Es un ejercicio de sinceridad brutal. Y de periodismo. Un historión de los que te hacen reflexionar y reconciliarte con la profesión y dudar del ser humano. Merece la pena leerla y difundirla. El protagonista es Alex Owumi. Es estadounidense, jugador de baloncesto y ahora disfruta de este deporte en Inglaterra, en el Worcester. En 2011 su vida cambió para siempre. Era el base del equipo de Mouammar Gaddafi.

Las fotos del coronel en el edificio donde vivía le hicieron darse cuenta de dónde se había metido. Las magulladuras y ojos morados de sus compañeros, también

En un reportaje descomunal de BBC, Owumi cuenta su historia en Libia. Hasta allí, a la capital Bengasi, llegó en diciembre de 2010 para jugar en el Al Nasr. Él no tenía ni idea de que se trataba del equipo de la familia Gaddafi y pronto lo descubrió. Owumi relata en primera persona cómo las fotos del coronel en el edificio donde vivía le hicieron darse cuenta de dónde se había metido. Las magulladuras y ojos morados de sus compañeros, también. Según cuenta, el equipo tenía que ganar sí o sí. Y cuando no lo hacía, había consecuencias físicas.

_72638300_benghazi_topshot_976Abusos físicos, nóminas que no llegaban… y viajes en jets privados al estilo NBA. Así era el Al Nasr, el “equipo Gaddafi”, con todas sus consecuencias. Por suerte para Owumi, empezaron a ganar. Y mucho. Con él al mando, según relata, el Al Nasr funcionaba bien y la situación se tranquilizó. Tanto como para que en un partido apareciesen en el vestuario unos sobres con 1.000 dólares para cada jugador. El dinero llegaba directamente de Gaddafi…

Un par de meses después, en febrero de 2011, todo se rompió. Owumi vio desde su terraza cómo empezaban las protestas de más de 200 manifestantes. Y a partir de ahí, los disparos y la muerte. Un drama vital que encerró a Owumi durante quince días en su casa. Asaltos en los pisos, detenciones ilegales y forzosas. Muerte, miedo, niños con armas por las calles… y un jugador de basket encerrado en su casa, sin poder salir. Lo que cuenta es espeluznante. Tenía televisiones de plasma, sí, pero no alimentos. Comía hormigas, insectos vivos. Bebía agua del water.

Owumi consiguió salir del país a través de la frontera con Egipto, en un largo y peligroso viaje en coche. Muchos compañeros suyos tuvieron que estar en el frente. Él sobrevivió, pero no es el mismo. Quince días sin alimento le pasaron una enorme factura física y, lo que es peor, psicológica. Ataques de ansiedad y depresiones que todavía perviven. Ahora el baloncesto es su válvula de escape en Inglaterra. Una historia tremenda que merece la pena leer íntegra. Aquí la tenéis:

Artículo completo en BBC

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