La situación de un jugador júnior en España es delicada cuando termina su ciclo de formación. Económicamente el baloncesto español no pasa por sus mejores años, la confianza de los clubes nacionales con los jóvenes de la casa ha disminuido de forma destacada y estos factores animan al producto nacional viajar al extranjero en búsqueda de seguir creciendo y abriéndose camino en el siempre complicado mundo de la canasta. Por comodidad y visión de futuro, Estados Unidos se ha convertido en el hogar favorito para los españoles. Allí siguen jugando un baloncesto de alto nivel al mismo tiempo que estudian. Algo que en Europa es difícil de combinar en la actualidad.

A lo largo de los últimos años, han sido muchos los que se han decidido a cruzar el Atlántico. Tenemos desde Sebastián Sáiz a Yankuba Sima, pasando por los Francis Alonso, Aitor Zubizarreta, Jorge Bilbao, las promesas femeninas Ariadna Pujol, Leticia Romero, Laia Flores, o más recientemente los casos de Jon Ander Cuadra, Pablo Martín, Maite Cazorla, Clara Ché, Irene Garrido, Jaume Sorollà o José Alberto Jiménez

Este último, alero de 19 años y 1.98 metros formado en las categorías inferiores del Unicaja de Málaga, ha puesto ya punto y final a su etapa en Norte América. Una etapa que eternamente recordará como la peor de su vida. La ha pasado en Eastern Florida State College.

“Me hicieron la vida imposible por ser blanco. Me robaron dinero, comida y ropa. Estuve días sin comer nada…”

“Estaba bien en España, cómodo con Unicaja pero quería irme allí principalmente por temas académicos. Era un sueño que tenía desde hace años pero que nada más llegar allí comenzó a convertirse en pesadilla. La primera semana estuve durmiendo en el suelo con un colchón roto, más tarde cosas que me prometieron que estaría en la beca no me lo estaban dando, he estado días sin comer nada (pasé 2 días seguidos sin comer absolutamente nada). Tenía miedo. Un día llegue a los vestuarios y escuché a gente del equipo decir que ‘odiamos a los blancos y estos no debería de existir y no deberían de venir aquí’. Entonces, es cuando te paras allí ante todo, se detiene el tiempo y comienzas a pensar, y empiezas a valorar la situación. Más tarde hubo un enfrentamiento entre un blanco y un negro (compañeros de equipo) y al que apartaron del equipo fue al blanco y no al negro. Había como una especie de racismo hacia los blancos. Me robaron dinero, comida, ropa y muchos días llegaba de la Universidad y me encontraba mi ropa mojada de la lavadora tirada en el suelo del salón. Me estaban haciendo mi sueño imposible.

Decidí volver porque psicológicamente no sé al punto que podría haber llegado si hubiera seguido allí. Ha sido una experiencia que voy a recordar durante el resto de mi vida y que no se la deseo a nadie. Un sueño que se convierte en una pesadilla sin salida, nos cuenta el propio José Alberto Jiménez, que ya aterrizado a España y ahora intentará seguir creciendo cerca de su Coín natal.

La temporada pasada jugó con el Clínicas Rincón de LEB Oro y fue al Mundial sub-19 con España, dejando buenas sensaciones

Internacional sub-18 en 2014 y sub-19 este pasado verano con las categorías inferiores de la selección española, José Alberto Jiménez está visto como uno de los mayores proyectos del baloncesto español en la generación de 1996 y destaca por su solidez e intensidad defensiva, que en ataque puede sumar con facilidad pero que sobre todo hace sumar al resto del grupo. Un jugador de un carácter extraordinario, muy activo, fuerte, con talento y capacitado para jugar en las posiciones de escolta, alero e incluso ala-pívot. Es la clase de profesional que –por su entrega y dedicación- todo entrenador querría en su equipo.

Se ha tropezado con gente racista y que no le ha respetado por el simple hecho de ser una persona de raza blanca. Su sueño se convirtió en pesadilla desde el día en que conoció a los que iban a ser sus nuevos compañeros para la presente temporada. Le han robado comida y también dinero durante su etapa en el país estadounidense. Ha sido un caos día tras día. Un dolor de cabeza constante, un malvivir. La vida de José Alberto Jiménez en Estados Unidos ha sido horrorosa, se ha sentido discriminado y muy sólo.

“De mi paso por el continente norteamericano saco que he perfeccionado el idioma y que gracias a Dios he conocido a personas de Puerto Rico y República Dominicana que me ayudaron en todo momento. Son las dos únicas cosas positivas que saco a la que para mí ha sido una desagradable experiencia. Ahora ya por fin en casa, con mi familia y mis amigos que están para ayudarme e ir poco a poco olvidándome de aquella pesadilla que pensaba que nunca acabaría.”, explica ‘Coino’ (como es conocido entre sus amigos).

Y ahora no sabe nada. Quiere seguir disfrutando haciendo lo que más le gusta, que es jugando a baloncesto pero el tema está complicado. Octubre ha empezado y las competiciones también, lo que significa que las plantillas están (casi todas) cerradas. Quizás pierda un año… o quizás, y si la vida es justa con él después de todo lo vivido recientemente, tenga suerte. José Alberto ha vuelto en búsqueda de la felicidad, a recuperar las risas perdidas y con el objetivo de seguir abriéndose camino en este difícil mundo del baloncesto.

“Ahora busco asentarme aquí, estudiar aquí y jugar aquí, y si dentro de varios años tengo la oportunidad de volver a Estados Unidos no sería una elección fácil porque primero tendría que ver que todo lo que me prometen es cierto. Mentalmente estoy dolido por todo lo que me ha ocurrido en tan poco tiempo. Jamás lo había pasado tan mal….