Nacido en Gran Bretaña, con pasado en Perú y a sus 18 años recién cumplidos es un ídolo en Torrelodones (Madrid). Es Andrew Ramírez, talentoso base de 1.88 metros y con doble nacionalidad, británica y española. También cruzará el Atlántico la próxima temporada y pondrá así punto y final a una década repleta de éxitos donde se ha formado deportivamente en Madrid. El próximo curso jugará en Estados Unidos con Western Nebraska Community, un college que compite en la NJCAA.

“Me voy principalmente porque Estados Unidos me da la oportunidad de jugar al baloncesto a un alto nivel a la vez que termino mis estudios, todo en una misma institución. Además me quiero ir para así viajar, residir en un país diferente, conocer otras personas y vivir nuevas experiencias. Por otro lado, el baloncesto estadounidense es muy diferente al que se juega aquí en Europa (a mi modo de ver).

Descubrir y vivir ese mundo baloncestístico será una hazaña inolvidable, sin duda. Jugaré un año con el objetivo de intentar sacar más ofertas de universidades NCAA donde jugaría 3 años más y acabaría la carrera. Estudiaré el primer año una serie de asignaturas generales todas enfocadas a la ciencia deportiva (matemáticas, anatomía humana, etc.). Me gustaría estudiar una carrera relacionada con el deporte (ya sea Kinesiología, Biomecánica, Fuerza y acondicionamiento, Nutrición deportiva…) para así poder estar implicado en el deporte tanto por el baloncesto como por el trabajo”, nos explica un entusiasmado Andrew desde Alpedrete, su localidad.

Andrew Ramírez

Su madre es británica y su padre nació Ceuta. Ambos se conocieron en Sevilla, y después de tener su primer hijo (Carlos, hermano mayor de Andrew) iniciaron una nueva etapa todos juntos en Venezuela por motivos de trabajo. Un par de años después de llegar a Sudamérica, los padres junto a su hermano regresaron al Viejo Continente hasta que naciese Andrew. Él nació en casa de su abuela de Inglaterra y tres semanas después de llegar al mundo se subía por primera vez en un avión para iniciar una nueva etapa junto a su familia -también por motivos de trabajo- en Perú. Durante su primer lustro de vida, Andrew creció en América.

Desde Perú volvió a coger un avión para con 5 años asentarse en Alpedrete, localidad madrileña reconocida por sus canteras de las que se extrajo granito para construir, entre otros monumentos, el monasterio de El Escorial, el Valle de los Caídos o el Palacio de Oriente. Andrew, que puede presumir de tener un perfecto inglés (y castellano) alternó tres deportes en sus dos primeros años como alpedreteño: además del baloncesto, hacía karate y jugaba al fútbol.

No obstante, Andrew realmente destacaba con una pelota en las manos. Lo suyo era el baloncesto, y con su buen manejo de balón y facilidad para anotar cambió con 8 años el equipo de Alpedrete por el Baloncesto Torrelodones, uno de los mejores equipos en lo que al baloncesto de formación se refiere en la Comunidad de Madrid.

A su temprana edad, Ramírez puede presumir de haber sido un fijo años atrás con la selección madrileña (desde mini-basket hasta categoría cadete) y también de haber aparecido en distintas convocatorias de la Federación Española de Baloncesto.

‘Andy’, como le llaman sus amigos, estuvo en Collell con el combinado nacional cuando tenía 12 años y después de brillar en el Campeonato de España de Mini-basket con la selección madrileña. Tenía talento, era rápido e interpretaba el juego a la perfección, por lo que no le afectó el cambio de canastas y en su primer año como infantil regresó a vestir de rojo y estar con la selección española sub-13.

Andrew jugó con la selección el torneo de la Amistad cuando tenía 15 años y el año pasado regresó para jugar el torneo de Barakaldo con la sub-17. Es conveniente destacar que la generación de Ramírez (1997) cuenta con una amplia cantidad de talentosos bases, véanse Carlos Corts, Daniel de la Rúa o Carlos Hidalgo, tres promesas en Unicaja, Madrid y Sevilla que no están, siquiera, en la pre-selección de la sub-18 este verano. Es decir hay muchísima competencia.

Andy Ramírez

Diez años dan para mucho y Andrew Ramírez los ha aprovechado en su paso por el Baloncesto Torrelodones. Torrelodones me ha dado tantas cosas que creo que es imposible contarlo todo. Cada año para mí ha sido una gran aventura llena de experiencias. Torrelodones no solo me ha enseñado a jugar al baloncesto, sino que además me ha formado como persona. El club me ha enseñado a trabajar duro para alcanzar las metas, a amar y respetar el trabajo y esfuerzo que estuve, estoy y estaré realizando durante mi vida.

Y este hecho no solo se debe aplicar en el baloncesto, sino también en la vida. He conocido y cultivado muy buenas relaciones con todos los entrenadores que me han entrenado en esta década. El club está compuesto por unos excelentes miembros que aparte de saber muchísimo de baloncesto, son unas personas increíbles. Todos tenemos muy buena relación entre nosotros y siempre nos apoyamos los unos a los otros en lo que sea. Por esto puedo decir que para mí, el club ha sido como una familia”, nos dice emocionado el jugador.

‘Andy’ ha dejado huella en su paso por el conjunto torrelodonense, y es que en los éxitos de la entidad también aparece el haber formado al talentoso base nacional. En su último partido como jugador del Baloncesto Torrelodones, el club decidió homenajear a Andrew y retirar su camiseta con el dorsal 17. “En ese momento se hallaba en mi cuerpo un estallido de sentimientos: de felicidad por todos los años que he pasado aquí, de tristeza por tener que despedirme… Estaba muy emocionado y principalmente agradecido. Para mí ha sido un honor llevar el escudo de Torrelodones en el pecho todos estos años y que me retiren el número es una manera del club de decir gracias por todos nuestros años juntos, hecho del que estoy increíblemente agradecido”.

Ramírez se considera, ante todo, un jugador muy trabajador. “Todos los entrenadores que he tenido en el club han aceptado trabajar conmigo todas esas horas extras de entrenamiento y de técnica individual. Soy un jugador que siempre va a intentar mejorar al máximo todas sus aptitudes y desventajas, y yo creo que eso es lo que me ha permitido llegar a ser el jugador y la persona que soy hoy. Además me veo como un buen compañero, que intenta unir al equipo para ser mejores como una unidad en la cancha y siempre intento que cada uno se esfuerce lo más que pueda y que saque lo máximo de sí mismo”.

En la cancha, Andrew es un base organizador, defensor y también capaz de anotar, que hace jugar al equipo a la vez que crea ventajas o intenta buscar la mejor opción en ataque y que es muy físico en defensa. En su última temporada en España ha sido clave para que ‘su’ Baloncesto Torrelodones quedase quinto en el Campeonato de España Junior celebrado el pasado mes de mayo en Torrejón de Ardoz y también en el ascenso del primer equipo torrelodonense a la liga española de baloncesto amateur.

Ahora toca cerrar una etapa… para iniciar otra nueva. España ‘pierde’ a uno de sus bases más talentosos de la generación de 1997. Andrew volverá a coger un avión, pero esta vez lo hará sin su familia. Le toca descubrir el baloncesto estadounidense y aprovechar la oportunidad que se le ha presentado para continuar con su formación académica y deportiva. Se va a miles de kilómetros de casa sin descuidar su sueño, que es el de poder vivir del baloncesto.

Será un español más a seguir en Estados Unidos. Su evolución podría deparar alegrías futuras.