Me apoyo en las vivencias y a la experiencia entrenando y observando entrenamientos de categorías inferiores este verano pero sobre todo la percepción de las inercias por las que se mueven las instituciones en sus políticas restrictivas y el conocimiento de las altas capacidades competitivas de nuestro baloncesto.

No se va a poder competir en septiembre pero tenemos que defender seguir entrenando. No se va a poder estar viajando a otros pueblos y ciudades el mes que viene solo por deporte, pero si se puede entrenar en tu club, en tu centro deportivo. No se va a poder jugar 5×5 contra rivales en ligas federadas, pero si se puede entrenar y encontrar ejercicios motivantes. No será la misma ilusión, pero será mejor que no hacer ningún tipo de baloncesto. Hay que seguir apuntándose y hay que seguir entrenando. Son ya seis meses desde que nos encerramos en casa, Septiembre puede empezar sin competir, pero no si entrenar.

Debemos defender que entrenar baloncesto esté permitido, tenemos que defender los grupos de convivencia deportiva, tenemos que defender que no se deje de entrenar. Que se vuelva a entrenar. La crisis no sabemos lo que se va a alargar, pero igual que en otros sectores el golpe es fuerte, quedarse en casa no debe ser la opción. Entrenamiento con el cumplimiento de normas que nos pidan.

Médicamente está probado que el ejercicio moderado genera muchos beneficios en el sistema inmunológico, es evidente que actividades sin oposición minimizan aún más el riesgo de contagio por COVID19. La competición con sus viajes, cambios de horarios y el estrés derivado sin embargo es no sería tan positiva para ayudar al organismo en “armarse” ante la infección.

Ante la evidencia de que ningún contacto genera ningún contagio, en el deporte colectivo el beneficio inmune, el beneficio social (esencial) deben ser nuestros argumentos para entrenar y jugar entre nosotros hasta que se pueda jugar contra otros.

Es necesario que nuestros participantes del deporte de la canasta desde las edades de 7-8 años sigan entrenando. Y crucial que los adolescentes ocupen su ocio desde la edad de 14-15 años tengan deporte colectivo, tengan motivación. Julio y Agosto ha sido un desastre para ellos, con libertad para hacer botellón con muy pocas restricciones y los clubes y pistas cerradas.Hay que luchar por su educación formal y educación deportiva. Vertebrar sus horarios y motivaciones. Entrenar los sábados y los domingos por la mañana si es necesario.

Hacer competiciones de tiro, hacer más 1×0, hacer más técnica individual, centrarse en más volumen de preparación física específica, hacer más entrenamientos sin partido federado no es lo ideal y no se puede comparar a lo que más nos gusta que es el baloncesto, la competición, pero es mucho mejor que quedarse en casa quejándose y criticando a los clubes, a los campus, a los que están entrenando. Con la mayor dosis de precaución, con desinfecciones, con entrenadores enmascarados, con puertas y ventanas abiertas, entrenar en canchas al aire libre, incluso en invierno si es necesario. Todo eso es mejor que quedarse en casa, en el sofá, jugando dos horas más a la consola (ya has jugado lo suficiente hoy, ya has jugado lo suficiente en 2020…).

Ahora todas las miradas están puestas en Papá Estado, Mamá Consejería de Deportes y la Federación territorial. Pero donde debemos mirar es a nuestro corazón de entrenadores. Sabemos que no podemos cobrar a las familias por hacer baloncesto lo mismo pero debemos ser justos y seguir entrenando cobrando por las horas de deporte que les proporcionemos. Hemos de valorar nuestro tiempo sin perder de vista que lo que está en riesgo es perder generaciones, no tanto a nivel competitivo, sino a nivel personal, deportivo.

Las primeras ligas y las selecciones nacionales tienen la capacidad económica de costear Pruebas PCR suficientes. Las Ligas Oro, Plata, EBA y Seniors de menos nivel no pueden hacerlo al mismo nivel pues el 80% de sus recursos depende de las subvenciones públicas (el modelo que creíamos que cambiaría con la crisis del ladrillo sigue igual). Con lo cual la tesorería depende del devengo de esas cantidades públicas y los tiempos que marca la burocracia institucional.

Los alcaldes y concejales querrán cerrar las pistas públicas si observan (para nada tras un estudio serio) que hay jóvenes sin usar la mascarilla, si hay una reunión excesiva (para ellos o para los ojos de indignados vecinos, que puede que sean o no los que ya se quejaban por el ruido antes del COVID19). Por eso los equipos de baloncesto y los clubes de baloncesto debemos ser especialmente pulcros cumpliendo las normas de distancia social y de uso de mascarilla.

Muchas actividades internas han tenido un desarrollo normal este verano, (no confundir el término Campus o Campamento con las 4 horas que pasan los niños pequeños con un monitor en entorno urbano, eso no es un Campamento). Han tenido un desarrollo adecuado porque no había un concepto de competición. Nadie forzó los límites de las reglas para sacar un provecho (la ventaja, la victoria). Los padres y madres, los entrenadores, los organizadores. Nadie pisó las líneas rojas, dentro de los entrenamientos del mismo club o del mismo Campus, la Responsabilidad Social Deportiva es más sencilla de respetar.

-Pistas nada saturadas (grupos de 10-12 jugadores y 1-2 entrenadores).

– Nada de doblar entrenamientos y pasar de grupo en grupo.

-Entrenadores con mascarillas y desinfecciones cada vez que acabe la práctica.

-Quién tiene una pista al aire libre tiene un tesoro.

-Evitar esperas y aglomeraciones en las puertas de padres o equipos que esperan su turno.

Desde el respeto a la emergencia sanitaria, a los fallecidos por COVID19 durante todo este año, a sus familias, a los sanitarios que luchan para ayudarnos a estar lo mejor posible, desde el deporte tenemos responsabilidad de quedarnos en casa cuando nos lo indiquen pero también de desarrollar entrenamientos durante la temporada 2020-21, no podemos tener a generaciones sin deporte colectivo por más de 10 meses esperando una vacuna que no sabemos cuando y en qué condiciones llegará.

Cómo entrenar será otro debate (mascarilla o no mascarilla). Entrenar y estar en la pista, tener un equipo al que pertenecer. Eso es lo que defiendo.

El baloncesto no puede parar, hemos de seguir entrenando.