Era el 31 de marzo de 2013. Se disputaba el Elite 8 del March Madness, con la Louisville de Rick Pitino tratando de tumbar a la Duke de Coach K para meterse en la Final Four. Faltaban poco más de seis minutos para el final de la primera mitad, cuando Kevin Ware trató de puntear un lanzamiento de Marcus Thornton. Al caer al suelo, la pierna derecha de Ware se dobló por tres sitios diferentes, dejando ver el hueso, cayendo tendido delante de su propio banquillo.

La escena fue horrorosa. El público gritaba horrorizado. Sus compañeros salieron disparados del banquillo al verlo. Miembros tanto de Louisville como de Duke no pudieron evitar romper a llorar. Rick Pitino tenía la mirada perdida en el horizonte sin saber muy bien cómo reaccionar. Kevin Ware sufrió una fractura abierta de tibia y desde entonces su nombre quedó grabado de forma involuntaria para todos aquellos que seguíamos el baloncesto universitario en aquella época. Louisville terminaría ganando aquel partido y aquel campeonato.

Aquella temporada, su segunda en la universidad, Ware había progresado hasta entrar en la rotación de Pitino. Después de aquella lesión su progresión se cortó. Tras una temporada más en Louisville solicitó el transfer a Georgia State, donde sí pudo jugar más. Su carrera universitaria terminó en 2016.

Desde entonces, la carrera de Kevin Ware se ha desarrollado principalmente en Europa, con paradas en República Checa, Finlandia, Grecia y una temporada en Canadá. Hasta el pasado 12 de agosto, cuando se anunció su fichaje por los London Lions de la liga británica.

Siete años y medio después de aquella horrorosa imagen, Kevin Ware no ve aquella lesión como un punto negro en su carrera, sino algo que le obligó a ser más humilde y a luchar por sus sueños. Y ahora continuará haciéndolo en Londres.