Chris Bosh recuerda el día en el que su instituto, el Lincoln High School de Dallas, se convirtió en el número 1 del ranking nacional de equipos de baloncesto de instituto como si se tratase de haber ganado un anillo de campeones.

Fue el día en el que Tom Brady ganó su primera Super Bowl, una fecha agridulce para él. Había hecho una apuesta con uno de sus compañeros de equipo, convencido de que los Patriots perderían aquel partido, así que estaba muy atento a su desarrollo. Todo el mundo hablaba de la Super Bowl, pero él tenía otra cosa también en la cabeza. Oak Hill, el único equipo que se encontraba por encima de ellos en el ranking, jugaba ese día en casa de Mater Dei, una de las salidas más complicadas que les quedaban. Si había un día en el que podían perder, era ese.

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Bosh se sentó delante de su ordenador de sobremesa, dando continuamente al botón para refrescar los resultados. En aquella época no había una retransmisión online. Ni siquiera podías conectarte a internet si alguien en tu casa estaba hablando por teléfono. Después de darle al F5 la enésima vez, Bosh vio que Oak Hill había perdido. Ya no estaba molesto por haber perdido la apuesta de la Super Bowl. Corrió para llamar por teléfono a su amigo, y cuando este dejó de picarle por la apuesta que había perdido, transmitieron la noticia al resto de compañeros. Eran los número 1 de todo Estados Unidos. 

Al día siguiente la gente iba al instituto con el periódico en la mano, hablando de la gesta que habían logrado. Había furgonetas de las televisiones aparcadas fuera, y reporteros que les buscaban para entrevistarles. Normalmente cuando eso pasaba en su comunidad era porque algo malo había pasado. El equipo de Bosh había pasado de jugar delante de 20 personas dos años antes a hacerlo en un pabellón lleno hasta la bandera con 20.000 personas. 

Continuaron la temporada, y siguieron sin perder. 25 victorias, 30, 35… Llegaron a la final del torneo estatal con un balance de 39-0 y un solo partido más para ser campeones y completar una temporada perfecta con un 40-0. Enfrente estaban los Beaumont Ozone de Kendrick Perkins. Esto fue lo que sucedió.