Por Ángel Palmi (Director deportivo de la Federación Española de Baloncesto durante 22 años)

En los años 90 ante un cruce las Selecciones españolas solían jugar como nunca y perder como siempre. Hoy en día Australia vive una situación similar. Con una selección de ensueño se ha dejado sorprender en sus partidos para conseguir medallas en Juegos Olímpicos y Mundiales. Por suerte, nuestra racha cambió y algunas de las claves de este cambio las podemos encontrar en el ajedrez.

Steve Nash abandonó una prometedora carrera frente a los tableros tras derrotar a un adversario adolescente que rompió a llorar al verse superado. El ajedrez perdió un maestro, pero el baloncesto ganó un director de juego. El ‘MVP’ de la Copa del Mundo, Ricky Rubio, acaba de desvelar en los Estados Unidos su afición por el mismo deporte. No es casualidad.

La táctica y la estrategia unen al ajedrez y al baloncesto. Tan importante es el dominio y conocimiento del juego dinámico como el posicionalNo hay buenas o malas tácticas, sólo tácticas adaptadas al equipo. Por eso cobra especial sentido una frase pronunciada por Pablo Laso a inicios de la presente temporada al frente del Real Madrid: “El baloncesto es un deporte individual que se juega en equipo”.

El histórico entrenador (y ex director de juego) blanco da ejemplo en un equipo en el que los movimientos tácticos están simplificados para ser puestos al servicio de los jugadores. Cada una de sus piezas domina algún movimiento o recurso y las decisiones de su entrenador favorecen que las puedan ejecutar.

La Copa del Mundo de China fue otro gran ejemplo de la utilización de las tácticas en función de los jugadores que estaban en cancha en cada momento por parte del seleccionador, como valoró Aíto García Reneses al final del campeonato. Sergio Scariolo y su equipo técnico siguieron los preceptos del maestro Nikolic quién fundó la escuela balcánica de entrenadores bajo un principio básico: «No hay secretos en baloncesto. Lo único fundamental es adaptarse a las posibilidades y cualidades de los jugadores de que se dispone y luego plantear el juego que más respete esas cualidades»

Por eso la pasada campaña entrenadores españoles como Miguel Méndez, Víctor Lapeña o Jaume Ponsarnau levantaron títulos europeos. ¿Por qué hay casi un centenar de técnicos españoles dirigiendo equipos por todo el mundo?… Porque la ‘escuela española’ ha hecho suya la habilidad de poner las tácticas al servicio de una estrategia global que es la que consigue convertir una buena racha en una temporada para el recuerdo.

Tan importante es dominar una apertura en ajedrez como una estrategia en un partido, pero lo que respalda la consecución de grandes triunfos es el no ser previsibles. Ser capaces de sorprender al rival en cualquier momento con una pieza/jugador o con una estrategia. Preparar al equipo para lo normal y para lo excepcional (el plan B), para lo cual debemos ver a los jugadores y a los equipos como son realmente y no sólo como nos gustaría que fueran.

Debemos potenciar directamente o a través de nuestro equipo de colaboradores el ‘caballo de Troya’ que, como en ajedrez, intenta prever y definir todas las acciones posibles del equipo rival. Hay piezas en ajedrez y jugadores en un partido más o menos importantes, pero sólo se gana o se pierde gracias a todos.

El gran entrenador es el que obtiene equilibrio entre táctica y estrategia. Al final la clave es el momento en el que la táctica muta en estrategia permitiendo dotar a las jugadoras de recursos para potenciar sus mejores cualidades. Las que les hacen imprevisibles, incluso ante un buen ‘scouting’. El paso que nos permitió acabar los 90 dejando de perder los cruces.