Hasta hace unos años hablar de Carlos García Carrascal era hablar de uno de los mayores proyectos del baloncesto español y también de un pívot llamado a formar parte del futuro del Baloncesto Sevilla. Lo tenía todo para llegar a la élite, era un interior trabajador, elegante y con una infinita cantidad de recursos tanto cerca como lejos de canasta. Fue internacional con España y se colgó la medalla de bronce en el Europeo sub-16 celebrado en la República Checa.

Las sensaciones entonces eran muy positivas, pero todo cambió el 28 de febrero de 2012, cuando el sevillano era todavía junior de primer año…

Fue el día de Andalucía, él jugaba un torneo amistoso con el junior del Baloncesto Sevilla y en un partido recibió un golpe en la rodilla que lo cambió todo. A priori y según el informe médico solamente se trataba de un esguince, por lo que tras descansar unos días regresó a las pistas para terminar la temporada con un vendaje en su rodilla y un ligero dolor a consecuencia de aquel golpe.

En verano no descansó y acudió a la concentración de la selección española sub-17, quedándose a las puertas de acudir al Mundial de Praga a pesar de no estar físicamente bien. Tras unos días de vacaciones regresó a San Pablo para iniciar la temporada con el primer equipo del Baloncesto Sevilla a las órdenes de Aíto García-Reneses.

Él no estaba bien, seguía sintiendo dolor en la rodilla pero aún así compitió durante los primeros meses del curso baloncentístico junior. Era la temporada 2012-13 y él afrontaba en Sevilla su último año junior, entonces todavía estaba considerado uno de los mayores proyectos nacionales y junto a sus compañeros y amigos Guillermo Corrales y Kristaps Porzingis aparecía como jugador del futuro del conjunto hispalense. Hizo buenos partidos aquel curso pero la mala suerte nuevamente apareció en la vida de Carlos García.

Carlos García

1 de diciembre de 2012, otra fecha para el recuerdo. García se encontraba junto al junior del Sevilla disputando el tradicional torneo de Coín cuando en el partido ante el Real Madrid su vida cambió. Se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha, diciendo de esta forma adiós a la temporada.

No solamente tenía roto el cruzando de la rodilla. El médico que le confirmó el alcance de la lesión le informó que desde hace meses tenía roto el menisco. Sí, aquel esguince que le obligó a parar en la temporada 2011-12 cuando era junior de primero no era solamente un esguince. Es decir, estuvo durante casi medio año jugando con el menisco roto. Algo difícil de entender y explicar.

Fue el peor momento de mi vida, era un niño inmaduro y se me juntaron muchas cosas. Estaba cabreado, empecé a suspender todo bestialmente cuando en lo académico siempre me había ido bien, lo pagaba todo con mis padres y la gente que me apreciaba y yo quería… pero gracias a ellos me repuse y saqué hacia adelante el curso. Nunca les estaré lo suficientemente agradecidos por darme la mejor educación y unos valores de superación, trabajo y constancia, recuerda el propio Carlos García que desde Estados Unidos atiende a KIA en Zona.

Tenía 17 años y todo lo que antes parecía estar encaminado se rompió por aquella fatídica lesión en el torneo amistoso. Una situación complicada para un adolescente al que aquel mal momento le sirvió para darse cuenta de muchas cosas, él cayó pero a pesar de la dificultad y todo lo que significaba aquella lesión supo levantarse para poder así seguir disfrutando del baloncesto. Los estudios fueron lo primero y los sacó gracias a sus padres, y tras hacer la pretemporada con el EBA del Baloncesto Sevilla después de estar nueve meses parado decidió a finales de 2013 marcharse hasta Las Palmas de Gran Canaria para vivir su primera experiencia lejos de su Mairena del Aljarafe natal, localidad que le vio crecer cuando ya maravillaba siendo un niño con el Ciudad Expo.

Carlos García

Y a Gran Canaria se fue para con la Canarias Basketball Academy aprender y encontrar allí el escenario idóneo para posteriormente dar el salto a Estados Unidos. Y en tierra norteamericana le encontramos en la actualidad, disfrutando nuevamente de lo que más le gusta e intentando recuperar el tiempo perdido por culpa de las lesiones, el mayor enemigo de los deportistas. Carlos García actualmente está jugando en segunda división de la NCAA con la Northwest Nazarene University (NNU), del Estado de Idaho.

Su primer año allí tampoco ha ido como él esperaba, y nuevamente por culpa de las lesiones. En esta ocasión García ha tenido que parar por culpa de una lesión en el hombro que se hizo en pretemporada y por la que tuvo que pasar por el quirófano. Ahora el interior sevillano está bien, contento en Estados Unidos y compaginando el baloncesto con los estudios, algo esencial para él y que buscaba desde la grave lesión cuando era junior de segundo año. “Mi idea para el futuro es terminar la carrera y si me siento bien físicamente intentar jugar a nivel profesional donde sea. Este año he madurado mucho, el haber pasado por situaciones extremas me ha servido para madurar y mejorar mi cabeza. Sueño con conocer el mundo hasta cuando no pueda más y cuando cuelgue las botas poder vivir de aquello con lo que estudie”, reconoce el propio Carlos.

En su nueva etapa en Estados Unidos ha coincidido con el catalán Pol Olivier y ambos sueñan y luchan por ganar experiencia y crecer baloncentísticamente con Northwest Nazarene University para en un futuro poder estar en la élite.

Carlos podría estar jugando a día de hoy en la Liga Endesa con ‘su’ Baloncesto Sevilla pero las lesiones frenaron una proyección que hacía frotarse las manos al equipo hispalense. Lo pasó mal pero supo levantarse y nuevamente sueña con el baloncesto después de superar tres duras lesiones de forma consecutiva.

“Siempre he tenido claro que hay que tener esperanza y pase lo que pase jamás puedes perderla. Es importante apoyarse en los que más te quieren porque son ellos los que te ayudarán a superarte y estar mejor sin pedirte nada a cambio. Cuando estés perdido, recuerda por qué empezaste y encontrarás el camino”, explica.

Una historia dura pero con un horizonte de esperanza.