Deporte escolar, de formación, niños y niñas con padres y madres. Todo eso junto bajo un reglamento que permita la buena relación y comportamiento de todos los que participan de este deporte.

Para ello se necesitan normas. Cada vez son más los casos de menos precio y falta de educación en estas edades por parte de todos y por ello la Federación Aragonesa de baloncesto ha querido sacar esta iniciativa que os compartirmos:

Paco Sánchez y Jorge Albericio, dos apasionados del baloncesto, nos han enviado esta carta, ‘Las reglas de su juego’, que ya hemos publicado en la Revista BASKETFAB 250, que tiene como objetivo final confeccionar un listado consensuado de normas básicas de comportamiento, un decálogo que quede expuesto en las pistas del baloncesto aragonés, principalmente en aquellas en las los protagonistas son chicos y chicas escolares.

Puedes aportar tus ideas, las normas que consideras que tienen que aparecer en este decálogo. Te invitamos a hacerlo a través del enlace: ENVÍA TUS PROPUESTAS

CARTA DE PACO SÁNCHEZ Y JORGE ALBERICIO
Con el paso del tiempo vamos estando en distintos puntos alrededor de una pista de basket, y nosotros dos desde hace unos años nos hemos sumado a la grada de los padres. En las últimas temporadas, compartiendo categoría, hemos vivido una serie de experiencias que se alejan del baloncesto que amamos y que queremos dejar como legado a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros amigos, y a los compañeros y rivales de nuestros hijos.

Y por eso ha surgido esta carta a cuatro manos, y esta propuesta final:

Durante los primeros años de Primaria l@s chaval@s comienzan a realizar actividades deportivas, una de ellas el baloncesto.

Al principio la actividad se parece poco al baloncesto, l@s niñ@s van donde está el balón, moviéndose l@s diez jugador@s como un maul en rugby. A los padres se nos cae la baba y vemos estos primeros partidos con mucha ternura.

Gracias al trabajo de los entrenadores y entrenadoras y la constancia de los niños y niñas poco a poco van haciendo más cosas, comienzan a botar, a correr sin balón y aprenden a jugar en equipo. Los padres nos sentimos cada día más orgullosos de nuestros pequeños y pequeñas y empezamos a mirar los partidos con otro interés.

Y así llega un momento en que aquell@s pequeñ@s que perseguían el balón se han convertido en un auténtico equipo de baloncesto, que pasan la pelota, cortan a canasta, se ayudan en defensa y logran el objetivo de meter el balón en el cesto, más veces de lo que nos habríamos imaginado unos años atrás.

Los padres y madres podemos llegar a confundir lo que significa esta transformación de un grupo de niñ@s en un equipo de baloncesto…

Sábado por la mañana. Acaba el partido. Un encuentro vibrante, en el que l@s chaval@s han dado lo mejor de sí mismos, se han esforzado y han luchado jugando a lo que más les gusta, el baloncesto. Niñ@s de 11 años, alevines, que recogen sudados los bártulos y se acercan a sus familiares recién terminado el partido: “¡El árbitro ha echado a un padre del campo por protestar!”. Es el recuerdo que se les queda, por encima de las canastas, de los pases, de las defensas, por encima de los contraataques, de los tiros libres, de los rebotes, de las palmadas con sus compañeros, por encima del juego que más les gusta, el baloncesto.

Cuando la emoción nos supera y nos convertimos equivocadamente en protagonistas inesperados, como padres debemos reflexionar sobre cuál es el objetivo de la actividad que realizan nuestros hijos. ¿Debe ser una proyección de nuestros deseos deportivos? ¿Convertir a nuestros hijos en el próximo Pau Gasol? Y también debemos preguntarnos cuál es el papel que ocupamos las madres y padres en el desarrollo de esa actividad: ¿debemos convertirnos en hooligans capaces de presionar al árbitro y equipo rival como ocurre en el deporte profesional? ¿Es correcto dirigirnos a nuestros hijos durante el partido para darle instrucciones?

Tenemos que ser capaces de acompañar a nuestros hijos y ser respetuosos con los implicados en el juego, para que nosotros también tengamos cabida en el baloncesto que ellos practican.

De la misma manera tenemos que valorar la figura del árbitro en las categorías de formación, y estar alineados con sus otros formadores, los entrenadores. Porque hay que tener absolutamente claro que protestar a los árbitros no es nunca una de las tareas ni de los padres ni las de un entrenador de un equipo de escolares, de un equipo de niñ@s de 11 años que juegan al minibasket. Nunca. ¿Presionar a un joven de 17 ó 18 años para que lo pase mal y me beneficie… en un partido de alevines? Nos estamos equivocando entonces.

Igual que se equivocan los familiares que ponen el foco en el árbitro y olvidan que los ánimos, los aplausos y los vítores tienen el súper-poder de estimular a tu hijo, y que los reproches al árbitro son kryptonita pura. Nunca un niño metió una canasta mirando al árbitro ni mirando a su padre en la grada. Que jueguen, que se diviertan, que se sientan en la NBA. En partidos con muchas faltas, en partidos con pocas faltas, en partidos en los que se dan palos con los del equipo contrario. L@s chaval@s se conocen, coinciden en más partidos, en la tecnificación, son amig@s, y les gusta retarse y se pican. Pero acaba el partido y siguen siendo niñ@s de 11 años jugando a lo que más les gusta, el baloncesto.

Por este motivo queremos trasladar aquí la idea heredada y en la que colabora la Federación Aragonesa de Baloncesto e IBERCAJA, de confeccionar un listado consensuado de normas básicas de comportamiento, que quede expuesto en cada pista de juego de Aragón, a modo de recordatorio durante los partidos de baloncesto para todos los participantes.

Puedes enviar tus propuestas a través del siguiente formulario-enlace para que estos principios sean absolutamente acordes con las reglas de su juego. Del juego de nuestros hijos.