pasada analista en Radio Vitoria, donde ha comentado más de 2.000 partidos.

Aquel día, alguien faltó al entrenamiento de la tarde. Como no era normal que eso sucediera, uno de los presentes preguntó al delegado dónde estaba JUANMA. <<No se encuentra bien y le están haciendo pruebas>> fue la respuesta antes de empezar a dar botes con el balón. Pasaron los entrenamientos y JUANMA CONDE seguía sin aparecer y como tampoco contestaba nadie en su teléfono, se volvió a preguntar por él. Mirando al suelo, el portavoz del club, con voz entrecortada <<Tiene leucemia y pinta mal, muy mal>> nos dijo. Aquél mal día, sin empezar a botar el balón, se acabó el entrenamiento, haces ¡chof! y te cuestionas todo.

Te sientas en el banquillo y te tapas la cara, o te recuestas hacia atrás dejando la mirada perdida, repasándolo todo, tu vida, su vida, tus experiencias junto a las suyas, sientes que el corazón te palpita más deprisa sin haber dado un paso más largo que otro, piensas que no es posible, que estamos en buenas manos y pronto, muy pronto, alguien lo pondrá de nuevo en la cancha. Pero te vuelven a decir que no, que <<está muy jodida la cosa, Iñaki>> y un mal dolor te recorre el cuerpo y mandas todo a la mierda, las tripas te hacen daño y mil millones de preguntas te salen de la boca con otros tantos cagamentos.

Entras en el vestuario y ves su sitio vacío, le notas sin estar, sonríes porque te está mirando el careto, y al poco te das cuenta que no, que no es así, que no va a estar, que ya no vas a verle, que está jugando otro partido con otros compañeros, que aunque es un tío duro lo tiene jodido, y que la sonrisa forzada que tienes es un gesto de defensa, defensa de partido, y que lo que verdaderamente quieres hacer es llorar su ausencia y tu impotencia. Y se te rompe el alma

Te vistes de corto, de verde esperanza, y maldita la gana que tienes de ponerte a dar saltos y moverte como si nada pasara. Silencio en el vestuario. Entrenar es un suplicio y jugar sin JUANMA, un castigo. No hay estrategias que aplicar al partido. <<Salid a jugar … como podáis>>. Antes del salto inicial de cada partido, el equipo se reúne haciendo corro, rostros serios, no hay bromas, puños cerrados, unos sobre otros, abrazados para escuchar las palabras del capitán Kepa Segurola <<Vamos con dos cojones, por JUANMA ¿vale?>> Imposible. También nosotros estábamos tocados hasta la médula. Perdemos un partido, y otro también. No puedes gobernar la cabeza y el físico no te acompaña en situaciones de exigencia, te repites que has de estar duro, tenso, despierto, que tienes que ponerle un par y salir cada partido a por todas, a dar lo mejor que tienes. Pero te falta un amigo, un compañero, te fallan las fuerzas porque te falta un trozo de la vida juntos, y mientras tú estás dando saltos, bloqueos, tiros, pases y defensa individual para que no se te escape el contrario, a él se le escapa la vida. Descendimos.

La temporada siguiente empezamos mal, muy mal, y el diseño de estar sólo un año en la división de plata empezaba a ser cuestionado. Más cuando un maldito 24 de noviembre nos comunicaron lo peor: JUANMA CONDE había perdido su partido contra la Leucemia, que JUANMA ya estaba en ese lugar llamado lejos para seguir jugando a lo que más le gustaba: el basket. De nuevo rotos. Era jueves y toda la plantilla fue a Salamanca a su funeral, a despedir a un compañero y un amigo, a despedirnos también de parte de nuestras vidas.

Ese fin de semana nos esperaba un partido importante para buscar un puesto en el ascenso contra el líder Inmobanco en Madrid. Ponte la ropa, cálzate las zapatillas y no permitas que el temblor de las piernas en el minuto de silencio te delate que estas rasgado de arriba abajo, para perder 124-79 y ver cómo los compañeros del otro equipo, terminado el compromiso, te abrazan con fundamento sin soltarte, que ellos han hecho lo que tenían que hacer.

 

Más tarde vino su homenaje, y el Pabellón de Mendizorrotza se llenó como nunca. Muchos jugadores de la Liga, de la Primera División de entonces, los que le conocían como compañero y como contrario, dejaron los entrenamientos con sus equipos y vinieron, unos a ver y otros a jugar el partido más silencioso y triste que jamás he jugado en mi vida. Un reforzado Baskonia contra una selección de jugadores de la Liga, nacionales y extranjeros.

Un Pabellón de Mendizorrotza lleno y en silencio, y un juego con ofrenda que, como una danza, homenajea al amigo con los movimientos habituales y un balón naranja por testigo. Nunca antes había jugado llorando; con cada bote del balón, una lágrima y con cada punto en el marcador, una muesca en el corazón y daño, mucho daño y mucho dolor.

Aquella temporada finalizó bien, ascendimos. JUANMA CONDE nos dio su última asistencia.