En la actualidad, estamos acostumbrados a que los jugador norteamericanos vengan a Europa para disputar las máximas competiciones continentales, pero la época en la que Bill Bradley aterrizó en Europa (1965) estos jugadores podían marcar diferencias. Y eso que, su intención al llegar al viejo continente, no era jugar al baloncesto.

La carrera de Bradley fue sobresaliente desde sus inicios. A pesar de que una lesión le alejó de la universidad de Duke (jugando al béisbol) y terminase marchándose a Princeton, su extraordinario rendimiento en la NCAA le abrió las puertas del equipo olímpico que consiguió el oro derrotando a la Unión Soviética (1964). Al año siguiente fue elegido MVP de la Final Four de la NCAA a pesar de no lograr el título. En el partido por el tercer puesto anotó 58 puntos.

Cuando su carrera baloncestística parecía estar lista para el siguiente nivel (los Knicks le seleccionaron en el Draft y posteriormente jugaría con ellos), Bradley recibió la prestigiosa beca Rhodes para estudiar en Oxford. Su rendimiento como estudiante fue tan sobresaliente como sobre la pista y prefirió primar su futuro académico marchándose al Reino Unido. Sin embargo, un talento tan singular para el baloncesto no tardaría en llamar la atención de los equipos europeos.

La Euroliga de la época (Copa de Campeones europeos de la FIBA) estaba dando sus primeros coletazos. Fundad en 1958 estuvo dominada por los soviéticos en sus 6 primeras ediciones y el Real Madrid, subcampeón en el 61 y el 62, ganaría las del 63 y el 64. ¿Podría un jugador como Bill Bradley cambiar esto?

El jugador norteamericano se comprometió con el Milán en unos términos impensables hoy en día: solo iría a jugar los partidos. Tal y como cuenta Javier Gancedo en la web oficial de la Euroliga, si tenía suerte podía entrenar con sus compañeros la mañana antes de los partidos. «Venía de Oxford donde no había una cancha de baloncesto normal ni un gimnasio. Jugaba los partidos con sobrepeso» recuerda el protagonista para la web del propio club.

Y a pesar de todo ello… un huracán sobre la pista. 36 puntos en su debut y otras tantas exhibiciones a lo largo del año. La Euroliga estrenaba formato ese año. Una eliminatoria de ida y vuelta previa a una Final Four que iba a tener lugar en Italia. ¿El rival del Milán? El campeón. El Real Madrid venció por 5 en la ida pero los italianos (con 27 puntos de Bradley) se llevarían la clasificación tras vencer por 17 en la vuelta. En la Final Four vencerían al CSKA y al Slavia Praga alzándose con la primera Euroliga de la historia para el club italiano. Un equipo que debería esperar hasta el 87 para conseguir la segunda con Mike D’Antoni en el equipo.

Unos meses después, Bradley se unió a las Fuerzas Armadas y recibió un permiso especial de Oxford para poder realizar los exámenes posteriormente. No volvería a jugar en la Euroliga, pero tras graduarse en 1968 siguió jugando con los Knicks y ganó dos títulos en Estados Unidos antes de retirarse en 1977. Un año después iniciaría su carrera política.

Miembro del Hall of Fame desde 1983, Bradley fue elegido senador de los Estados Unidos y se mantuvo en el cargo hasta que en 1996… quiso aspirar a cotas mayores. Tan mayores como la presidencia de los Estados Unidos. El ex jugador compitió con Al Gore para ser el candidato del Partido Demócrata a la presidencia en el 2000 (posteriormente Gore perdería ante George Bush) e incluso Michael Jordan llegó a hacer campaña por él. Por contra, no conseguiría el suficiente apoyo.

Fuentes: Euroleague y Sports.ru