Los prejuicios nos decían que un tipo de 1.80 pelado (solo tenía pelada la estatura), oscuro felpudo asomando por la pechera, cejas densas y mirada latina no podía saltar y aguantar en el aire hasta que tipos de 35 o 40 centímetros más cayeran y él lanzara por encima de sus brazos. No podía ser. Ese era Galis, el hombre anotación, un tipo callado que dinamitó los 80 en Grecia y se convirtió en un Dios llegado de New Jersey al Olimpo de sus antepasados.

A Shane Larkin, cuando le tallaron en el Draft Combine de 2013 dio 1,78 sin zapatillas. Alcanzó la barbaridad de 1 metro y 12 centímetros de salto en carrera y 88 cm de salto a pies parados. En estas disciplinas y en velocidad fue uno de los tres mejores “quintos”. En el salto vertical en carrera su marca estaría entre las seis mejores de la historia, el dato apócrifo (no había combine en su época) muestra que Michael Jordan se elevaba hasta 48 pulgadas (1 metro y 22 centímetros). También en eso, el número uno.

Galis y Larkin tienen similitudes en su físico y en su juego, uso del espacio aéreo por debajo del aro, capacidad anotadora inusual, liderazgo absoluto en sus equipos y hacer ganador un sistema que se concentra en la habilidad técnica de un solo jugador. Esto último, claramente un “cisne negro” en Europa, donde los líderes han sido jugadores fuertes, por encima del 1.90 y bien acompañados, muy bien acompañados. Para que la búsqueda de la química y el Plan B en caso de lesiones no perjudique los proyectos de los despachos.

Larkin y Galis son jugadores de pecho descubierto (más el del greco-americano), saben que siempre o en un 90% de las posesiones el balón es suyo y las defensas son cara a cara. Eso conlleva capacidad aeróbica, en los dos motores de las piernas, el corazón y el cerebro. No puedes esconderte, se notará, al menos en ataque, toda gira entorno a ellos. Quizás alguna posesión en una esquina, cogiendo aire.

Ambos tienen enormes canastas anotadas con mucha oposición donde en la fase de caída del salto aún encontraron el rectificado, el ángulo casi imposible. Larkin en carrera lanzada, Galis casi siempre cayendo en un espacio parecido al que abandonó saltando. Larkin acabando en el suelo, ese espacio de suelo donde no hay distancia de seguridad entre operadores de cámara y los penetradores valientes.

Tipos calmados, “Nick” Galis como es conocido por los suyos en Estados Unidos, tras anotar 45 puntos en cualquier partido de máximo nivel europeo parecía que tenía las mismas pulsaciones por minuto que si estuviera tomando un café negrísimo en la terraza de Satriale’s, la carnicería de “Los Soprano”, en su New Jersey natal. Si ya sé que es mezclar italoamericanos con griegos, pero estéticamente pasaría el casting.

Para Shane Larkin y sus comportamientos compulsivos diagnosticados, anotar canastas parece otra tendencia obsesiva que su cerebro le ordena y no tiene más remedio que coser a tiros triples penduleantes a los mejores equipos de Europa. Un refugio de felicidad en una vida nada sencilla, familia estructurada, protectora y con dinero suficiente pero por otro lado la eterna comparación con el gran triunfador de la familia, su padre, un grandísimo jugador de baseball de las grandes ligas. El baloncesto europeo es hacia donde Shane huye y se protege de comparaciones y de pensamientos excesivos.

El Aris de Salónica fue grande cuando Galis estuvo con ellos, campeonatos nacionales y número tremendos: 11 temporadas promediando más de 35 puntos por partido, entendemos que la Liga Griega siempre ha tenido grandes puntales y una clase media-baja, pero un jugador con semejante talento y estadísticas como estas ¿no podía haber metido el 50% de estos puntos en NBA? Nunca lo sabremos.

Larkin tampoco encontró su acomodo en la NBA y en la 19-20 cuando más a gusto se ha sentido por momentos ha intentado llegar a números parecidos, pero la comparación fríamente estadística nos lleva a ver solo dos partidos por encima de 40 puntos aunque una sensación de entrar en la fase de flujo, de imparabilidad, de dominio de todos los partidos, sobre todo alguno de los grandes.

Galis tenía el uso de la línea de 3 puntos como un recurso terciario a partir de 1984, casi como última opción, dominaba la cabeza de la “bombilla” que se decía entonces, para Larkin tirar de 7 metros y medio y a salida de bloqueo directo es primordial aunque no es ningún especialista ni un tirador que renuncie a otros espacios de la cancha. Es un tomador de decisiones en carrera que disfruta de sistemas en transición que le hacen jugar ese 2×2 con la defensa de lado débil aún no establecida, más espacios para su creatividad.

Nikos Galis y Yannakis llevaron al Aris a la Final Four de la Copa de Europa tres veces seguidas a finales de los 80, perdiendo en semifinales cada vez, Tracer de Milán, FC Barcelona y Maccabi les derrotaron, pero esas llegadas en si eran ya un título para un equipo muy particular, aunque toda la literatura de las deidades que subieron al Olimpo en 1987 con el título de Selecciones parecía que podían haber hecho más, pero no.

Efes ha conseguido con esa química manejada por Ergin Ataman que Larkin y sus compañeros sean un contendiente, incluso un favorito. Finalistas la temporada pasada, líderes hasta el parón en esta Euroliga. Otro milagro de un pequeño jugador callado fuera de las canchas y rompedor con la bola en las manos.

¿Quién es mejor Larkin o Galis?