José Manuel Puertas ha dedicado este inicio de su programa,Tirando a Fallar, a lo que está ocurriendo. Una alegoría donde el baloncesto nos sirve para entender contra quién estamos luchando. Un canto a todos y todas para entender qué está sucediendoa a través del baloncesto:

«El partido se ha puesto muy complicado. Estamos acabando el primer cuarto y vamos perdiendo. Claramente, además.

Es uno de esos días en los que no parece salirte nada, donde los triples no entran y en el rebote te están machacando. Y eso nos crea ansiedad, porque vemos como el marcador de puntos, de infectados y de muertos de nuestro rival no para de subir, mientras nosotros seguimos atascados en ataque.

Seguramente la preparación del partido no ha sido la mejor. Hemos infravalorado al rival. Y claro, nos está sacando literalmente los colores. Quizá, seguro, nuestro entrenador no ha estado nada fino en la planificación del partido, y desde luego ya habrá tiempo de pedirle explicaciones. Pero ahora mismo es nuestro entrenador y es con el que tenemos que ir hasta el final. Porque queda partido por delante.

No debió pasarnos, pero estamos haciendo el scouting al rival sobre la marcha. Los segundos pasan, su marcador no para de crecer y nosotros de momento seguimos aprendiendo sobre él. Nos vemos cada vez más abajo en el tanteo y eso nos mina la moral por esa sensación de que el partido va a estar sentenciado cuando lleguemos al descanso. Pero ahora es el momento de ser un equipo. Es el momento de no inventar la rueda. Nuestro pivot de poste bajo debe dejar de tirarse triples. Nuestro escolta tirador debe buscar esos buenos bloqueos que hemos entrenado durante la semana. Démosle el balón a ese base cerebral que sabe lo que hay que hacer, y vamos a empezar por lo básico. Un rebote por aquí, una buena defensa por allá. Primero, dos canastas seguidas y un parcial de 5-0. Luego un par de pérdidas de rival. Vamos a lo básico. Vamos a quedarnos en casa salvo que sea absolutamente imprescindible. A ser responsables, y a cuidar de nosotros y, sobre todo, de los nuestros.

Así pronto llegará la primera canasta de nuestro pívot, que hasta ahora había empezado mal, para que coja confianza. Aunque sigamos perdiendo.
No queramos remontar el partido antes del descanso, pero marquémonos del objetivo de ganar tras los 40 minutos. O tras la prórroga. O prórrogas. Aunque hayamos sudado tinta china y hayamos tenido un enorme dolor en el proceso. Como no hace tanto ante Australia, ¿verdad?. Ese debe ser nuestro objetivo. Eso sí, debemos dejar en el banquillo a los jugadores tóxicos. Los que anteponen su ombligo por encima del interés colectivo. Los que no saben compartir el balón en ataque cuando más lo necesitamos, y siguen saliendo a dar un paseíto los domingos o a comprar seis de los siete días de la semana. Esos, al banquillo. Porque sois jugadores absolutamente despreciables y no os queremos en el equipo. Ojalá os toquen el bolsillo. Y bien, que parece que es la única forma de que lo entendáis. Que así sea. Irresponsables.

Siendo un equipo lo vamos a conseguir. Aunque no nos convenza demasiado lo que nos dice nuestro entrenador en los tiempos muertos, insisto, es el que tenemos y con el que vamos a jugar este partido. Y por más difícil que sea verlo, parece que la situación empieza a cambiar un poco. El otro equipo sigue metiendo muchos puntos, pero nosotros ya nos hemos dado cuenta del rival que hay enfrente. Y somos mejores que él, que no nos quepa duda. El scouting empezamos a tenerlo claro. Y sus lagunas, que las tiene, también. Le vamos a atacar con tiros abiertos circulando el balón ante su defensa zonal y aumentando al fin el número de tests para aplanar la maldita curva. Y poco a poco le vamos a derrotar con el coraje de un equipo que lo es, salvo alguna oveja negra. Entre todos vamos a empujar a nuestros sanitarios anotadores para que recuperen la confianza y poco a poco entiendan que lo que ahora parece imposible, no lo es.

De aquí al descanso del partido llegan los peores minutos. El rival va a seguir anotando con fluidez, y nuestra alma notará como otro puñal más se le clava con cada punto suyo. Nos toca ser mentalmente muy duros. Resistir, aguantar, no irnos del partido y empezar a hacer las cosas bien. Empecemos poco a poco. Ese tirito bajo el aro, ese robo de balón. ¡¡¡Ese quedarse en casa, demonios!!!

Porque si jugamos como podemos, no cabe ninguna duda de que vamos a ganar. Pronto llegará el paso por vestuarios y ahí la tendencia empezará a cambiar. Desde entonces todo se verá algo mejor. Cada vez más. El marcador del rival se estancará y nosotros empezaremos a echarle el guante y acabaremos ganándole el partido. Nuestro base habrá ordenado el juego con mascarillas, guantes y respiradores. Nuestros aleros se proveerán de retrovirales que machacarán al oponente una y otra vez. Y casi al final, le pondremos un espectacular alley oop a un pívot en forma de vacuna. Y los pabellones volverán a rugir y este juego nos hará sentir eso que solo el baloncesto es capaz de hacernos sentir.

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Y entonces ganaremos. Y saldremos a la calle, como aquel día no hace tanto en Colón, cuando volvimos a ser campeones del mundo. Volveremos a abrazarnos y a soltar tantísima rabia, pena y ansiedad que ahora tenemos dentro.

Ese día llegará, no nos quepa duda. Y lo hará antes cuanto más responsables seamos. Y estaremos más en Colón cuanto más cuidemos de los nuestros ahora mismo. Cuando todavía nos están dando una paliza.

Vamos a por ello.