Le hemos visto crecer delante de nuestros ojos. Sergio Rodríguez irrumpió como un torbellino procedente de Santa Cruz de Tenerife, y con sus altos y bajos le hemos visto pasar de ser un crío que se medía con los grandes de Europa a considerarse ya todo un veterano a sus 34 años.

En una charla para las redes sociales de la Federación Española de Baloncesto, Sergio Rodríguez repasó su carrera con el combinado nacional, recordó cómo fue su llegada y cómo ha ido evolucionando.

«En 2005 era muy joven, y como todo lo nuevo para mi era una pasada estar en el grupo», recordaba Rodríguez. «Jugué muy poco, pero el estar en ese ambiente viendo cómo jugaban mis compañeros, rodeado de una gran presión y tensión, porque era en Serbia y nos tocó en el grupo… tengo buenos recuerdos porque todo era nuevo y para mi todo fue importante, poder estar en ese momento.

Eso me ayudó para el año siguiente tener más experiencia de cara al Mundial y afrontarlo de una manera diferente. Yo había jugado competiciones en categorías inferiores pero cuando vas acumulando campeonatos te das cuenta de que hay momentos para todo, y da igual que uno no juegue en determinado partido o en la primera fase, que en los cruces siempre va a haber momentos en los que tienes que ayudar. Por eso creo que el Eurobasket 2005, aunque no jugase, aprendí eso, esa experiencia para estar preparado en cualquier momento.» 

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Sergio Rodríguez también reconoció que las concentraciones con la selección son muy diferentes ahora que tiene una familia que cuando era casi un adolescente aún.

“Son muchos años, hace ya 15 que debuté con la selección, y he pasado muchos momentos, con compañeros diferentes, también compañeros de habitación diferentes, y con muchos tipos de música,» dijo el Chacho. «Por norma hemos tenido partidos en España y hemos podido estar cerca de donde entrenamos. Es diferente cuando empezaba, que no tenía familia, que todo era como un campus de verano, a ahora que tienes familia y tienes que estar juntando un poco las fechas, con los partidos, para que la familia podamos estar juntos. Son varias semanas antes de la competición, normalmente son cinco, y luego durante la competición es mucho más difícil conciliar.»