Fuente: Copa Colegial

Hablamos de una de esas orgullosas zaragozanas nacidas hace 20 años, en 1999. Presume de haber jugado la Copa Colegial con Leonas Marianistas tres años consecutivos (2015-2017). Un momento muy feliz que de repente encontró una piedra en el camino tras el All-Star de ese mismo año, cuando le diagnosticaron leucemia. Una enfermedad que ha superado con éxito gracias a su lucha y a su actitud positiva.

Nunca verás a Laura sin una sonrisa en la cara. En enero de 2018 se incorporó al equipo de Copa Colegial, donde actúa como delegada de partidos, cronista y realiza otras funciones en los eventos de las sedes de Zaragoza y Valencia y en el Jamboree Anselmo López.

En un día tan especial como es el 8 de marzo, donde la lucha cada vez está más a favor de la igualdad (que orgullo sentimos de escribir estas líneas) te dejamos con un texto para nosotros más que conmovedor: la historia de una JUGADORA CON LETRAS MAYÚSCULAS.

“Me llamo Laura Gispert y jugué la Copa Colegial de Zaragoza con el equipo de las Leonas de Marianistas, entre los años 2015-2016-2017. Aunque nunca llegáramos muy lejos (menos mal que en 2016 ganamos la Precopa Colegial) siempre teníamos una gran ilusión por poder jugar en la Copa. Jugar con tus compañeras representando al colegio, los videos que preparábamos, los nervios de los días anteriores al partido, ver las gradas llenas del pabellón con toda le gente animando, nunca se olvida.

Además, en el año 2017 tuve la oportunidad de jugar el All-Star. Y justo después de ese partido me diagnosticaron una leucemia.

Seis meses más tarde, el día que me iban a dar el alta después de haber recibido el trasplante de médula, recibí una llamada de Francisco Ferrán invitándome a colaborar en el equipo de la organización de la Copa Colegial Zaragoza y Valencia. No pude decir que no. Fue un empujón a mi estado de ánimo volver a reencontrarme con el espíritu del baloncesto representado en la Copa Colegial. Deseaba con todas mis fuerzas estar totalmente recuperada para empezar a colaborar.

Ahora, después de pasarme todo el verano en el gimnasio para recuperar la forma que había perdido, he tenido la gran suerte de poder volver a disfrutar jugando en el segunda femenino de mi colegio con gran parte de mis antiguas compañeras, algo que ha sido para mí una motivación en este año que he estado recuperándome.

También, me gusta seguir transmitiendo los valores del baloncesto colegial a las nuevas generaciones, como entrenadora de mis niñas benjamines, y esperando llegar con ellas dentro de 2 años a la Pequecopa.

Pero ahora me detengo a hablaros de lo que significa un día como hoy y tener el privilegio de poder escribir unas líneas sobre ello. Personalmente, he tenido la suerte de tener las mismas oportunidades que mis compañeros chicos, tanto en el colegio, como en el deporte, como jugadora y como entrenadora, en mi grupo de amigos y ahora en la universidad. Pero reconozco que otras mujeres en otras circunstancias sufren discriminación. Desgraciadamente lo que para mi es normal, para otras mujeres no lo es. Por lo cual es una tarea de nuestra sociedad conseguir que todas seamos iguales.

Pero la Copa Colegial es un mundo diferente, parece algo fuera de lo común en algo que debería de ser habitual. Un torneo en el que juegan tanto equipos de chicas como de chicos, en el que hay entrenadores y entrenadoras, con árbitros mujeres y hombres, en el que tiene la misma importancia los partidos femeninos como los partidos masculinos, y en un all-star en el que en dos cuartos juegan las chicas y en otros dos los chicos… Me parece un gran ejemplo de lo que es la igualdad.

Además, tengo la suerte de formar parte de un gran equipo. Yo colaboro en todo lo que puedo: preparando las pistas, haciendo estadísticas, redactando crónicas, y como no, en los huddles. ¡¡Incluso llegué a ser comentarista para la televisión de las dos finales de Zaragoza 2018!!

Lo he vivido como jugadora, y como es una experiencia única me gusta ayudar a que la competición siga creciendo, manteniendo vivo el baloncesto colegial, la ilusión de los jugadores y de las gradas para que las próximas generaciones lo pueden disfrutar.

Personalmente, para mí, formar parte de la Copa Colegial ha sido un regalo, como la vida misma”.