Sabrina Ionescu. Posiblemente su nombre no sea el más conocido entre las jugadoras de baloncesto pero es un nombre que, a sus 22 años, va a empezar a sonar cada vez con más fuerza. Sabrina, hija de padres rumanos, ha conseguido algo en la historia de la NCAA tanto masculina como femenina que tardará en repetirse.

Ionescu es la jugadora que más triples-dobles ha firmado en la historia de la NCAA. Un récord que en 2016 Kyle Collinsworth había situado en 13 en una carrera de 4 años y que Ionescu, todavía sin terminar su 4º año de universidad, ya ha colocado el listón en 25. ¿El último? Ante California. La jugadora estadounidense firmó 17 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias. Un partido muy especial debido a la presencia de Stephen Curry junto a sus dos hijas, siendo esta la primera vez que las llevaba a un partido de baloncesto femenino.

Además de esta hazaña, Ionescu no para de sumar otros pequeños récords en la NCAA. Por ejemplo, contra Arizona hace un par de semanas, se convirtió en la primera jugadora de Division I que firma tres triples-dobles ante el mismo rival durante su carrera. Uno de los últimos hitos antes de alcanzar uno muy importante: ser la primera jugadora en la historia de la Division I en alcanzar los 2000 puntos, las 1000 asistencias… y los 1000 rebotes, cifra para la que le faltan 9 capturas. 

Lo cierto es que Sabrina Ionescu, en su último año de NCAA, está regalando grandes exhibiciones. Hace poco, al conseguir su 22º triple-doble, dejó uno de de los momentos de la temporada. Al parecer… lo había realizado inconscientemente y se enteró en la entrevista pospartido. A pesar de todo, pareció no importarle en absoluto el triple-doble. La jugadora de Oregon, al ver que había cometido 6 pérdidas de balón durante el partido, fue natural y sincera ante las cámaras: «Seis pérdidas de balón, eso no está bien». Una mentalidad que refleja lo que hay detrás de una jugadora única.

Sin embargo, la historia de Sabrina no siempre ha estado llena de éxitos. Según cuenta el siguiente artículo de Sports Ilustrated, sus padres tuvieron que huir en 1989 de la conocida como Revolución Rumana y ya en suelo americano nacería Sabrina. Tanto ella como su hermano gemelo se criaron jugando en las canchas de Larkey Park mientras sus padres trabajaban. Incluso posteriormente, ya en el colegio, Ionescu tuvo que jugar en un equipo con niñas hasta 2 años mayores que ella para poder jugar al baloncesto lo que le hizo, a pesar de no tener un gran físico (1.67), tener un gran conocimiento del juego. Algo que ahora aprovecha para conseguir esos triples-dobles.

Se acerca marzo y su locura… y es momento de disfrutar de verdad de un talento único.