¿Qué habrá sido de aquellos jugadores que en su día fueron noticia por su altura y hoy no se sabe nada ellos? Pues de eso va esta ‘mini sección’ de Kia en Zona donde intentaremos rescatar a aquellos jugadores que impactaron por su potencia física pero que luego desaparecieron del mapa, como si fuera difícil para ellos con su altura. ¿Qué habrá sido de estos hombretones –como diría mi abuela- y de su paradero hoy en día?

En la primera entrega charlamos sobre Neil Flingleton, un jugador que terminó en Juego de Tronos. El segundo fue Sun Ming Ming, que curiosamente, también le ha dado por la interpretación, posteriormente fuimos a Argelia para conocer la triste vida de Saad Kaiche y hoy os traemos la historia de un jugador que pudo ser y no fue, al que la vida le puso varias barreras pero sobre todo una, importante, que le impidió seguir jugando al baloncesto.

Nacido en Chicago, Illinois, la vida nunca fue fácil para este 2.31 llamado Kenny George.

Con dos años, sus padres se separaron. Cuando era adolescente, un médico descubrió que George tenía una glándula pituitaria hiperactiva, lo que lleva a un crecimiento anormal. Una condición que es peligrosa para la vida y que provocó que George visitará a un endocrinólogo una vez al mes. El padre de George, Ken Sr., afirmaba que su hijo nunca quiso jugar al Baloncesto. Fue en el segundo año en el instituto cuando el entrenador del equipo de basket se fijó en él y observó que podía ser un gran jugador. George empezó a moverse sobre la cancha y le cogió cariño a este deporte. Un cariño que nunca fue devuelto.North Carolina Asheville v North Carolina

En su último año en Chicago, George promedió casi un triple doble de media llevando a su equipo a los playoffs. Un hecho que provocó la llegada del pívot a la Universidad de Asheville en el otoño de 2004. No debutaría hasta la siguiente temporada por problemas con la normativa y con las lesiones. Se dislocó la rodilla y tuvo que ser operado.

Después de luchar, George finalmente hizo su debut el 22 de noviembre de 2006 contra Virginia. Dejó cinco tapones en 15 minutos pero sus rodillas volvían a impedirle disfrutar de ese deporte del que se había enamorado.

A pesar del dolor, George jugó un gran número de partidos en la temporada 2006-07, promediando 5.5 puntos, 3.5 rebotes y dos tapones en sólo 10,5 minutos por partido. En su última temporada, 2008, dobló esos números con 12,4 puntos, siete rebotes y 3,3 tapones en casi 20 minutos por partido.

Era feliz, el dolor en las rodillas se ocultaba entre la sonrisa que el jugador desplegaba.

El final de un sueño

Ojalá, pensaría él en ese momento, hubiese sido un problema de rodilla. Tocaba hacerle una revisión, se había encontrado un dolor extraño en una de sus piernas. Una lesión más, parecía. Una pausa más en su carrera deportiva creyó George.

No fue así. La pausa se convirtió en ‘stop’.

Le diagnosticaron una infección de estafiloco aureus y le aconsejaron la amputación de parte de su pierna para que su vida no corriera peligro.

Se acabó. Su etapa deportiva y su vida. Nada más se ha vuelto a saber de él. Dijo que quería que respetaran su intimidad y hasta la actualidad así se ha hecho.

Por suerte, y no se si está bien usar esta palabra para esta historia, se dice que a pesar de ser un tipo grande también tenía otras habilidades en las que destacaba. No solo era buen escritor, sino también un gran dibujante.

Esperamos que siga pintando sonrisas tras una barrera tan dura que la vida le impuso.

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