Omar Ndiaye , 17 años, nació con un brazo y juega en la escuela secundaria de Santa Fe. Un brazo menos pero eso no quita la ilusión. De hecho, es doble que la del resto de su compañeros. Ha aprendido a usar la otra mano para engañar al rival en su posición de base, como se observa en el vídeo.  Algunos de sus compañeros aseguran que «no se le puede predecir. Nunca se sabe lo que va a hacer. La gente lo subestima al principio, pero creo que los sorprende cuando le ven jugar. Cuando ellos hacen todo lo posible para detenerlo y ven que no pueden, él siempre encuentra una manera». Omar, a parte del baloncesto, practicaba el fútbol para coordinar mejor los movimientos, algo que le ha ayudado a amoldarse a la posición de base. 

El jugador no es el primero en mostrarnos esta bonita historia de superación.  Zach Hodskins , que tiene la misma discapacidad, demostró su talento y termina jugando en Florida. Dos historias parecidas de diferentes protagonistas que nos demuestran que la vida puede ser complicada si tu quieres. Hay que adaptarse y hacer los problemas una herramienta para conseguir tus sueños.