El hijo de Shaquille O’Neal, Shareef O’Neal, era uno de los jugadores más prometedores del país (top 30 de su generación), pero lamentablemente tuvo que someterse en 2018 a una operación de corazón que ha retrasado su evolución.

Cuando descubrieron que Shareef O’Neal tenía una arteria coronaria anómala en su corazón solo existía una opción: operarse. Dicho problema podría haber resultado mortal si no se hubiera detectado. Shareef pasó por el quirófano en 2018. En marzo de 2019 recibió el alta médica, pero no llegó a jugar apenas con la universidad de UCLA al encontrarse en pleno proceso de recuperación física.

Ahora el propio Shareef ha compartido un vídeo en sus redes sociales en el que muestra cómo ha sido parte de dicha recuperación.

O’Neal jugó en 13 partidos para UCLA esta temporada antes de anunciar el mes pasado que dejaría el programa para la próxima temporada. Sus promedios estaban siendo de 2.2 puntos y 2.9 rebotes en 10.2 minutos por partido. Después hizo público que seguirá los pasos de su padre y que pedía el transfer a LSU, universidad para la que jugó Shaq.

Seguirá los pasos de su padre: Shareef O’Neal jugará para LSU como hizo en su día Shaq

En su día a día tendrá que ver de continuo a su padre Shaquille, aunque sea por el simple motivo de que LSU tiene una estatua de Shaq machacando un aro en la entrada de su pabellón desde 2011. Shareef, que inicialmente había decidido jugar en la universidad de Arizona, renunció a su compromiso y se decidió después por UCLA.

Actualmente Shareef O’Neal mide 2.08. Jugó las últimas dos temporadas anteriores a la NCAA en Crossroads High en Santa Monica. Como senior en su última temporada, O’Neal ayudó a la escuela a ganar el título estatal CIF División II por primera vez desde 1997. En esa final, anotó 29 puntos, capturó 17 rebotes y puso 5 tapones. O’Neal promedió 27 puntos en su último año, mientras que Crossroads terminó con un récord de 25-9.