Ni de momento se lo va a hacer. Esta red social orientada al uso empresarial, a los negocios y al empleo no le ofrece ningún beneficio a un entrenador que vive el deporte desde un punto de vista directo, poco empresarial, no negocia la relación con sus jugadores ni árbitros, en su exposición en los partidos le hemos visto exigir y protestar airadamente haya colchón sonoro del público o no lo haya.

Peñarroya ha acompañado al Hereda San Pablo Burgos a ganar la BCL, competición europea de clubes de la FIBA, desde la Fase de Clasificación, algo que no había sucedido nunca en la joven historia de este torneo continental (que difícil nos lo ponen cambiando cada pocos años de nombres y formatos, Viva la Copa Korac). La final de ayer la ganan sus jugadores desde la confianza, desde la entrega de una energía, desde la unidad como equipo. AEK decidió tácticamente defender “Under” los bloqueos directos a Alex Renfroe y a los exteriores para evitar que Kravic distribuyera balones desde el “Short roll” (continuación corta). Eso ponía de salida a los jugadores del San Pablo ante la situación de tomar el reto de tirar solos en un OAKA vacío de público pero lleno de presión deportiva que estaba esperando a que hombros subirse. Y les estaba funcionando la táctica a Ilias Papatheodorou, los de amarillo y negro ganaban de 10 en la bocina de final de primer cuarto, dominaba la energía que derrochaban con un Slaughter revivido y un Tyrese Rice en modo MVP y Campeón de la triple corona (Euroliga, Eurocup y acariciando la BCL). Pero nos dieron mucha información los planos cortos televisivos de Peñarroya aplaudiendo cada vez que sus jugadores lanzaban y fallaban, pero lanzaban buenos tiros. Esas imágenes nos estaban comunicando que la línea de la confianza estaba abierta, que a Peñarroya no le molestaba tanto error pese a ser una final a un partido jugada en casa del rival y que el técnico catalán sabía que el único camino era jugar bajo los mismos principios, no habría contraorden, las cosas no estaban tan mal como decía el marcador. El tanteo era pasado, ya se había jugado, el tiempo que quedaba eran 30 minutos. La confianza y la conexión de Peñarroya con sus jugadores les llevaba a pensar que había campo por delante, campo por andar, dominar el rebote y la defensa. Campo delante.

Y desde ese momento cambió todo, pero la esencia del cambio se había doblado en el maletón de Rice, fue el único jugador que bajó del autobús con tamaño bulto, las etiquetas le delataban. La información que dio a sus compañeros que solo llevaban neceser es que él hacía el trabajo y se marchaba con el billete ya en la mano y la prefacturación del equipaje realizada. Coge el dinero y corre. La piel del oso.

Omar Cook había pasado el suficiente tiempo en el banquillo para saber qué debía hacer, ese gesto de personaje secundario de “Stark Trek”, la mirada fría y analítica. Cómo tomó sus dos primeros tiros fueron la perfecta definición de lo que significa liderazgo silencioso, detrás de él apareció McFadden y la aportación extra de Miquel Salvó. El jugador de Vilanova i la Geltrú apenas había participado en semis y cuartos, su máxima anotación en BCL había sido de 8 puntos. Y consiguió 12 desde donde más falta hacía, balones cambiados al hombre con más espacio (dos triples que no es fácil meterlos sin dudar…) rebote de ataque, defensa a treses y cuatros.

Salvó y Peñarroya tienen una trayectoria con semejanzas. Han pasado por todas las categorías hasta llegar a ganar un título europeo. Miquel Salvó es de estos niños que despuntan en Minibasket y un grande se los llevan para el equipo infantil, allí pasan varios años estupendos en el Club soñado pero en Cadetes quedan cortados porque llegan proyectos del Este o de África que les quitan el sitio. Y ahora ponte a remar con otra camiseta y otro escudo. Ya no vas a poder llegar más alto. Pocos consiguen sobreponerse, arremangarse y demostrar que hay vida fuera y que no hace tanto frío. Salvó no es Toni Kukoc, pero al no tener anillos ni se le han caído para hacer su trabajo con brillantez desde las Lebs a ligas europeas menores y vuelta a competir en España hasta ayudar a ganar esto.

Tras partir la defensa de Rice y de Zisis en dos, el parcial del segundo cuarto fue de 35-12 para Burgos. La incógnita a la ida a vestuarios es si Peñarroya retomaría con el quinteto que no funcionó en el inicio o mezclaría jugadores. La duda estaba fuera, dentro el mensaje volvió a ser de confianza y los “flotados” Renfroe, Rabaseda y Benite volvían a ser titulares. La concentración siguió muy dura, los griegos empezaban a tener prisas, la diferencia era muy grande, cerca de los 20 puntos…

Los AntetoBrothers estaban preparados para celebrar alguna canasta importante de compañeros de selección como Nikos Zisis o algún compañero de equipo en su adolescencia como Gkikas, pero todo el guión, la escaleta y el ‘running order’ se vino abajo. El equipo local estaba siendo aplastado por un recién llegado a Europa. Lo demás es historia visual de una final ganada a golpe fe, calidad técnica y papeles bien definidos. Los del AEK tenían talento pero eran veteranos, los del Burgos tuvieron confianza y tenían más experiencia de la que sus nombres parecían.

Joan Peñarroya no tiene Twitter, al menos a su nombre. No parece que sea de esos que tiene una cuenta “trucha” con un falso perfil para mirar por una rendija qué decimos los demás. Por personalidad dirigiendo y hablando en sus tiempos muertos, no busca frases absolutas de autoayuda para que luego le destaquen como un líder espiritual, no es de esos. Destila autenticidad y le ves llegar, te guste su estilo directo o no te guste.

Sin LinkedIn y sin Twitter pero con mensajes de todo el baloncesto español se habrá acostado y levantado Peñarroya Rodríguez, sus apellidos sugieren una mezcla de tierras, una mezcla de parientes que dan con una mente capaz de dirigir a una legión extranjera y encaminarlas a un fin común. Los tests de antígenos y serológicos han dejado a un lado los estudios genealógicos de ADN que te dan científicamente información de que continentes y zonas vienen tus ancestros (recomendable para los defensores de la limpieza de sangre). En el Hereda San Pablo juegan tres españoles, cuatro norteamericanos, dos balcánicos, un cubano, un británico, un brasileño y un africano. Todos juntos van a dejar en el Hereda un legado inolvidable en forma de victoria deportiva y millón de euros.

Peñarroya llama a las puertas de los equipos grandes y llega aquí desde Olesa i Navas, la Cataluña central, Andorra y Manresa, un camino de pueblos y pequeñas ciudades.

La única red de contactos que ha tejido es la que han demostrado en la cancha sus jugadores y la que el entrenador trabaja con su cuerpo técnico y personal del club. Semifinales de Copa del Rey, semifinales de ACB y Campeonato de la BCL, logros extraordinarios que dejan sin eco al lejano cántico que aún sonaba alguna vez en su memora. El “Era campo atrás” lo convirtió hace tiempo en un “Solo hay campo hacia delante”.

Foto: SPB/Borja B. Hojas